Publicidad
Cultura 8 Jun 2013 - 9:00 pm

El río de los recuerdos

La vigencia de un creador de palabras

Hace un año murió Camilo Durán Casas. Sus hijos Ana María y Santiago, junto con el periodista Gustavo Gómez Córdoba, exaltan su memoria.

Por: Redacción Cultura
  • 116Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/cultura/vigencia-de-un-creador-de-palabras-articulo-426684
    http://tinyurl.com/msldwhr
  • 0
Camilo Durán Casas, nacido en Neiva en 1954 y fallecido en Bogotá el 9 de junio de 2013. / Cortesía de Camilo Rozo

La cita fue para recordarlo con gratitud y alegría, como si ese sábado 9 de junio en la mañana no existiera y todo siguiera intacto entre sus cosas. Sus gafas marcando la página 183 del libro Anatomía de la influencia, de Harold Bloom, que leía por esos días; su equipo de sonido de los años 70 con tornamesa que nunca dejó de usar para escuchar boleros, sones cubanos o cantos de bossa nova, o su espléndida biblioteca que resume su vida y que su hija Ana María conserva diseminada en su apartamento, que ahora parece dispuesto para honrar su memoria.

Los maestros rusos, los episodios nacionales de Pérez Galdós, los escolios de Nicolás Gómez Dávila, la herencia poética del siglo de oro español, Neruda, basta una mirada para entender porque a su ingenio le agregó saber. El encuentro fue para reconocer a Camilo Durán sin garfios de nostalgia o de dolor y, a tono con la noticia que fue su ritmo, la búsqueda empieza con Interbolsa. “Se estaría dando gusto desmenuzando este escándalo, pues siempre le oí decir que la bolsa es un negocio de mentirosos que juegan con la plata de los demás”, apunta el periodista Gustavo Gómez.

En la cabina de Caracol Radio, desde el primer café sobre las seis de la mañana, terminaron por consolidar una estrecha amistad profesional que niveló sus repentismos: “Ese asunto tan denso habría sido perfecto para sus certeras disertaciones de economía”, agrega mientras destaca que todo el rollo de los repos de Fabricato, del fondo Premium y demás abusos, lo tendría encantado afilando su peculiar estilo en el micrófono: “Respetuoso con sus entrevistados sin taparles nada, fino para el humor sin asomarse a la ofensa, sutil a la hora de informar descubriendo verdades”.

Lo resumió hace un año cuando se enteró de su súbito adiós: “Camilo siempre supo para qué se habían inventado las palabras”. Con letra de cazador de momentos, las forjaba como tallando diamantes en su cuaderno de notas y luego las volvía mensajes de Twitter que parecía creado para sus dedos largos. Gustavo Gómez guarda como un tesoro esa libreta forrada en cuero de Instrumentaria y en ella se leen más que sus sarcasmos: “Pago condena por unos actos que de haberlo sabido los volvería a cometer”. “Estoy tratando de vencer la pereza de escribir para instalarme en ella”.

Sus hijos Ana María y Santiago crecieron entendiendo que esas rarezas no eran inútiles juegos de vocablos, sino sagaces ejercicios para el intelecto. “Cuando éramos niños y la algarabía familiar dominaba, su truco para el deleite eran sus desafíos. Como la vez que nos desubicó a todos con un reto imposible: le doy ya un Nintendo al que me diga cómo se dice colibrí en inglés”, recuerda ella. “Un domingo secundó mi capricho de sumarme a los comandos azules y en pleno partido me indujo a saltar con las barras bravas mientras él se reía de mis temores sentado en la parte alta de la tribuna”, añade Santiago.

Así era su talante irreverente. Hijo mayor de ocho hermanos, socio y vecino de su padre en la empresa de corredores de bolsa Durán Casas S. A. Él y los suyos en el apartamento 201, a pocos metros de la avenida Chile con carrera 7ª. Sus padres Julio y Michín en el 202. Sangre de su sangre, amigo de sus amigos, pero con criterio suficiente para salirse del molde. Feliz con su batería rockera, cantando vallenatos clásicos o recorriendo las calles de La Candelaria, pero con desgano para los cocteles, las etiquetas o el agite de la visa, los pasaportes y las maletas de los viajes.

