Por qué volver a Bolívar

El último libro de Juan Guillermo Gómez es el más antiacadémico que ha escrito. El fin: resignificar la figura olvidada de Bolívar y su valor histórico.

En La Carta de Jamaica 200 años después: vigencia y memoria de Bolívar, Juan Guillermo Gómez (profesor de la Universidad de Antioquia y de la Universidad Nacional de Medellín) va llevando al lector, casi de la mano, por la historia del constitucionalismo en el país, con Bolívar como figura central en el momento de su origen. Gómez se centra en la Carta de Jamaica, en su vigencia, y en las imágenes históricas de Bolívar y sus facetas intelectuales: “Bolívar fue un maestro de la lengua. Este es un llamado a disfrutar a Bolívar como un enorme literato”, dice. En la segunda parte del libro, la más conceptual y contemporánea, Gómez aborda el robo de la espada de Bolívar, o el Bolívar del M19 y “su carácter farandulero”, y el de García Márquez, Álvaro Miranda y Evelio Rosero, para terminar con Hugo Chávez y su reactivación de la figura del Libertador para el presente. La propuesta es volver a mirar nuestro pasado olvidado, y la vigencia de lo que se quedó en ese olvido.

Usted ha escrito acerca de varios temas, sobre todo de Rafael Gutiérrez Girardot. ¿Por qué escribió esta vez sobre Bolívar?

El libro fue el producto de un accidente o de una imprudencia que cometí cuando se hacía la presentación de El último inquisidor, de Jorge Andrés Hernández. En la presentación de ese libro se anunció que dentro de los libros de la quema que hizo el procurador en Bucaramanga estaban los libros de Simón Bolívar. Ese fue el primer llamado. Este año, además, se cumplen 200 años de la Carta de Jamaica (septiembre de 1815), la base de nuestro constitucionalismo republicano. Así pues Alfonso Carvajal, editor de Ediciones B, me dijo que lo escribiera. Me enfrenté a un proceso que nunca en mi vida había hecho: hacer, casi, un libro por encargo. Los académicos estamos acostumbrados a hacer nuestros trabajos sobre una carrera académica trazada. En este caso la cosa fue accidental. Asumí la empresa y la osadía académica porque rebosaba enormemente mis propios principios de especialidad. Este proyecto nació así, inesperadamente. Por eso creo que ha sido tan interesante. Fue un solo desvelo de ocho meses.

¿Cuál es el contexto histórico de la Carta de Jamaica y su importancia?

La Carta está enmarcada en la invasión napoleónica de 1808, en la Primavera Negra, que ocasiona el primer grito de independencia en América, seguido por la Patria Boba. Justo hace poco, en su último discurso, el presidente habló de la Patria Boba. Creo que no la entiende, pero no importa, es una manera de mostrar que los colombianos somos bobos, o seguimos de alguna manera más cerca de la bobería que de la inteligencia. En ese entonces era la división: divisiones entre los países y divisiones regionales. Cada provincia quería tener su propia autonomía. Aún hoy se sienten relegadas del centro.

La Carta de Jamaica es un texto breve, es un texto supremamente claro y es un texto actual, pero ni siquiera la brevedad del texto ha hecho que los colombianos lo lean. Esta es una ocasión para recordar que la Carta de Jamaica es constitutiva. ¿Qué dice? Primero, que debemos independizarnos de España, y Bolívar lo dijo en el momento más depresivo de su vida: estaba acusado política y militarmente, y estaba en la ruina. Sicarios contratados por la monarquía lo perseguían. Segundo, la Carta dice que es necesario un republicanismo constitucional, no jacobinismo, no monarquía constitucional, como la española. Hasta hoy los españoles no se han podido pensar sin rey. Franco o el rey, pero de república, poco. Bolívar en cambio era republicano. Podía serlo a imagen del republicanismo norteamericano, pero bueno, al fin y al cabo lo era. Y este no era un tema fácil porque monarquistas fueron San Martín y los mexicanos. El gobierno de nuestros países no se concebían sin un rey.

Lo tercero que rescata Bolívar en la Carta es la unidad continental, y a eso, creo yo, es a lo que se debe hoy la vigencia de la Carta de Jamaica. No sólo lo dice Correa cuando llega el papa Francisco a Ecuador, también lo dice el papa cuando llega a Bolivia: hay que hacer la magna patria para enfrentar el poderío europeo y norteamericano. Esa era la idea de Bolívar. Conformar una fuerza político-militar grande que pudiera contrarrestar el dominio, las intenciones de los imperios, de volver a invadir. Fernando VII se murió pensando que estos eran territorios legítimos de la colonia española. Entonces Bolívar, en 1815, estaba desafiando a un gran imperio con su antimonarquismo, el antiimperialismo y la unidad continental como base para contrarrestar el poder de las potencias. Las autonomías regionales siguen siendo una asignatura que se le debe al proceso de formación de la nación.

