¿Y de los colombianos qué?

En Cartagena, algunos músicos nacionales tuvieron la oportunidad de tocar al lado de las figuras más representativas de la escena mundial.

Q-Arte durante su presentación en la Iglesia María Auxiladora. / Carlos Pineda

A Angélica Gámez la han visto crecer los escenarios. Los viejos asiduos a los conciertos se acuerdan de cuando ella era niña. La ahora experimentada artista es uno de los violines del Cuarteto Manolov, que con once años de historia es uno de los más queridos de la escena nacional. Aunque fueron invitadas agrupaciones con más de medio siglo en la espalda, como el Cuarteto Borodin, los años de permanencia de este grupo de cámara son todo un hito. “Los músicos colombianos nos hemos dado cuenta de que la única manera de hacer un trabajo serio es tocar juntos muchos años”, cuenta el chelista Juan Pablo Martínez.

En su concierto, que concluyó la Serie de Música del Nuevo Mundo, se escucharon obras exclusivamente colombianas, demostrando que el elemento que identifica nuestra música es su tremenda diversidad. En el escenario, junto al percusionista cartagenero Rodny Teherán, colaborador de Carlos Vives, emocionaron al público hasta casi ponerlo a bailar. Muchos eran extranjeros sorprendidos por los aplausos espontáneos, algo que casi nunca pasa en el refinado recital de un cuarteto de cuerdas.

La sensación debió ser parecida en el momento en que el Ensamble Agile se presentó en Il Giardino de Pinocchio, en la Toscana, para mostrarle a Europa cómo suenan un arpa llanera, un clarinete y una bandola juntos. Colombia está en busca de un sonido que lo identifique y lo ponga en una esfera similar a las propuestas de Argentina y Brasil.

Al cuarteto Q-Arte lo une la sangre: dos de sus integrantes, Liz y Diego García (chelo y violín), son hermanos, por eso es fácil encontrarlos en el hotel ocupados con sus hijos que chapotean en la piscina. Ellos, al parecer, siguieron el consejo de Katia Labéque, quien dijo: “Si quieren resolver problemas entre hermanos hagan música juntos”, y juntos trabajaron en la misión de interpretar los temas del compositor Nino Rota con la Banda Radar, logrando dialogar espontáneamente con el grupo italiano mientras gigantescas grúas de descarga y yates de lujo hacían de telón de fondo.

En medio de este impresionante panorama me encuentro a Julieth Lozano, joven talento colombiana invitada al Festival junto con otras tres promesas musicales. Al escuchar a esta soprano se puede fantasear con un glorioso futuro para nuestros intérpretes en el competido mundo de la música clásica.

En este grupo de jóvenes talentos también se destaca el pianista Julián Pernett, quien aunque vive en Bogotá, cuando toca logra trasportar a su público al mar Caribe, gran influencia para Barranquilla, tierra de sus padres. Estas promesas de la música en Colombia van a cerrar mañana la serie Oro de Santa Clara, acaso para recordarnos que el Festival es ya patrimonio del país, “nuestro país de muchos ritmos, nuestro país de frutas y colores”, dijo el Cuarteto Manolov antes de tocar.

 

* Músico