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Cultura 6 Jul 2013 - 9:00 pm

'Niños futbolistas', su nuevo libro

"La pelota ya está manchada"

El cronista Juan Pablo Meneses cuenta que los grandes equipos aseguran a los jugadores desde edades muy tempranas. En Holanda, por ejemplo, un bebé de 18 meses fue fichado.

Por: Luis Alejandro Díaz /Barcelona
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El periodista Juan Pablo Meneses es autor de ‘Equipaje de mano’ (2003) y ‘Sexo y poder’ (2004). / Sepia Brindis-Flickr

Juan Pablo, ¿cómo ve las protestas en Brasil en plena Copa de las Confederaciones? ¿Y lo de Turquía durante el  Mundial Sub-20?

Lo de Brasil es un hecho histórico para la historia del deporte y para la política. Primero: esta es la primera manifestación fuerte, espontánea, brutal y con mucha repercusión, de los indignados del fútbol. La de la gente que sale a la calle a protestar contra el fútbol. ¡Y en Brasil! Porque si hay alguien al que no le podemos criticar que no quiera el fútbol es a Brasil. Y allí, la voz colectiva dice: nos gusta el fútbol, pero ya está bien. No se puede, por la Copa Confederaciones, llevar toda la plata allí, y que nosotros tengamos que pagar más los buses. Tanto, que yo estaba en Madrid cuando se dio el fichaje de Neymar. Y cuando empezaron a salir las cifras de cuánto iba a ganar al día, la gente se indignó. Y todos discutían sin conocerse entre sí. Y en Turquía igual.

Incluso han salido jugadores como Rivaldo a dar su voz a favor de las protestas.

Estos jugadores también son producto y no les interesa estar de espaldas a la gente, porque ellos son los que les van a comprar las camisetas después. Entonces, si crece este movimiento contra el fútbol, ellos igual tendrán que estar cercanos a la gente en términos de imagen. Es algo muy estudiado. Hay tres casos en el fútbol últimamente: Messi, Neymar y Falcao. Ellos son el negocio, las compras, los fichajes, la industria. El sinónimo del fútbol actual. Y es que nada más en el caso de Falcao, la gente hasta ahora sabe que hay mucha gente que tiene porcentajes sobre él. Como Neymar, de quien tiene porcentaje una cadena de supermercados de Brasil. Eso de que un equipo forma un jugador y lo saca y después se va y triunfa y entonces el equipo gana algo, eso se acabó desde hace mucho tiempo. Falcao lloró cuando se fue del Atlético, pero cuando llegó al Mónaco dijo que allí quería terminar su carrera.

Se dice que ahora los jugadores no tienen voz para opinar sobre su futuro. ¿Es cierto?

Ellos ya tienen la percepción del dinero marcada. Marcelo Salas se ha comprado dos equipos de fútbol en Chile. Uno de esos es el Valdivia, que era el rival de la ciudad de él. Ya no importa nada. Antes los narcos entraban al fútbol para darse el lujo de ganar, pero no lo hacían como negocio sino como hobby. En cambio los casos como el de Salas son para hacer negocio. Y en eso se ha convertido el fútbol. Boca tiene un contrato con el Barcelona, que todos los años selecciona los seis mejores jugadores y se los trae. Por eso, cerró la Masía en Buenos Aires, porque no le salía a cuento. Los jugadores son moneda de cambio. Y ese es el tema que este libro trata de poner sobre la mesa. Muchos me dicen que me faltó hablar de tal caso o de tal otro, y qué pasa con las leyes. Y yo les digo, bueno, eso viene a partir de ahora. Siempre saldrán más jugadores. Juan Cruz, en El País de España, escribió una columna pidiendo que se legisle sobre el tema. En México hay muchas muertes de niños futbolistas por apuestas. De repente, llegan camiones con tipos con metralletas y matan a un equipo de niños. Hay muchas cosas que no se saben y que yo intento mostrarlas en el libro. Presentar los niveles a los que se está llegando, pero rescatando siempre la esencia del fútbol. Maradona dijo: la pelota no se mancha. Yo digo: la pelota ya está manchada.

