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Cultura 5 Feb 2014 - 10:00 pm

Ronzo visita Colombia

Pintura en las venas

Sebastian Hofer es un artista callejero alemán reconocido por invadir con esculturas las avenidas de Londres. Perfil.

Por: Óscar Guesguán
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Sebastian Hofer, Ronzo, ha expuesto con artistas callejeros como Banksy. / Óscar Güesguán

Sebastian Hofer, conocido como Ronzo, nació en Múnich, Alemania, una ciudad reconocida por su avanzada industrialización y gran tradición cervecera que más inspiraría a estudiar historia o a ser un gran empresario. Sin embargo, él centró su atención en los trazos, en el dibujo.
Desde la infancia su familia le vaticinaba una vida como artista. Sus padres, una profesora de historia y uno de psicología, no tuvieron reparos en que Ronzo tomara este camino en una ciudad que, por lo menos en apariencia, no tenía espacio para un artista callejero. Y en apariencia, porque las riberas del río Isar, en muros y columnas de puentes como el Brudermühl, se convirtieron, desde el boom de este arte en los años 90, en la capital de Baviera en espacios reservados para esta expresión.

Según el artista y escritor Martin Arz (citado por el Instituto Goethe en su publicación de la página web), a cargo de la antología Street Art in München (Arte urbano en Múnich), “es sorprendente que hoy todos hablen únicamente de Berlín y Hamburgo, teniendo en cuenta que el movimiento alemán del grafiti se originó en Múnich. La imagen de la ciudad pulcra por excelencia es una distorsión”.

Entre los elementos que tomó de su cultura, Ronzo eligió los gnomos, pequeños hombres barbudos. “Tengo como referencia cosas que existen. Por ejemplo, mis primeros trabajos eran unos gnomos que cuidaban la casa, muy tradicionales en Alemania, pero eran figuras viejas y aburridas”.

Con los cursos de ilustración llegaron las influencias artísticas y la transformación de sus ideas. Botticelli, con su propuesta considerada renacentista, y Picasso, precursor del cubismo, llamaron la atención del joven artista, al igual que las gráficas japonesas y la litografía. En su visita a Colombia reconoce su admiración por Fernando Botero, el pintor, escultor y dibujante antioqueño. “He visto su trabajo y la transformación que hizo de obras como la Mona Lisa, y me gusta. Él cambia las formas de ver el mundo. Me inspiro en trabajos como ese y trato de adaptarlos a mi estilo”.

La propuesta de Ronzo va más allá de pintar muros en malas condiciones para “transformar el espacio público”. Su personalidad divertida y festiva esconde la inconformidad y el afán de cambios sociales. Figuras como un pájaro o una cucaracha, con mensajes de tranquilidad y alegría, no solamente quedan grabados en las paredes con la técnica del aerosol o elaborados en tres dimensiones con papel, sino también en esculturas: “Lo que busco es traer cosas frescas y distintas para la gente. Me gusta que en medio de su rutina las personas tengan una sonrisa o tomen una foto. Las esculturas que existen en las ciudades son, por lo general, burocráticas. A mí me gusta hacer arte más ‘guerrilla’, en el que las figuras no sean las de los políticos”.

Actualmente, Ronzo trabaja con dinosaurios, figuras que instala como si fueran fósiles. Sin embargo, estos reptiles no vivieron durante el Mesozoico: son modernos y montan patineta, BMX y hacen grafitis.

Quizás en este tipo de ideas encuentra su estilo este artista callejero. “Lo que me gusta es que la gente crea que está viendo algo que ya conoce, pero cuando se acerca a la escultura se da cuenta de que hay cosas que no encajan. Quiero cambiar la perspectiva de las cosas que creen conocer”.
La aceptación social que ha tenido el arte urbano ha permitido que artistas como este alemán se consagren y puedan desarrollar sus ideas en lugares donde antes era imposible. Este cambio de concepción se lo atribuye a la intención misma de las personas que se dedican al arte de crear contenidos inclusivos.
“Lo que era mal visto era el grafiti de los tags (firmas), que sólo se entendía en una pequeña comunidad, una cuestión más de egos. El arte callejero se ha vuelto más accesible al público y más interesante para todos”.

