A propósito de las lenguas nativas

¿Y si le echamos una ojeada a la literatura indígena?

Miguel Rocha, con más de diez libros publicados sobre oralitura de los pueblos indígenas de Colombia, es el ganador del Premio Casa de las Américas 2016.

Miguel Rocha, quien lleva más de una década investigando oralitura indígena, con más de diez libros publicados, coautor de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, Ph.D, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y actualmente profesor de planta del Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana, obtuvo el Premio Casa de las Américas 2016 con su libro Mingas de la palabra.

La última vez que un autor de estas tierras ganó tal premio fue en el año 2000, con la obra poética Encuentros en los senderos de Abya Yala, de Vito Apüshana (Miguel Ángel López), poeta indígena de la nación wayuu nacido en 1965. Abya Yala, para la nación kuna que habita en Panamá, es el verdadero nombre de lo que entendemos por América y significa “Tierra en plena madurez”.

Hasta ese entonces había pocos pero significantes indicios de divulgación literaria indígena: por un lado, la escritora Berichá (una joven u’wa) publica una autobiografía titulada Tengo los pies en la cabeza, en 1992. Por el otro, la Universidad de La Guajira, junto con la Gobernación de ese departamento, publican una cartilla en el mismo año, donde aparece la firma del mismo Vito Apüshana. Además, el Festival Internacional de Poesía de Medellín de 1992 pasó a la historia como el primer año en que tuvieron entre los invitados a un autor indígena: Abadio Green (nación gunadule). Pero luego, en 1997, ocurriría algo revolucionario, pues ya no se trataba solamente de una divulgación en el entorno literario, sino de un medio de comunicación: el escritor Fredy Chikangana (nación yanakuna) publicó el artículo “La oralitura” en este diario. Un año después, otra mujer indígena fue publicada, Vicenta Siosi, después de que su nombre se reconociera gracias a su cuento Esa horrible costumbre de alejarme de ti(1995) y en 1998 recibió una mención de honor en el concurso Enka, Premio Andino y Panamá de Literatura Infantil por su cuento El dulce corazón de los piel cobriza. Después, en el año 1999, Hugo Jamioy publicó su primer libro, Mi fuego y mi hugo, mi tierra y mi sol.

La Habana, Cuba, enero de 2017. Rocha y a su lado el poeta Hugo Jamioy. Hablan, dicen, cuentan de otra forma de leer y concebir el país, este, desde las oralitegrafías, la compleja fusión de oralitura y cartografía: una lectura de Colombia desde los textos (tejidos de palabras) indígenas, acatando el vínculo inherente entre las obras literarias de los relatores indígenas con sistemas de representación y de comunicación oral y literaria que expuso Hugo Jamioy en su libro Danzantes del viento, publicado por primera vez en 2005 y editado después en 2010, cuando se integró a la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia.

Mingas de la palabra analiza la oralitura indígena, que se ha transformado en letra impresa, de autores cuyos orígenes provienen de diferentes partes del territorio “colombiano”. El análisis se hace desde la noción de textualidades oralitegráficas, junto con el estudio de literatura comparada que demuestra los distintos sistemas de símbolos presentes en las literaturas de estos pueblos indígenas.

Así pues, tras muchos años de investigación, Rocha trae un exhaustivo estudio sobre la diversidad y la profundidad de la literatura indígena en un continente cuya sociedad está inmersa en la tradición del canon literario eurocentrista y desconoce la literatura indígena. Esto sin ánimo de menospreciar dicha literatura canónica, pero con ánimo de gritar en contra del constante ignorar el arte creado por indígenas, así como las lenguas nativas (69) aún vivientes en este país y que, por cierto, hace unos días el Instituto Caro y Cuervo conmemoró con el Día Nacional de las Lenguas Nativas.