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Cultura 24 Oct 2012 - 9:06 pm

García Márquez cuando era periodista de El Espectador

La nueva universidad

En este reportaje de 1955 Gabo contó sobre los hombres claves y los detalles detrás del nacimiento de la Universidad de los Andes.

Por: Gabriel García Márquez
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    http://www.elespectador.com/noticias/cultura/nueva-universidad-articulo-383117
    http://tinyurl.com/k58dywh
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Alberto Lleras Camargo (centro) en la Universidad de los Andes, junto a Aurelio Caicedo Ayerbe, ministro de educación, y Lucio Zuleta, del consejo directivo de la institución.

En el momento en que el expresidente de la República, doctor Alberto Lleras Camargo, se posesionó de la rectoría de la Universidad de los Andes, la mayoría de los colombianos se preguntaban sin duda por qué fue esa la única posición que había aceptado el antiguo secretario de la Organización de los Estados Americanos, al regresar a su país. Relativamente son muy pocos los colombianos que han oído hablar de la Universidad de los Andes, y mucho menor aún el número de quienes conocen su historia. Cuando en 1948 el joven matemático colombiano Mario Laserna manifestó su propósito de fundar en Bogotá una universidad como las universidades de los Estados Unidos, hubo un poco de publicidad en torno al proyecto. Una publicidad estimulada más por la apariencia de aventura juvenil del proyecto, que por la importancia que él pudiera tener para la educación en Colombia.

Hablando en su condición de invitado de honor a la entrega de los premios Cabots, el 22 de octubre en la Universidad de Columbia, el doctor Carlos Dávila, sucesor del doctor Alberto Lleras en la OEA, formuló una pregunta: “¿Cuántas pulgadas de una columna le dedicaron en los periódicos norteamericanos a la noticia de la inauguración en Bogotá de la Universidad de los Andes?”. Es una pregunta sin respuesta inmediata, como lo sería aplicada a la actitud de la prensa colombiana con respecto al mismo acontecimiento. La Universidad de los Andes empieza a ser un poco más conocida desde ayer, porque el único cargo que aceptó el doctor Alberto Lleras a su regreso a Colombia fue la rectoría de este plantel, a pesar de que en cualquier otro puesto habría podido derivar un mayor beneficio económico. Eso ha empezado a interesar al país. Y es como si la Universidad de los Andes hubiera sido fundada ayer a las 6 de la tarde, con todo y que desde hace seis años está funcionando con una seriedad, una eficiencia y un ritmo de progreso que seguramente no habrían pronosticado quienes le oyeron decir en 1948 al doctor Laserna que estaba tratando de fundar una universidad.

Antes de hablar con ningún colombiano de sus proyectos, el fundador de la Universidad de los Andes había hablado de ellos con uno de los hombres más famosos del presente siglo, que muy probablemente no conocerá jamás a Colombia: Alberto Einstein, a quien Mario Laserna conoció y con quien trabó una estrecha amistad personal en la Universidad de Princeton, Einstein es un viejo desarreglado, de blanca melena alborotada, que suele ser retratado con mucha frecuencia. Cuando se fundó la Universidad de los Andes y se publicó, como una noticia más importante que la misma fundación de la universidad, la de que Mario Laserna era amigo personal de Einstein, hubo suficientes fotografías para demostrarlo. Fotografías de grupos de distinguidas personalidades del mundo en compañía del genial matemático. No sólo estaba Mario Laserna en esa fotografía, sino que en casi todas ellas aparecía hombro a hombro con Einstein, que parece ser la mínima distancia en que colombiano alguno se haya hecho retratar con el precursor de la bomba atómica. El gran matemático, como siempre, estaba con sus anchos pantalones que más parecen el mameluco de un niño desaplicado, y Mario Laserna —por lo menos en una de las fotografías— estaba vestido como siempre, pero con el reloj de pulsera en el tobillo izquierdo.

