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Cultura 10 Abr 2013 - 6:08 am

Un humanista de hechos

Tras la muerte del escritor José Luis Sampedro

El economista dedicó su vida a buscar, a través de su escritura, “que los pobres fueran menos pobres”.

Por: Adriana Marín Urrego
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“Creo en la vida todopoderosa / Creadora de los Cielos y de la Tierra / Creo en el hombre, su avanzado hijo / concebido en ardiente evolución / progresando a pesar de los Pilatos / e inventores de Dogmas represores / para oprimir la Vida y sepultarla”. Así comienza el credo personal de José Luis Sampedro, un escritor y humanista español que falleció el domingo 7 de abril en su casa de Madrid. La noticia sólo se conoció hasta este martes por deseo de Sampedro: quería morir en calma, sin ruido ni actos de homenaje. Eso fue lo que intentó buscar su esposa, Olga Lucas, con la que se había casado en 2003 y quien, según afirmaba, hacía que “su moribundez fuera satisfactoria”.

Fue un economista quien, además de escribir sobre economía, publicó varias novelas. Dedicó su vida a pensar en sociedad. Lo demostró con su trabajo y con su actitud crítica frente a lo que sucedía en el mundo. “Hay dos tipos de economistas”, decía, “los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajan para hacer menos pobres a los pobres. Gran parte de lo que está pasando hoy en día se debe a los primeros”. Y también extendía la crítica de su oficio a las actitudes que, generalizadas, alejaban al mundo de ser un lugar mejor: “Es asombroso que la humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como ‘competitividad’ sean las que mandan frente a palabras como ‘convivencia’”, declaró en uno de sus discursos.

Su pensamiento lo demostraba con hechos. Hizo parte y fue uno de los referentes intelectuales y morales de los indignados del 15-M, un movimiento ciudadano formado en España a raíz del 15 de Mayo, cuya intención era promover una democracia más participativa, alejada del bipartidismo y del dominio de bancos y corporaciones. Abogaba por los pobres y se fortalecía como crítico del capitalismo. Siguiendo esta misma línea de pensamiento, fue quien firmó el prólogo de la edición española de ¡Indignaos!, un relato del francés Stéphane Hessel que invitaba a las nuevas generaciones a revelarse, pacíficamente, frente al sistema.

Su vida se dividió, casi, entre la literatura y los viajes, aunque también se dedicó a la política durante algunos años. Viajó desde muy pequeño e, incluso, antes de nacer, ya era un ciudadano del mundo. Su padre era cubano, su madre de Argelia y sus abuelos de Manila, de La Rioja, de Alicante y de Lugano (Suiza). El trabajo de su padre, un médico militar, lo llevó a recorrer el mundo. Nació en Barcelona y vivió su infancia en el Norte de África. Luego regresó a la península y residió en Cihuela, Zaragoza y Aranjuez. La guerra Civil, la vivió en Santander . Luego estudió en la Universidad Complutense de Madrid. Sus viajes potenciaron su curiosidad.

Era un lector voraz y cuando le preguntaban decía con humor que prefería ser libernauta a ibernauta, para navegar entre libros. Encontró la comodidad en la literatura y se dedicó a escribir. Entre sus obras narrativas se encuentran El rio que nos lleva (1961), Octubre, Octubre (1981), La sonrisa etrusca (1985), La vieja sirena (1990) y La senda del drago (2006), entre otras y entre sus obras económicas aparecen títulos como Las fuerzas económicas de nuestro tiempo (1967), Sobre política, mercado y convivencia (2006) y Economía humanista. Algo más que cifras (2009).

Dentro de los principales reconocimientos a su carrera profesional están el Premio Nacional de las Letras españolas que recibió en 2011 y la Orden de las Artes y las Letras de España. Fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua en 1991.

Una de las mentes más brillantes de España, durante el siglo XX, murió en su casa, tranquilo, después de haberse tomado un granizado de Campari. “Ya me siento mejor”, le dijo a los que lo acompañaban antes de dormirse, para morir, un rato después, en la misma posición.

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