“Cumplía años el 31 de diciembre, pero esquivaba tanto el happy birthday como el Año Nuevo. Además, agradecía que no lo fueran a felicitar el Día del Padre. En cambio era feliz repitiendo una y otra vez la primera película de El Padrino, lloraba escuchando la voz de Juan Rulfo o Cortázar leyendo sus textos en audiolibros, nunca fue hombre de piscinas, jamás le vimos un vestido de baño, era remiso para bailar, lo suyo era beberse un whisky o fumarse un Pielroja a la sombra de un palo de mango en el club El Puente, entre Melgar y Girardot”, recuerdan Ana María y Santiago.

Siempre se burló de la parafernalia de los dueños de fincas de recreo y en la revista Soho dejó escritas sabrosas diatribas contra los paseos en carpa o los condumios de remate de las corridas taurinas, con cachacos vestidos de boina y traje andaluz. No tomaba trago en el almuerzo, pero sí en la noche con sus amigos. Si se emborrachaba se iba tranquilo o susurrando su vallenato preferido, Amor sensible. Nunca le faltó su loción Roger Gallet y por última vez se la aplicó la víspera de su muerte, cuando se fue a una fiesta con Iván Villazón en el club Colombo Libanés.

Gustavo Gómez recalca que además, huyendo del mundo administrativo y alejado de los entuertos bursátiles, vivió sus últimos tiempos encantado con el periodismo. En cada pausa del frenesí mediático dejaba aflorar sus señas particulares: “Cero ostentación de saber, experto en golf o Super Bowl, pero siempre fuera de los micrófonos, caballeroso con las damas, serio con los que lo saludaban de suegro o hacían chistes homofóbicos, pudoroso al momento del protagonismo ajeno y excesivamente juicioso para preparar sus temas antes de salir al aire”.

No muy distinto al protocolo familiar. “En mi fiesta de 15 años en el Metropolitan Club, con toda la solemnidad a bordo, a la hora de bailar el vals, el show corrió por su cuenta. Le pareció lobísimo trenzarnos juntos en la danza del Danubio azul de Strauss y, en un descuido de los organizadores, cambió la pieza musical por la canción brasileña País tropical. La seriedad se fue al piso, mis amigas saltaron radiantes a la pista de baile y el asunto terminó como una comparsa del Carnaval de Río”, rememora Ana María, mientras insiste en que su lección predilecta era ceder al desparpajo sin perder el foco.

Santiago la respalda con otras remembranzas: “Le encantaban las cosas finas, pero no convertirlas en fetiches. Una vez en el restaurante La Brasserie, un amigo le ofreció un whiskey carísimo. Esto no se ve todos los días, comentó agradecido, y empezó a aplicárselo como una loción en medio de la risa colectiva. Otra vez me quitaron el carro por estar manejando con unos tragos entre pecho y espalda. Lo llamé a que me ayudara a salir del problema y respondió con un dardo suficiente: tus putas las pagas tú. Ese día entendí que la única opción ante los problemas es encararlos”.

En su cuaderno de notas quedó escrito: “Cada vez que mi alma se encuentra en reposo quisiera tener un hijo. La paternidad no es una necesidad natural, es la obligación de prorrogar nuestra instantánea felicidad. Volver a nacer, por supuesto”. Suficiente receta de amor filial sin orillas, más bien encauzado hacia la educación, la lectura, la sencillez y el carácter. “Si te tocó te tocó y no hay que llorar por eso. Si te robaron la billetera cómprate otra. Si te gustan las cosas finas no sufras por el precio. Si quieres a ir a una fiesta sin permiso, escápate, pero asume las consecuencias”.

Antes del último brindis en su memoria un utópico interrogante: ¿Cómo imaginarían a Camilo en unos años si su corazón no se hubiera detenido a los 57? “No sabría pensarlo porque le tenía terror a la vejez, a que llegara el día en que no fuera capaz de hacer pipí solo. Por eso era imposible llevarlo al médico”, se adelanta Ana María. “Por lo menos hoy estaría sacándole chispa al anuncio del presidente Santos de que quiere reelegir su política y en noviembre decidir si él va en el paquete”, agrega Gustavo Gómez. Santiago se queda en silencio, deja ver en su rostro una mueca de impotencia y concluye: “Se habría gozado a sus nietos”.

sadsdsdd@elespectador.com

@sdsdsdsdsd

  • 0
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • No paran las críticas por rumba hasta las 5 a.m. en Bogotá
  • Casper Smart olvida a Jennifer Lopez
  • Venta de camisetas de James Rodríguez rompe récord en el Real Madrid

Lo más compartido

Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio