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Cultura 11 Dic 2012 - 10:00 pm

La investigadora detrás de cuatro publicaciones

Sobre historia y periodismo

María José París está detrás de libros como ‘Tinta Indeleble’, ‘La luciérnaga. 20 años’ y ‘Savia Caribe’.

Por: Adriana Marín Urrego
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    http://www.elespectador.com/noticias/cultura/sobre-historia-y-periodismo-articulo-391941
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María José París, en el archivo de El Espectador. / Andrés Torres.

Le daban las tres de la mañana en el archivo de El Espectador, buscando notas que le dieran pistas sobre quién fue Guillermo Cano. Se metió en Lateral Sur para mirar cómo se comportaban los hinchas del Santa Fe, bajo el riesgo de quedar en medio de una pelea. Inspeccionó la vida privada de locutores de la Luciérnaga e investigó sobre botánica. Fue testigo y formó parte de la publicación de cuatro libros, pero nunca había sido mencionada. No antes, por lo menos. María José París es una historiadora de la Universidad de los Andes, con una maestría en geografía, y llegó a trabajar en esas investigaciones gracias a Guillermo Cano, quien, dice ella, “lleva 25 años muerto, pero cambió mis estrellas”.

Como ocurre muchas veces con los que se dedican a la academia, ella estaba atravesando por una etapa en la que no le encontraba sentido a su carrera. Había estudiado el pregrado, había saltado inmediatamente a una maestría y, en ese momento, no tenía ganas de hacer un doctorado. Entonces llegó esta oportunidad, hacer investigaciones con rigor histórico para público general, y ahí pudo encontrar el sentido que le estaba faltando. Habla de nombres y más nombres cuando se le pregunta cómo empezó: “Lo primero fue que Agustín Carrisosa y Margarita Garrido, de la Biblioteca Luis Ángel Arango, me recomendaron con Marisol Cano para hacer la investigación del libro de Guillermo Cano”, luego fue Juan Sebastián Sabogal, de la editorial Aguilar, quien la llamó para hacer un libro sobre La Luciérnaga en coproducción con Caracol. Más adelante, quisieron hacer un libro sobre Santa Fe, equipo sobre el que Daniel Samper había escrito una crónica y, finalmente, Héctor Rincón le propuso que trabajara para la fundación Savia.

Todo se fue dando con naturalidad. Una persona llevó a la otra y un libro llevó al siguiente. María José París iba recogiendo fragmentos de vida real para volverlos historia, no para dejarla en los libros más académicos, sino para dársela a la gente real, aquélla que se pregunta cómo puede ser la vida de un humorista fuera de la emisora o la que quiere saber, desde un lugar seguro cómo funciona la dinámica de las barras bravas en Bogotá. En ese proceso de hacer historia, también iba creando la suya propia. Cada investigación le traía nuevas experiencias y nuevas personas para conocer. Hizo amigos en El Espectador —“La redacción es testigo de que me daban las tres de la mañana viendo periódicos. Por eso me volví amiga de ellos”—, y en Santa Fe, si bien no habló de amistades, habló de personas que la acogieron y que le mostraron que no todos los que van a ver fútbol a Lateral Sur son vándalos, sino que “son gente decente y tranquila que va a apoyar a su equipo”. Después de los partidos se iba a tomar cerveza con ellos y así se fueron contando cosas: “al comienzo fueron reacios, pero después me preguntaban sobre lo que estaba haciendo y yo les contaba”. A pesar de que los dos libros ya se publicaron, todavía se le ve por la redacción de El Espectador, hablando con la gente. Tampoco hay partido del Santa Fe que ella ‘cape’ en las barras bravas.

Es historiadora, pero siempre ha tenido una inclinación por la etnografía, “lo que pasa es que nunca he hecho historia, digamos, vieja. Me formé por las líneas de historia ambiental y de historia del tiempo presente”. Por eso, para el libro de la Luciérnaga propuso hablar con la gente, preguntarles sobre su vida personal y contarles a los lectores lo que hace un humorista fuera de la emisora: cómo es su vida diaria y cuántos hijos tiene. Después de haber hecho tres investigaciones, María José París siente que, con Héctor Rincón, volvió a ser lo que realmente es: una historiadora ambiental.

Si uno mira su historia, es posible que siempre haya entendido cuál es el sentido que quería darle a su profesión. Mientras enseñó en el colegio, buscó hacerle llegar temas muy académicos a niños de 15 años. Luego, a mayor escala —con lo que ella llama “historia-periodismo”— hizo básicamente lo mismo: bajar el rigor académico a un nivel de realidad. Dice que Guillermo Cano cambió sus estrellas, porque gracias a él, al buscarlo tanto y al leerlo tanto, siente que tiene parte de su formación. Cano y el periodismo, tal vez, no cambiaron nada. Sólo le permitieron ver, más claro, un camino que ya había empezado a recorrer.

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