¿Y los padres? ¿Dejaría a su hijo participar de ese universo?

¿Pero y las mamás que llevan a sus hijas a los concursos de belleza? La cuestión es transversal. El fútbol muchas veces termina siendo una caricatura del mundo. La gente llora cuando el equipo desciende o cuando el equipo gana. A los que nos gusta el fútbol sabemos que ha pasado mucho. Sin embargo, aprovechando los lanzamientos del libro en Madrid y en Barcelona, se me ha criticado que considero que los dos grandes monstruos del fútbol actual, el Madrid y el Barcelona, han desvalijado el fútbol de Latinoamérica. ¿Cómo descienden River, Independiente, Palmeiras, América? Eso tiene una explicación: ya no tienen cantera. Los buenos jugadores se los llevan a Europa antes de los 15. Los chicos ya no quieren jugar en esos equipos. Cuando hablaba en Cali con los niños, decían que no querían jugar ni en el América ni en el Cali, sino en el Barcelona.

Es una maquinaria

Por ejemplo, el Barcelona, que transformó jugar en el Barça como la cúspide del mundo profesional del fútbol. Hoy no hay un jugador entre los 12 y los 14 con talento que ya no esté detectado por el Barcelona. Hace un par de años, el Barça hizo una empresa impresionante con Guardiola a la cabeza y con Nike: observaron a más de cincuenta millones de niños en todo el mundo para anunciar que de ahí saldría la nueva estrella . La información que lograron y la base de datos que hicieron vale su peso en oro. Siempre bajo el lema de que en el Barcelona cumplen sus sueños. Con el Unicef en la camiseta, por supuesto.

Una marca que paga impidiendo que el jugador se levante la camiseta a la hora de celebrar.

Pero en Latinoamérica apenas se empieza a hablar del tema. Butragueño estuvo en Santiago lanzando la primera escuela de fútbol del Real Madrid. Después en Bolivia, Guatemala y Perú. Y lo que pasa es que están armando factorías para robar la materia prima. Dicen que es para educarlos y formarlos y todo eso, pero la verdad es que les hacen un blindaje a los chicos que ya no puede ni mirarlos nadie. Eso sí, los dejan jugar en equipos de Argentina o Santiago, pero ya son de ellos.

¿Ahí están los verdaderos números del fútbol actual?

La velocidad que ha tomado la industria es tan brutal, que cuando Maradona vino en los años 80 después de pasar por Argentinos y Boca, era un jugador joven de 21 años. Después empezaron a llegar a los 18 con campeonatos juveniles. Después bajó a los 14, que es como llega Messi. Y seguirá bajando, porque cuando un chico firma sube mucho el sueldo y el precio. Por eso toca agarrarlo cuando no ha firmado nada. Hay un bebé de 18 meses fichado en Holanda. O como el hijo del Kun Agüero con la hija de Maradona,  al que que ya Independiente le había ofrecido contrato antes de nacer.

Se dice que a Neymar le pusieron a Denilson para protegerlo de la noche. Como cuando se dice que Boca contrató a un detective para evitar que Riquelme jugara fútbol con los amigos.

Antes el jugador iba a la noche para poder rendir al otro día. Hoy hay una inversión tan alta que hay que proteger esos bienes. El fútbol ha llegado al extremo de que mucha gente me dice que el libro es un manual de cómo comprar un niño futbolista. En Argentina está el club Che Guevara, que dice que no vende a sus jugadores, sino que quiere formar hombres. Pero la dueña me dijo que igual todo dependía de si llegaba una buena oferta. Porque el fútbol ahora se comercializa en los torneos para menores de edad. Allí, a un lado están las familias, y al otro, los empresarios.

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