Teusaquillo se convierte en galería

Mañana la localidad será escenario de la Noche en Blanco. Como ya ocurre en numerosas ciudades del mundo, los bogotanos tendrán seis horas para callejear entre la noche y el arte contemporáneo.

En 2012, ‘Óptika VJ’ participó con esta instalación en el Live Performers Meeting Rome 2012.

Una noche al año, desde hace una década, el centro de París se transforma. De Alemania, Bélgica y Holanda, así como de muchas ciudades de Francia, trenes colmados de turistas y aficionados peregrinan a la capital de este país para recorrer sus calles hasta el amanecer.

La llaman Nuit Blanche y su concepto, aunque a la vista elemental, se ha regado por las ciudades como si se tratara de un virus de altísimo contagio. En la Noche en Blanco las calles se convierten en galería, los músicos se toman las plazas y el arte contemporáneo se sacude el estigma elitista para encontrarse con el ciudadano de a pie.

Mañana Bogotá entrará al club de más de diez ciudades de Europa, América y Oceanía que anualmente cierran sus calles a los automóviles y se abren a numerosos performances, instalaciones y grupos musicales. Con la participación de más de 50 artistas, distribuidos alrededor de 44 manzanas, el tradicional barrio de Teusaquillo es el escenario de la Noche en Blanco Bogotá 2013, organizado por la Fundación Vértice Cultural.

Detrás de esta iniciativa se encuentra Mónika Barrios, historiadora del arte y quien ha vivido el festival nocturno que en 2002 ideó el gestor cultural Jean Blaise por petición del entonces alcalde de París, Bertrand Delanoë.

“Me impactó la apropiación del espacio público que implicaba la Nuit Blanche”, comenta Barrios, caleña de cuna, pero que dice sentir a Bogotá como si fuera suya. Su relación con la capital y, en especial con Teusaquillo, fue la principal razón para realizar una Noche Blanca bogotana, de la misma forma que se ha venido replicando en Madrid, La Paz o Melbourne.

Desde hace meses Vértice Cultural, con el apoyo de la Alcaldía de Teusaquillo y la oficina asesora para las TIC de la administración distrital, emprendió la búsqueda de artistas locales capaces de proponer creaciones que se amoldaran a un escenario público de alto valor patrimonial, como es el de la localidad de Teusaquillo.

La convocatoria estuvo a cargo del francés Thierry Harribey, fundador de la galería Neebex, en La Candelaria, y quien no sólo estaba familiarizado con las noches blancas europeas, sino que ha sido un promotor de artistas jóvenes. De la misma forma, la artista Ana María Lozano, profesora de la Universidad Javeriana, acompañó a Harribey en la tarea de revisar y seleccionar 12 de las 60 obras que participan en la convocatoria.

A ellos se suman las intervenciones de reconocidos artistas locales, como Cecilia Traslaviña y Eulalia de Valdenebro, y los ganadores de la convocatoria Arteusaquillo, auspiciada por la Alcaldía de la localidad. En total, 50 artistas harán presencia durante las siete horas que dura el evento. Todo será gratuito.

 

Lenguajes de ciudad

 

Mientras en otras ciudades del mundo los curadores proponen un leitmotiv concreto, Lozano y Harribey abrieron la posibilidad de que los artistas jugaran con los temas y espacios que ofrecen barrios tan tradicionales y emblemáticos como Teusaquillo y La Soledad, de tal manera que demarcaran la línea de las propuestas artísticas que hoy se exhiben.

El resultado es una colección de propuestas que abordan problemas urbanos o convierten el espacio público en materia prima para sus lenguajes estéticos, la mayoría haciendo usos de técnicas de vanguardia.

Laura Ramírez, una joven videojockey que tiene como alias Óptika VJ, utiliza el mapping (proyecciones visuales sobre superficies no tradicionales) y, en sus palabras, le “da vida” a una fachada de una casona clásica del sector. Otros artistas intervienen espacios icónicos de Teusaquillo, como el Parkway y el río Arzobispo.

También hay quienes abordan desde lo plástico discusiones de la vida pública. Rafael Puyana y Dafna Vallejo juegan con los códigos de los vendedores ambulantes, justo en momentos en que la ciudad decide cómo garantizar su derecho al trabajo sin que se invada caóticamente el espacio público. Entre tanto, con la instalación de un carro brutalmente chocado al costado de una vía, el Colectivo Bajo el Sol convierte en reflexión estética la violencia vial de la ciudad.

Se trata de “resignificar y reinventar el espacio que habitamos”, dice la artista Alicia de la Torre, cuya propuesta de proyectar un sinnúmero de ojos sobre la fachada de la iglesia del Espíritu Santo parece hacer eco de lo que la misma Mónika Barrios se ha propuesto para esta noche: lograr que los bogotanos vuelvan a mirar a su ciudad, le den otros sentidos y recuerden “que hacemos parte de ella y tenemos que ayudar a que vaya hacia delante”.

Temas relacionados