Propuestas paralelas y el negocio del arte callejero

Mientras en Europa los temas que se abordan mediante el arte callejero tienen más relación con aspectos políticos y “más serios”, Latinoamérica, utilizando detalles culturales indígenas y colores, plantea una propuesta “espiritual”.

Ronzo asegura que Brasil es reconocida como la potencia del grafiti en América Latina. Aunque su argumento esté basado en que son los que más han viajado por Europa a compartir experiencias, también queda demostrado por ciudades como São Paulo, donde está el Museo Abierto de Arte Urbano y de donde provienen artistas reconocidos internacionalmente como Os Gêmeos.

En su visita a Bogotá Ronzo tuvo la posibilidad de recorrer algunas calles de la ciudad y, por supuesto, no podía dejar de hacer su trabajo: pintar paredes. Una esquina quedó marcada con una figura que quizá para los distraídos transeúntes pasará inadvertida.

Con un tono jocoso resalta la facilidad para “grafitear” en Bogotá. Y deteniendo la conversación enseña una foto en su celular donde está con un agente de Policía a su lado. Ronzo, ajeno a la realidad de los artistas bogotanos, asegura que la polémica que suscitó que la fuerza pública haya acompañado a Justin Bieber a pintar las paredes de la calle 26 cambió la mentalidad de las autoridades.

Precisamente, por estos hechos, la condición de los artistas se hizo visible de manera masiva. Sin embargo, para el alemán, radicado en Londres, Japón es realmente un país con limitantes para el arte urbano, por su idioma y la existencia de un Estado “policivo”.

Allí los permisos para intervenir un muro pueden tardar hasta un mes. “En Londres, en cambio, puedo ir a la casa de una persona que tenga la pared de la casa vieja y pedir que me deje pintar allí”.

El posicionamiento de trabajos como el de Ronzo, quien expuso en una oportunidad con Banksy —a quien describe como la gran leyenda—, ha suscitado un debate sobre si este arte debe ser propio de la calle, su entorno natural, o si debe estar en la galería, a la venta.

De hecho, Banksy ya recibió fuertes críticas, pues varias de sus obras han sido subastadas, aunque al parecer no se hizo con su autorización. Una de las más costosas fue una conocida como Space Girl and Bird, por la que pagaron en 2007 US$576.000. La última, denominada Flower Girl, alcanzó el precio de US$204.000 en 2013.
En su momento, Richard Howard-Griffin, director de Street Art London, organizador de visitas guiadas en Londres para descubrir el arte callejero, le aseguró a AFP que estas subastas son “el capitalismo puro que ilustra la codicia inherente a la naturaleza humana. Completamente legales, pero un fracaso moral”.

Ronzo, por su parte, tiene una posición clara en este sentido: “Hay arte bueno y arte malo. Cuando hay cosas muy buenas, las personas y el mercado tratan de apropiarse de ellas. Lo mismo pasa con la música. Nada de malo tiene que si eres bueno puedas ganar un poco más de dinero”, asegura Hofer quien, según cuenta, tiene el 50% de su trabajo en la calle y la otra mitad en una galería. “Veo la galería como una oportunidad para que la gente conozca mis obras”.

A pesar de las críticas y discusiones, el arte callejero, como toda expresión artística, encuentra sus adeptos y a quienes se interesan en apostar por él. “En Londres hay gente con mucho dinero dispuesta a invertir en nuevos artistas. Tal vez acá eso aún no se ha dado”.

Ronzo, el artista de Múnich, tapa su rostro con una bandana, se pone un gorro y una gafas Prada oscuras, indumentaria para cuidar su identidad, factor realmente valioso en ese medio, y asegura: “Igual, el propósito nunca debe ser el dinero, sino divertirse, hacer cosas interesantes y cambiar la ciudad”.

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Opinión por:

pisacallos

Jue, 02/06/2014 - 14:31
Yo espero que el pañolón con que se tapan la boca y la mitad de la cara, sea sólo para evitar inhalar la pintura con la que trabajan. Porque posar así, como delincuente, deja dudas sobre lo que realmente quiere ser: un artista o un renegado.
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