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Cultura 23 Mar 2013 - 9:00 pm

Perfil de la intelectual y diplomática colombiana

Perfil de María Cristina Zuleta de Patiño

Sofisticada elegancia física e intelectual, preocupación por lo social traducida en generosa filantropía, fueron características de María Cristina Zuleta Torres.

Por: José Félix Patiño Restrepo ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR
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El año pasado, Fátima McKinley, esposa del embajador de EE.UU. en Colombia, Michael McKinley, organizó una fiesta sorpresa en la residencia de la embajada para celebrarle el cumpleaños a María Cristina Zuleta (a la derecha). A la izquierda, Teresa Zuleta de Mesa. / kien&ke

Esposa del magistrado Alfonso Patiño Roselli, muerto en el holocausto del Palacio de Justicia, enfrentó la tragedia con entereza y dignidad y supo mantener viva su memoria apoyando iniciativas como las bibliotecas Alfonso Patiño Roselli de Tunja y Sogamoso.

María Cristina, la gran dama de la sociedad bogotana, era dueña de singular cultura: basta ver su biblioteca particular y recordar su afición por la ópera y la música clásica. Educada en distinguidas instituciones de Estados Unidos y de Europa, hablaba fluidamente el inglés, el francés y el italiano. De agudo sentido político, interpretaba la realidad nacional y la internacional para emitir conceptos claros en forma inteligente y premonitoria.

Nacida en el hogar de Eduardo Zuleta Ángel, presidente de la Comisión Preparatoria y de la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas, y Lucía Torres, creció en un ambiente de diplomacia internacional. Se desempeñó en forma brillante en la Cancillería y como embajadora ante los gobiernos de Costa Rica y de Perú.

En palabras de Juliana Correa, María Cristina “hizo del protocolo un estilo de vida”. Su existencia entera como diplomática y centro de la sociedad la llevó a escribir el libro El arte de recibir, bellamente editado por Aguilar Alfaguara S.A., presentado el 26 de abril de 2005 en el ambiente académico de la Fundación Santillana, en sesión presidida por Belisario Betancur.

Los beneficios económicos del libro fueron destinados a la Fundación Amparo de Niños, creada por doña María Michelsen de López Pumarejo en 1934 y que desde 1935 está ubicada en la Granja Loyola, cerca de Madrid y Facatativá, donada por el médico Julio Z. Torres y su señora, María Jesús Herrera, los abuelos de María Cristina Zuleta. Su hermana, Teresa, es una de las personas que dirigen esta benemérita institución, la cual María Cristina tanto apoyó.

María Cristina y Alfonso no tuvieron hijos, pero fue la tía admirada y querida de sus sobrinos Calderón Zuleta, Martínez Zuleta, Zuleta Jaramillo, Zuleta Lleras, Mesa Zuleta y Cuéllar Patiño, quienes hoy ocupan, siguiendo la tradición de su ilustre familia, destacadas posiciones en el Estado, el periodismo y el sector privado.

Soportó en forma ejemplar una dolorosa enfermedad y hasta el último momento de su vida supo mantener ese carácter jovial y extrovertido que fue el sello de su personalidad.

María Cristina nos deja un imborrable recuerdo de exquisita distinción y gracia, inteligencia, altruismo y patriotismo sincero.

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