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Cultura 2 Ene 2013 - 8:06 pm

La historia de un video multiplicador

Retrato de un deseo

Emilio Aparicio retrata habitantes de la calle. El 17 de diciembre celebró el cumpleaños de uno de ellos e hizo un video que ha conmovido a miles de personas en las redes sociales.

Por: Daniela Franco García
En Twitter: @danielafrancog
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Emilio Aparicio junto a Andrea Chaparro, unos meses antes de la celebración del cumpleaños de ella. / Emilio Aparicio Rodríguez

(VER VIDEO) Era el habitante número 19 de 100 que iba a retratar, lo recuerda muy bien, era de Medellín y con él, como con los otros, tomó fotografías y le ofreció regalarle una de esas que tomaba con una cámara Polaroid con la que andaba. Él se puso a llorar, no le gustó la idea, le aterraba verse a sí mismo en ese estado, más bien le pidió a Emilio que si hablaba con él un rato, pues hacía mucho tiempo que no lo hacía con nadie. Ese día Emilio Aparicio entendió que detrás del mugre había alguien que no era de piedra.

El amor por la fotografía nació en la península de Sinaí. “Yo era soldado en Colombia, no me gustaba, pero por cosas de la vida me fui de traductor allá. Cuando salí de casa entendí que había cosas grandes que uno no conoce. Vi helicópteros, hambre, atardeceres impresionantes cada día, todo quería registrarlo”.

“Hacia tiempo no hablaba con personas de verdad”. Ese fue el nombre de su trabajo de grado, 100 fotos, 100 personas entre las que estaba el número 19 también, ese que lo conmovió y otros tantos de la calle de los que se hizo muy amigo.

 Hoy muchos piensan que es un ángel, o al menos muchos se lo escriben en Facebook. “Emilio, tú y tu corazón”. Aparicio jamás hizo el proyecto con ganas de publicarlo en un museo, y menos, con la idea ridícula de que pensaran que era “como un ángel”, sólo trataba de “descubrir poco a poco qué les gusta, qué los motiva, qué los hace felices. Sigo entendiendo la otra cara de la moneda, las personas que hay tras ese mugre, muchos dan la monedita, pero cuántos preguntan cómo se llama, si tiene hambre. Con el tiempo, uno aprende tantas cosas… que la vida es como las fotos, si no tomas el momento, se va, nunca se vuelve a repetir”.

 El pasado 18 de diciembre Aparicio llegó a su casa, prendió su computador y abrió Facebook, tenía cientos de notificaciones. “Lo primero que pensé fue ¿Qué pasó? Qué susto, fue una locura, gente que no tenía nada que ver conmigo me agregaba. Me llegaron mensajes de otras ciudades, de Popayán, la costa, Manizales”.

 Todo era por Andrea Chaparro. Ella le contó en una de esas tardes de fotos, de nuevos amigos, amigos de la calle, que cumplía años el 17 de diciembre. Fue ese día cuando, en la búsqueda de ella, vio “hombres tirados en la calle que se asoleaban como leones marinos en los separadores de la Avenida Caracas, desde la calle 59 hasta la 13. Seres que parecían estar pegados al pavimento sin saber si iban a despertar algún día, mientras el sol picante calentaba sus cuerpos débiles y solitarios”.

 Aparicio estaba nervioso, tardó bastante en encontrarla, algo así ya lo había hecho con Mariposa, otra de esas amigas, pero esta vez él quería, como esos días en Sinaí, registrarlo todo.

 La encontró, tomo su cámara de video, la escondió, amarró una bomba de helio a su maleta, tomó una dona en sus manos y caminó hacia donde Andrea. “Feliz cumpleaños”, le dijo. “Su emoción al verme fue infinita; mayor que la de los miles y millones de hinchas de Millonarios que celebraron el día anterior su victoria. La gente del lugar lo notó, y ella sin pensarlo se levantó y me abrazó fuertemente… Yo sentí que le temblaba la voz”.

Emilio le puso un gorro de cumpleaños, también un collar de flores, la quería hacer sentir especial, era su cumpleaños. Gritó a la gente que pasaba que le ayudara a cantarle a Andrea, “sin pensarlo la gente empezó a hablar y dijeron que me acompañarían a cantar, que estaban dispuestos a hacerlo y poco a poco armaron una media luna a nuestro alrededor y esperaron 20 segundos a que prendiera la vela… En aquel momento sí estaba temblando, y estaba más feliz que cualquiera. Cuando las chispas salieron pude sacar todo lo que tenía adentro y acompañado de muchos empecé a cantar. Mientras tanto, los ojos de Andrea, a quien conozco hace ya varios años, se inundaron de lágrimas y brillaron. No podía creer lo que estaba pasando a su alrededor; apenas tragaba saliva y reía con emoción”

Ya, todos en silencio, llegó la hora de deseo, Andrea debía pedir uno, anotarlo en la bomba de helio y dejarla ir al cielo, con ilusión. “Que seamos muy felices todos”, dijo, y dejó ir la bomba, con un rostro que dejaba ver su sonrisa mueca y esperanzadora.

Lo que pasó muchos ya lo saben, lo saben esas casi 350 mil personas que lo han compartido en las redes sociales, esas que escribieron “para mí la felicidad se traduce en este video”. Le llegó al corazón a muchos. “Qué simple son esas cosas y qué increíble lo que se consigue”, dice Emilio.

Para él la felicidad “es eso-dice con la voz entrecortada- es llegarle a la gente, es que pase algo tan loco como esto”.

Él se dedica al arte, toma fotos, retrata la vida, tal vez su arte también es hacer sonreír a gente como Andrea. Y quizá lo que hace Andrea en su vida es desear, con fuerza, porque como Emilio lo cree, “tal vez realmente lo deseó con tanta fuerza” que por eso, esos cuatro minutos de video han llegado a “que seamos muy felices todos”.

@danielafrancog

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