Tal vez de una de esas fotografías salió la idea de fundar la Universidad de los Andes, una institución que antes de abrir sus matrículas, antes de tener alumnos y profesores y aun antes de que sus fundadores supieran en qué edificio iba a funcionar, tenía la junta consultiva más lujosa que universidad alguna pueda tener en toda la América del Sur. Alberto Einstein, de la Universidad de Princeton; Leopoldo Arnaud, Mark Van Doren y George Humphreys, profesores de la Universidad de Columbia; Jacques Maritain, de la Universidad de Chicago; Conrad Gini, de la Universidad de Roma, y el famoso novelista Thornton Guilder, hacen parte de ella.

Con parte de su capital privado, Mario Laserna les dio forma a sus ideas, que muchas personas consideraban una aventura romántica. El doctor Fabio Lozano y Lozano, ministro de Educación en 1949, aprobó los reglamentos y estatutos de la nueva universidad, seguramente sin mucho optimismo en cuanto a su supervivencia. Con todo, en febrero de ese año el nuevo plantel educativo ofreció matrículas especialmente para los cursos de matemáticas, arquitectura, química, ingeniería eléctrica, economía e idiomas.

Lo más original de la nueva universidad —que abría sus puertas con muchas cosas originales para Colombia— era que el edificio donde funcionaba se parecía a muchas cosas menos a una universidad. Es una casa antigua y enorme, de construcción colonial, a la que se llega jadeando por una torcida y empinada calle de piedra viva. El inmenso patio de la universidad es un bosque de árboles centenarios y corpulentos, con estrechas avenidas empedradas en las que ha sido preciso colocar numerosos anuncios con flechas indicativas, para que pueda saberse por dónde se llega en aquel silencioso y hermoso laberinto de árboles antiguos y de edificaciones coloniales. La casa, cuyo patio es tal vez uno de los más bellos de Bogotá, tiene una historia sombría: durante muchos años fue un asilo de locas. Más tarde fue una cárcel de mujeres.

Aunque cualquier visitante con sensibilidad siente el inmediato impulso de matricularse en la Universidad de los Andes para participar activamente de aquel sosegado ambiente conventual, dentro de pocos años la historia del viejo caserón número 18-34, de la carrera 1.-E, habrá tomado otros rumbos. Los miembros del Jockey Club han cedido a la Universidad de los Andes un amplio predio en el municipio de Suba, en donde se construirán las modernas facultades y las residencias universitarias. Si no fallan los cálculos financieros.

Desde su fundación, la Universidad de los Andes es una entidad autónoma regida por un consejo directivo, que elige el rector para un período de cinco años. Es una institución “sin propietario determinado y en donde nadie percibe ganancia o renta alguna como consecuencia de las actividades de la universidad”. Sus fundadores definen de la manera siguiente la intención que determinó la fundación: “Crear un centro de actividad educativa y cultural que estuviera directamente bajo el control de ciudadanos para quienes el problema de la educación representara un interés permanente de la sociedad en que viven, y quienes estarían dispuestos a dedicar a este problema sus esfuerzos, su tiempo y, dentro de sus posibilidades, su ayuda económica”. Lo último ha sido, durante sus seis años de vida, la parte triste de la empresa. La Universidad de los Andes se sostiene con el dinero de las matrículas: $800 anuales, por cada alumno. Aunque los profesores devengan sueldos modestos, las circunstancias económicas de la universidad son notablemente difíciles.

A pesar de las estrecheces económicas de la Universidad de los Andes, desde hace cinco años han cursado estudios en universidades de los Estados Unidos estudiantes colombianos que nunca soñaron con viajar a Norteamérica a terminar su carrera. Especialmente para los estudios de carácter técnico —ingeniería y economía—, la Universidad de los Andes tiene un convenio con las universidades de Illinois, Pittsburgh y Texas, según el cual los estudiantes que han cursado dos años y medio de estudios en la Universidad de los Andes, “que han adquirido dominio suficiente del inglés y que reúnen las condiciones personales necesarias para poder proseguir con éxito sus estudios, son transferidos a esas universidades de los Estados Unidos para completar su carrera en el curso de dos años”.