La segunda parte del libro se centra en la imagen de Bolívar en la historia. Usted no está de acuerdo con la del Bolívar dictador y asesino, y critica fuertemente a Rafael Sañudo y a Evelio Rosero por “La carroza de Bolívar”. ¿Por qué afirma que es una lectura equivocada?

Como todo símbolo plural, Bolívar tiene admiradores y detractores, gente que cree que fue una calamidad política. Yo creo que Sañudo es desafortunado porque nadie puede pensar en realidad que alguien que haya hecho la Independencia, trazado los horizontes político-constitucionales de nuestros países y haya escrito lo que escribió Bolívar sea un intrigante, un asesino, un cobarde. No podemos pensar que un continente le haya reconocido la grandeza a un tipo tan miserable, eso hablaría mal de todos nosotros, significa que admiramos lepras morales. Uribe es una lepra moral, pero su enfermedad se está curando en el país. Bolívar es otra cosa. Quien lea a Bolívar querrá leer sus cartas, acercarse a él en su grandeza moral. Un miserable no escribe como él ni sobre lo que él escribe. Sin embargo, hay que admitir que Sañudo –y Rosero de paso– se equivocan por razones regionales. Bolívar violentó a Pasto, obligó a la provincia a aceptar la independencia. ¿Y por qué Pasto era anti independentista? No era que los pastusos fueran bobos: quedaron como bobos en el imaginario nacional, pero ellos estaban era reclamando su autonomía regional. No quiero discutir las autonomías regionales, sino la imbecilidad de los historiadores y las tonterías de un novelista tan importante como Evelio Rosero. La carroza de Bolívar es una novela excelente, pero allí Rosero es bueno como novelista y pésimo como historiador. Un novelista historiador debe hacer sentir voces diferentes dentro de la novela, y él se pega a Sañudo, a la diatriba anti bolivariana, en vez de crear una tensión narrativa que le permita al lector tener la libertad de pensar si Bolívar fue o no fue grande. Una novela histórica debe generarle un equívoco al lector, una tensión irónica. Una novela no es un panfleto.

¿En qué se diferencia el Bolívar de Chávez del de nuestra tradición en Colombia?

Chávez fue un gigante, un hombre capaz de reconstruir todo un itinerario histórico, y por eso hizo memoria. Hoy sólo se habla de memoria en un sentido traumático. La memoria histórica hay que llorarla. Las víctimas fueron y son el último eslabón de la violencia en Colombia y hay que generar una terapéutica nacional. Pero la memoria no puede ser solo traumática. En Colombia, además, con el Frente nacional no sólo se borran las diferencias partidistas, sino que se levanta un muro, más grande que el de Berlín, de olvido histórico, para que olvidemos la historia. Y el olvido histórico es, precisamente, un factor determinante de la violencia cultural.

¿Por qué es importante recordar, estudiar, presentar de nuevo la figura de Bolívar hoy?

Es tan importante como recordar que tenemos una tradición política e intelectual. Es recordar que por nosotros no solo piensan intelectualmente Europa y los Estados Unidos, que tenemos ya una asimilación de la cultura europea. Bolívar es una raíz sin la que no podemos pensar la nacionalidad. Parte de lo que somos, de nuestra tradición política, del constitucionalismo, se la debemos a Bolívar. No toda la filosofía política es europea. Este es un motivo para pensar nuestra tradición intelectual. Tenemos una patria, y esta patria es de hombres que han pensado este país dándole una configuración a nuestras naciones. Esos son valores y legados intelectuales y culturales que deben ser rescatados.

¿O sea que hay una relación entre la figura de Bolívar y una identidad latinoamericana?

Claro. Con Bolívar hay una visión de la historia esperanzadora. Con Bolívar fue evidente que ya no había marcha atrás. La vigencia de Bolívar es la esperanza por la unidad latinoamericana. Sin ello, diría él, nada. Estamos perdidos. Hay muchos libros sobre Bolívar, pero no sobre Bolívar en Colombia, dice Jorge Orlando Melo. Yo creo que este libro se propone resarcir esa deuda, al menos mínimamente.

 

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