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Cultura 17 Ago 2013 - 9:00 pm

‘Oráculos’, en la Casa del Teatro Nacional

Un bien intrasferible

El director y dramaturgo colombiano Enrique Vargas creó el Teatro de los Sentidos para jugar y desenmarañar misterios sensoriales.

Por: Juan Carlos Piedrahíta B.
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La obra ‘Oráculos’ está basada en mitos y rituales universales. / Fotos: Teatro Nacional

La mejor televisión que ha visto Enrique Vargas la vio en Caicedonia, su pueblo. Al director y dramaturgo colombiano le gustaba irse alrededor del fogón a escuchar los cuentos de los trabajadores de la finca en la que se crió. No tenía permiso de quedarse hasta tan tarde con los adultos y por eso se ocultaba debajo de la mesa para participar de la jornada lúdica y cultural, y ver cómo cambiaban sus comportamientos cuando eran guiados por la luna.

Los grandes, sin tener la noción de la presencia del intruso, contaban cuentos y mientras enriquecían sus relatos, Vargas veía desde su posición estratégica cómo se reflejaban las sombras en la pared. Protegido por una tabla y un mantel, era testigo del proceso de transformación de las figuras amorfas en monstruos definidos, guerras totales y castillos encantados. 

Se formó escuchando cuentos y nutriendo su imaginación. De alguna manera eso era lo que pretendía encontrar en la Escuela de Arte Dramático, en Bogotá. Sin embargo, no pudo repetir el ambiente de la plaza de mercado de Caicedonia, ni la atmósfera que producían los titiriteros y los cirqueros cuando visitaban la región. En la capital halló, en cambio, la disciplina de grandes maestros, y una forma interesante de expresarse a través del teatro, pero no fue lo único.

 “Los montajes que yo realizó están basados en los juegos que yo hacía de niño y reflejan lo que viví en la zonas rurales de Colombia. Para mí, el secreto está en el deseo de volver al espíritu de esos años y eso es lo que me motiva a hacer teatro. Creo que mientras uno más juegue, puede descifrar mayores misterios, que por lo general están ocultos en el juego. Se trata del cómo sin perder el placer de jugar, sin tomárselo muy en serio, llegar a sentir la resonancia de lo misterioso”, comenta Enrique Vargas quien después de su paso por la Escuela de Arte Dramático se inscribió en la cátedra de Antropología Teatral, en Michigan. Allí, comenzó a valorar a Lope de Vega, a Calderón de la Barca, a mirar con otros ojos al denominado teatro clásico, pero también identificó que éso no era lo suyo y que las artes escénicas, por lo menos para él, estaban más relacionadas con experiencias corporales que con poemas de antaño.

Para adquirir horas de vuelo con su cuerpo, Vargas fundó el grupo teatral de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), realizó un trabajo antropológico con los niños indígenas en Amazonas y Orinoco, se metió de lleno en la cotidianidad de colectivos juveniles en las zonas marginales de la capital colombiana, y colaboró en la conformación del colectivo artístico de la Cárcel Modelo de Bogotá.

“Lo que siempre traté de hacer en esos momentos fue motivar la experiencia de sentir. Por lo general, eran talleres sensoriales, sintonizados con la idea de que uno es la mitad de uno mismo y la otra mitad es su expresión. Primero que todo eran talleres que buscaban relacionar los juegos infantiles tradicionales con la pregunta: ¿cómo compartir un juego y cómo volverlo teatro? Todo siempre ha girado en torno al juego”, cuenta Vargas quien diseñó la cátedra de Dramaturgia Sensorial en la Universidad Nacional de Colombia y después tuvo a su cargo el posgrado ‘Poéticas de los sentidos’, en la Fundación Universitaria Girona, España, instancias que le enseñaron a identificar que su trabajo creativo iba algunos pasos adelante de su reflexión teórica.

Gracias a esta iniciativa algo inversa en él, el director y dramaturgo colombiano participó en el proceso de gestación del llamado Teatro de los Cojones, en Nueva York, la semilla de su proyecto más sobresaliente, el Teatro de los Sentidos. Este colectivo le debe buena parte de su reconocimiento a las condiciones otorgadas por la Universidad Nacional, institución que motivó las investigaciones culturales y le dio la oportunidad a Enrique Vargas de liderar una compleja compañía artística. 

“En el Teatro de los Sentidos fuimos confluyendo varios artistas por intereses comunes y de hecho las obras se hacen porque hacemos un trabajo de investigación y de creación que es grupal. Lo que yo hago es aportar el punto de inflexión poética pero el colectivo es un grupo creador que podría perfectamente funcionar sin que yo estuviera. Lo que pasa es que la Mona Lisa no la crea el comité de procreación de la Mona Lisa, sino que alguien debe dar un punto de inflexión poética y una orientación a la búsqueda y ese es mi trabajo”, asegura Vargas. 

 El Teatro de los Sentidos le ha dado vida a propuestas novedosas como El hilo de Ariadna, La memoria del vino y Oráculos, y en todas el espectador tiene una experiencia única y personal pues debe realizar un recorrido a partir de inquietudes genuinas. Aquí cada quien aporta su cuerpo, ofrece su carne para sentir, experimentar y motivar la resonancia del arte. Los sentidos permiten tocar y la imaginación posibilita llegar a eso que no se ve, pero para que la imaginación acceda debe valorar tanto el sonido como el silencio. Por eso, cada experiencia del viajero es única, diferente.

 “La experiencia Oráculos está basada en sensaciones arquetípicas primigenias que tienen que ver con el origen de mitos y rituales universales. Lo que estamos buscando es el arquetipo que hay detrás del mito, un mito es un juego de dramatización de arquetipos. Por su parte, el tarot es solamente un compendio de imágenes, de sensaciones arquetípicas del bajo Medioevo, que viene de una sabiduría muy antigua”, cuenta Enrique Vargas, para quien ha sido fundamental el regreso a Colombia a exhibir Oráculos, un laberinto de azar y sensaciones para despertar los sentidos, después de 18 años de estar radicado en España.

“Lo que más me llama la atención de Oráculos es la posibilidad de escuchar las otredades, escuchar al otro y sentir lo otro que está en ti, en todos de manera especial, allá hay un elemento de escucha que sólo se logra a través del otro, yendo hacia el otro, dejando de ser un cráneo con patas, un ego con patas, oráculos trabaja sobre la escucha, por eso me parece interesante para Colombia”, concluye Vargas, mientras piensa en el estreno de su próxima experiencia fundamentada en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Seguro hará este montaje para probarse a sí mismo y, claro, para seguir jugando.

Oráculos, de Enrique Vargas. Casa del Teatro Nacional (Carrera. 20 No. 37-54). En temporada hasta el 31 de agosto de martes a sábado, recorridos individuales cada cuatro minutos, desde las 6:30 p.m. hasta las 10:47 p.m. Información y boletería: www.teatronacional.com.co

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Opinión por:

solarium50

Sab, 08/17/2013 - 04:43
don juan carlos ,es mejor que lo " transfieran "a la primaria ,para que repase ortografía.
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