Pero como también para esto se necesita dinero, y muchos de los estudiantes no lo tienen, la Universidad de los Andes ha establecido un sistema sin antecedentes en la historia universitaria del país: les facilita el dinero a los estudiantes, para que éstos lo reembolsen cuando sean profesionales. Para ese fin se creó dentro de la universidad el fondo “Mrs. Diego Suárez”, compuesto por donantes de los Estados Unidos y de Colombia, y en especial por donaciones de la señora Evelyn de Suárez. “La Universidad se reserva el derecho de suspender en cualquier momento estas facilidades si las calificaciones obtenidas por el alumno no son satisfactorias o si su comportamiento no es correcto, o en caso de que se haya tenido que tomar cualquier medida disciplinaria contra el alumno”, dicen los reglamentos. Sin embargo, hasta ahora no se ha aplicado a nadie esa medida, a pesar de que la Universidad de los Andes ha enviado a los Estados Unidos 63 estudiantes. Doce de ellos ya son profesionales y están trabajando en Colombia.

En la Universidad de los Andes se estudia ingeniería, arquitectura, economía y ciencias naturales, ciencias sociales, humanidades, etc., en la Escuela de Estudios Superiores. La sección femenina, fundada en 1953, está organizada en forma de cursos semestrales de humanidades, historia de la lengua española, literatura de la lengua francesa e inglesa, historia del arte, etc. El año entrante comenzará a funcionar, como complemento del Instituto de Conservación de Recursos Naturales, una sección de ingeniería forestal.

Los estudiantes de la Universidad de los Andes pueden contar sus experiencias con un sistema que no tiene antecedentes en la historia universitaria del país: los profesores consejeros. De acuerdo con ese sistema, cada uno de los estudiantes tiene un profesor que se interesa personalmente en ayudarle y orientarlo. El alumno depende de ese profesor desde el punto de vista personal y académico. El profesor consejero es nombrado para cada alumno por el decano de estudios y ejercerá su cargo desde el instante en que el estudiante ingrese a la universidad, hasta cuando reciba su grado.

A pesar de que en Colombia se le conoce tan poco, es bastante probable que dentro de pocos años ninguna universidad de Colombia sea conocida por algunos de los hombres más importantes de estos tiempos, como la Universidad de los Andes. En su corta vida, la joven universidad ha invitado a dictar conferencias o cursos especiales a unas cuantas de las personalidades más importantes que han visitado Colombia en los últimos años. Entre otros: Federico de Onis, jefe de la sección de lengua de la Universidad de Columbia; Pierre Simonar, profesor de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania; Dietrich von Hildebrant, profesor de filosofía de Fordham University; Marc Krasner, del Center National de la Recherche Scientifique, de París, y Emilio O. Ferrer, exprofesor de arqueología de la Universidad de Berlín. Y entre ellos, nadie menos que John von Neumann, consultor de la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos. Si esto estuviera ocurriendo diez años atrás, sería muy probable que un día de estos el doctor Mario Laserna le escribiera una carta a su amigo Alberto Einstein, y el viejo sabio viniera a explicamos a los colombianos, desde la Universidad de los Andes, sus complicadas teorías sobre la concepción del universo.

Una cosa final que hace a la Universidad de los Andes diferente de las otras universidades de Colombia es la presencia de estudiantes de facultades técnicas en el curso de humanidades. Y el curso de humanidades, con su nombre tan grande y comprometedor, no es otra cosa que la lectura obligatoria, durante el año, de los libros fundamentales de la cultura occidental. A través de las profundas avenidas de altos eucaliptus, estudiantes de matemática superior leen a Sófocles y Esquilo. Están tan ocupados en sus problemas estudiantiles, que no se acuerdan de discutir sobre política. Tal vez en ninguna universidad o colegio colombiano se hable menos política que en la Universidad de los Andes y no sería extraño que esa circunstancia haya sido uno de los factores que decidieron al doctor Alberto Lleras Camargo para aceptar el cargo del cual tomó posesión ayer tarde, con un discurso histórico.

 

* Lea mañana el perfil de Gabo sobre el escultor Rodrigo Arenas Betancourt.

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