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Cultura 11 Ago 2013 - 6:57 pm

‘La serena hierba’, ganadora del Premio Nacional de Poesía del Mincultura

Si las piedras hablaran...

En esta antología, publicada por Monte Ávila Editores, Horacio Benavides disecciona la experiencia humana a través de la naturaleza.

Por: Juan David Torres Duarte
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Horacio Benavides ha publicado, entre otros títulos, ‘Las cosas perdidas’ y ‘La aldea desvelada’. / Archivo - El Espectador

Tres semanas atrás, cuando Horacio Benavides fue declarado el ganador del Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura por su antología La serena hierba, el escritor Harold Alvarado Tenorio envió a medios y amigos un artículo de tono altivo. En él sugería que el premio había sido entregado a Benavides gracias a sus amistades literarias y que la obra no merecía la atención que se le daba. Días después envió una carta adicional en la que pedía a la ministra de Cultura, Mariana Garcés, que entregara las actas del jurado que premió a Benavides, conformado por Piedad Bonnett, Ramón Cote Baraibar y Rómulo Bustos.

Justo por esos días, además, la revista Arcadia anunció que ya tenía listo para su edición de agosto un perfil de Horacio Benavides. Alvarado, en el mismo tono, preguntó en su página web: “¿Cuánto habrá pautado en Arcadia la Mincorrupta?”. Entonces vino una respuesta. El escritor y columnista de El Espectador Julio César Londoño escribió el 3 de agosto que Benavides se había convertido “en un blanco militar del necio Alvarado” y defendió la obra.

Alvarado jamás se refirió al libro, salvo con algunas palabras recias que no servían como argumentos para refutar su calidad. Londoño elogió su delicadeza y resaltó cierta influencia de Juan Rulfo. A pesar de ello, los comentarios sobre la obra misma —que, en últimas, es el producto premiado— fueron relegados. ¿Qué contiene La serena hierba? ¿Cuáles son sus temas y cuál su estilo? ¿Qué descubre y qué cala?

Los animales y las cosas

En La historia de Horacio, el escritor Tomás González dibuja un personaje nervioso, con la manía de asistir a entierros. Cada mañana, Horacio atiende a una de sus vacas, que pronto va a parir. De tanto en tanto feliz y conmovido, ve en la naturaleza el nudo donde nace todo y muere todo. Está rodeado por ella: Horacio vive en una finca junto a su esposa y sus hijos, y la proximidad de la muerte lo vuelve nostálgico.

Más allá de que sea su homónimo, Horacio Benavides (1949, Bolívar, Cauca) también es atravesado por la naturaleza: está en la mayoría de sus poemas publicados, de un modo metafórico o de un modo directo. Benavides ha publicado ocho poemarios, entre ellos Las cosas perdidas (1986), Sombra de agua (1994), La aldea desvelada (1998) y Todo lugar para el desencuentro (2005). Con éste ganó el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus ese mismo año. En 2001 recibió el premio del Concurso Nacional de Poesía del Instituto Distrital de Cultura y Turismo con Sin razón florecer. En la actualidad, dirige talleres de creación poética para niños.

La serena hierba recoge parte del trabajo de Benavides desde 1986. En esta compilación es constante la referencia a animales, quizá a esos primeros años que vivió en el campo. “Mis primeros años en el campo dejaron una profunda huella —cuenta Benavides en la introducción de La serena hierba—, observé los animales, pude contemplar el cielo inmenso en las noches, escuché los cuentos de miedo contados por los campesinos. Cuando tenía tres años me llevaron al pueblo y pasé con mi madre la noche en él. Al despertar escuché con espanto el silencio, había perdido el canto de los pájaros”.

La poesía es, entonces, una forma de resucitar. Una segunda vida para los recuerdos. En esa categoría están los poemas Para detener el tiempo, Sauce, El cerdo, El caballo y El pez. Se encuentran aquí imágenes de otro tiempo: en ocasiones la poesía es más una pintura —Benavides estudió primero pintura en el Instituto Departamental de Bellas Artes—, una imagen estática del tiempo, que una reflexión sobre su paso.

La naturaleza, en la poesía de Benavides, resulta esencial, no sólo por su grandeza —que es evidente y ciertos poetas han explotado hasta la saciedad—, sino porque también se convierte en el medio para entender la condición humana. Como en El pez: “Y cuando / el dorado anzuelo / de la muerte llama / nace el pez / para la muerte / primer dolor / última pena”. Sí, habla del pez; al mismo tiempo, sin embargo, habla de los hombres.

En El rinoceronte, incluido en su segundo libro, Agua de la orilla, el símil con los poetas no prescinde de humor: “Podría ser un poeta / por lo feo / y lo escaso de semejantes / pero no se queja”. Del mismo modo, Benavides refiere torcazas, caballos, ranas, murciélagos, mariposas: la aparente inocencia de la naturaleza, en La serena hierba, pierde toda ingenuidad y revela los mecanismos que la preceden. Que nos preceden.

De amores y nostalgias

Pasados los tres primeros libros, La serena hierba ofrece una mirada más cercana de los actos humanos. La selección de poemas de Sin razón para florecer y Todo lugar para el desencuentro impulsa objetos distintos: el amor, la nostalgia, quizá la desdicha. La naturaleza sigue allí, como un agente mudo. “Tu cuerpo desnudo / narra lo invisible”, escribe en Dices lo que no dices. “(Si no te hubiera encontrado) aun así mi deseo / dando palos de ciego en la noche / te hubiera buscado / y una honda nostalgia / caería sobre mí”, escribe Benavides en otro poema. 

En estos versos están, paso a paso, el cuerpo, las manos, los labios, reunidos todos por la experiencia del amor o la desgracia. Es el cuerpo en función de la vida: no es la mera descripción de una mano, sino la somera relación de su desdicha. “Cuando llegaste / ya habías partido / Boca que se aproxima / y besa en el recuerdo”.

En Bajo la hierba o el cielo, el último libro de la antología, está esa misma sensación: “Voy por el poema / y regreso con una carga / de piedras”. ¿Qué son los recuerdos, cuánto pesan? Demasiado, no ceden. Por eso Benavides escribe: “Las piedras no olvidan”.

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Opinión por:

edisonmirabarrera

Lun, 08/12/2013 - 02:49
Ver www.diatribasdeumbertocobo.com/un_premio_para_las_pulgas_ y_los_piojos.html
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