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Cultura 21 Ago 2012 - 11:57 pm

Jane Austen (1775-1817)

¿No te casaste? 'Game over'

Una versión erótica de ‘Orgullo y prejuicio’, publicada por la editorial Total-E-Bound, y el videojuego para Facebook ‘Jane Austen’s Rogues and Romances’ ratifican la vigencia de la novelista británica.

Por: Anita de Hoyos
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Jane Austen rechazó la única propuesta de matrimonio y prefirió seguir soltera a compartir su vida con un imbécil.

“Es una verdad universal que el soltero dueño de una fortuna debe casarse”. Así empieza (y sigue durante 400 páginas) Orgullo y prejuicio, la novela más conocida de Jane Austen. Con una ironía delicada, que combina con una simpleza genial, doña Jane jamás se aparta de su premisa: el objetivo de una mujer es coronar con dignidad un matrimonio feliz. Punto. Charlas sobre temas banales, conciertos de piano, paseos por la campiña, visitas a las amigas, entrevistas decorosas con posibles pretendientes, chismes y más chismes, y muchos, muchísimos bailes. Una catarata de estrógeno a la vieja usanza. Lo demás no existe.

O tal vez sí existe, pero en tono menor y jamás en primer plano. Elizabeth Bennet, la heroína de Orgullo y prejuicio, no es una tonta. Al contrario, es una mujer brillante que entiende su mundo y se atreve a ser rebelde. Lizzie sabe que el tiempo corre y que el tren del matrimonio puede partir sin ella, pero no está dispuesta a casarse con cualquiera. A los 22 años, cuando ya está empezando a pitar su tren, rechaza al señor Collins, un macho solemne y pomposo que pretende encerrarla entre las cuatro paredes de un cottage donde jamás será feliz. Al tomar esta decisión honrosa, Elizabeth Bennett imita a su creadora, la señorita Jane Austen, que rechazó la única propuesta de matrimonio que recibió en su vida y prefirió seguir soltera a compartir su vida con un imbécil.

Sobre este episodio se ha hablado suficiente. Las feministas han encontrado en él una oportunidad para redimir a la Austen, una escritora que con su talento enorme las obliga a admitir que se puede ser muy veloz de cabeza y de lengua sin igualarse con los hombres. Es que la Bennett tiene las cosas claras: los hombres arriba y nosotras abajo, pero que el tipo sea rico y que te ponga a reinar en un palacio. Lo demás son un par de consejos que ojalá todas las mujeres tuvieran en cuenta: para reírse del marido hay que dejar pasar un tiempo y nunca te cases con un hombre que no admires.

Igual, la literatura no es la vida, y Lizzie Bennet pudo rechazar al señor Collins y quedar fresca porque al final de Orgullo y prejuicio la estaba esperando Fitzwilliam Darcy, su príncipe azul. En cambio, las calabazas que la señorita Jane Austen le propinó a su único pretendiente la condenaron a la soledad. Murió soltera y (por lo que sabemos) virgen, a la edad de 42 años, después de un éxito discreto como escritora. Sus novelas publicadas le dieron unas cien libras esterlinas, que no bastaron para alimentarla y mucho menos para vestirla. Hasta el final, Jane habitó en la casa familiar y dependió de su padre y después de sus hermanos, que tuvieron la sabiduría para entender que Jane era una salida de lote y jamás le exigieron que se portara como una de sus vecinas.

El testimonio de esa admiración familiar se encuentra en la iglesia en que se oficiaron las honras fúnebres de Jane. En una losa de mármol negro, escrita con caracteres Times, consta que existió una mujer que siempre tuvo una palabra amable para todos y era “dueña de una inteligencia extraordinaria”. Todo eso fue cierto, sin dudarlo. Como tampoco se puede dudar que la vigencia de Jane va mucho más allá de estas palabras grabadas en mármol negro en la catedral de Winchester. Para salir del lío, digámoslo de una vez: esta mujer que escribió sobre un mundo tan sencillo es un clásico, una de más las grandes narradoras de todos los tiempos. Posiblemente la más grande, por encima de Virginia Woolf. Walter Scott la comparó con Shakespeare, algunos la colocan a la altura de Cervantes y Fielding, y muchos la preferimos a Thackeray o Henry James. Sus novelas han sido adaptadas al cine y a la televisión y tienen el potencial suficiente para ser imitadas dos siglos después en telenovelas, best sellers y juegos de video.

