Semblanza de una huida

Veinticuatro obras fotográficas, organizadas por las Naciones Unidas, dan testimonio del desplazamiento de millones de africanos a causa de las guerras internas en sus naciones.

Imagine que de repente tiene que huir de su país. Que se rompe su estabilidad y, de la noche a la mañana, su bienestar se desvanece. Imagine que en un instante lo pierde todo, queman su casa, matan a sus vecinos y el cielo empieza a escupir ráfagas de fuego.

Imagine que escapar del horror se convierte, ahora, en una necesidad urgente. Si sólo pudiera conservar una cosa, una única evidencia de que alguna vez, en alguna parte, usted tuvo un hogar, ¿qué llevaría consigo? Miles de personas en el mundo se han visto obligadas a responder esta pregunta.

Durante los últimos tres años, en la República Centroafricana, Siria, Sudán del Sur y Malí, más de doce millones de personas han tenido que abandonar sus hogares a causa de los conflictos armados. Doce millones de personas es más que una cantidad con media docena de ceros. Harían falta trece estadios como el Reungrado Primero de Mayo —el más grande del mundo— para reunirlas a todas.

El fotoperiodista estadounidense Brian Sokol trabaja documentando las tragedias humanitarias de diferentes países. Los protagonistas de sus historias, narradas con imágenes y palabras, son personas que en la mayoría de los medios de comunicación sólo aparecen representadas por cifras.

Sokol visitó Sudán del Sur en 2011 para poner cara a esos números, para reunir testimonios precisos de gente que ha tenido que abandonar sus comunidades a causa de la violencia, para que, en sociedades menos desafortunadas, los espectadores de sus fotografías tengan la oportunidad de ponerse en la piel de un refugiado. Mujeres, hombres y niños de diferentes edades posaron para el lente del fotógrafo mostrando el único objeto que pudieron rescatar en el momento de la huida.

La exposición fotográfica The Most Important Thing. Retratos de una huida, organizada por la Obra Social La Caixa y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), exhibió estas imágenes hasta el 31 de mayo en las instalaciones de CaixaForum Madrid, y lo hará en Palma de Mallorca.

La historia de Magboola es uno de los veinticuatro testimonios concretos que componen esta serie fotográfica. Magboola tenía veinte años cuando Brian Sokol la fotografió junto a sus tres hijas en el campamento de refugiados de Jamam, Sudán del Sur. La joven madre y sus hijas emprendieron el largo trayecto que separa Bofe de la localidad de El Fudj, en la frontera de ese país.

Caminaron durante doce días, transitando carreteras en estado deplorable y pasando muy cerca de zonas peligrosas. Sobrevivieron a varios bombardeos aéreos. Huyeron de Bofe en mitad de la noche, cuando unos soldados irrumpieron en su pueblo sembrando el terror. La olla que Magboola sostiene en la fotografía fue lo único que pudo rescatar de sus pertenencias. En ella cocinó el sorgo que las alimentó durante la travesía.

La madre posa con el semblante serio de quien ha tenido que cargar con el peso de un destino azaroso. Sus hijas tienen las manos vacías, pero sonríen. Sonríen con la inocencia de quienes desconocen ese obsesivo afán de posesión que, tantas veces, se convierte en la causa de nuestra propia ruina.