Vamos por partes. La primera adaptación al cine de Orgullo y prejuicio tuvo guión de Aldous Huxley y fue interpretada por Lawrence Olivier. La adaptación de Sense and sensibility fue dirigida por Ang Lee. Como puede verse, doña Jane ha merecido la atención de pesos pesados. Y también de algunos ligeros. Pride and Prejudice and Zombies, una versión best seller donde Darcy es un zombie del que Lizzie se enamora, estuvo un par de semanas en el tercer renglón de libros más vendidos del New York Times. Y Marriages and Matchments, un juego de video inspirado en su obra, salió al mercado en el 2010 y ahora se especula con su versión reloaded, donde consigues marido o game over. Y para rematar: ¿se acuerden de Las Juanas, la historia de televisión donde cinco hermanas se dedicaban a cazar marido durante 120 capítulos? Pues bien: las Bennett, las heroínas de Orgullo y prejuicio, también eran cinco.

Los mala leche (con Mark Twain a la cabeza) insisten en que tamaña popularidad es explicable porque hay un público de tontas que se resignaron a estar en segundo lugar. Con el debido respeto por Twain, y corriendo el riesgo de engrosar el rebaño de las estúpidas, no estamos de acuerdo y creemos que Jane Austen, con su indiferencia política, su carencia de épica y su terco silencio sobre la realidad socioeconómica de su tiempo, debe su éxito a ser una contadora de historias excepcional. Es así de simple, como sus obras. Jane refleja con honestidad sobrecogedora un imaginario femenino donde las guerras napoleónicas, el colonialismo o la industrialización no tienen presencia porque son “cosas de hombres”, asuntos graves y respetables, pero no definitivos. Lo único verdaderamente importante es saber si Darcy se va a decidir o no.

Así somos. Por una vez seamos sinceras y despojémonos de esa máscara de solemnidad que los hombres nos han obligado a lucir. Reconozcamos que todas, al menos una vez en la vida, nos hemos descubierto orbitando felices alrededor de pequeñeces: trapos, maquillaje, el almuerzo con las amigas, el último chisme, la vida en hogar. Aceptemos que las grandes gestas masculinas nos parecen ridículas, que nos choca tanta brusquedad con el mundo y que preferimos una sociedad con menos cuarteles, más guarderías y más (muchos más) bailes. Y enfrentemos que la búsqueda de pareja sigue siendo tema. Es obvio que no se trata de justificar o extender la dominación que hemos padecido, sólo de marcar terreno haciendo respetar nuestra diferencia con dignidad. Y para eso tenemos que decir que nos gusta lo que somos, que no nos consideramos menos por ser madres o esposas y que nos parecemos a Elizabeth Bennett, una luchadora que tuvo una meta y la coronó con inteligencia y consideración, manteniendo una sonrisa y siendo una dama.

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Armando

Vie, 08/24/2012 - 13:43
A la mayoria de mujeres les cuesta conseguir un buen hombre y cuando les resulta, abran los ojos con los amigos que meten a su hogar; al budismo Nichiren y sus mentores no les importa desvaratar parejas con tal de sacar tajada ECONOMICA. Entonces "preciosa" no te comas sus halagos hipocritas porque te estan llevando a una vida de soledad y miseria.
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Caronte600

Vie, 08/24/2012 - 11:25
Me encanta este elogio soterrado a la trivialidad; cuando de hombres se trata, no obtenemos el mismo placer mundano.
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DESASIDO

Mie, 08/22/2012 - 07:26
Muy bien escrito esto. Además Jane Austin es coo escritora es realmente maravillosa. Bueno, por fin algo bueno enlas noticias, algo que provoca ganas de seguir viviendo.
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