Tota: el lago desnudo

Las prácticas inadecuadas de pesca y cultivo continúan degradando el mayor lago de agua dulce del país.

La Red Mundial de Humedales encontró motivos suficientes para declarar al Lago de Tota (Boyacá) como uno de los humedales más degradados del mundo, en una ceremonia celebrada en Rumania el pasado fin de semana.

El 18 de marzo cerca de 30 colombianos encontraron también razones para quitarse la ropa, meterse al agua helada del lago y hablarle duro al Gobierno Nacional sobre el avanzado deterioro del ecosistema que abastece de agua a más de 400.000 personas de Boyacá, Arauca, Meta y Casanare.

Motivados por la Fundación Montecito, recurrieron a la desnudez para captar la atención de los ciudadanos y las autoridades que durante décadas han permitido que se expandan las hectáreas de cultivos de cebolla, cuyos abonos y pesticidas terminan contaminando el agua.

Las mismas autoridades que entregaron las licencias para que se implementaran cultivos flotantes de trucha en grandes jaulones, práctica considerada en otros países como insostenible por los impactos ambientales que generan sus desechos. La trucha, al parecer, también trajo la extinción del pez graso colombiano de las aguas del lago, del que no se volvió a saber desde 1958.

Pero estos no son los únicos problemas que afronta el lago, ni las únicas razones que encontró la World Wetland Network (Red Mundial de Humedales) para entregarle el premio Globo Gris y con él declararlo uno de los humedales más amenazados y descuidados del planeta.

El uso irracional e incontrolado del agua por parte de industrias, como la minería y la explotación de hidrocarburos, y de los agricultores también amenaza al lago que es el responsable de suplir el recurso hídrico del 25% de Boyacá.

“El Lago de Tota debe convertirse en un orgullo nacional en manejo de humedales y recurso hídrico, no en motivo de vergüenza administrativa, que es lo que ha sido hasta ahora”, dijo desde Bucarest Felipe Velasco, director de la Fundación Montecito, organización que postuló el lago a los premios de la WWN como un paso más en su lucha por incluirlo dentro de los humedales protegidos por el Convenio Ramsar, que Colombia firmó hace 15 años.

Desde 1997 el Gobierno sólo ha introducido en el convenio cinco sitios del territorio nacional, dejando por fuera lugares como el Lago de Tota, que posee todos los requisitos para ser incluido en el acuerdo de preservación.

Sobre la pasividad del Estado, Omar Lizarazo, director encargado de la Corporación Autónoma de Boyacá (Corpoboyacá), dice que parte del problema se debe a que en los últimos 50 años el lago ha sido administrado por distintas instituciones. “Hace menos de 10 años está en manos de Corpoboyacá, que debe distribuir en más de 80 municipios los $15.000 millones anuales que tiene para invertir. Son recursos insuficientes para preservar el lago, que ya tiene un grave proceso de deterioro”.

Según Lizarazo, Corpoboyacá le ha pedido en distintas ocasiones al Gobierno Nacional que asuma parte de la conservación del lago, por ejemplo, a través de la adjudicación de recursos de regalías, pero no han sido escuchados.

Lizarazo anunció que por el momento se firmó un convenio con el Incoder, el cual le pondrá límites a las zonas de cultivos alrededor del lago, que “en menos de un año deberán estar definidas”. A esta política se suma una más aprobada en el Plan de Desarrollo del departamento el mes pasado, que busca erradicar la pesca de trucha en jaulones.

Pero existe un asunto más que el Gobierno tendrá que aclarar. Aunque la Ley 84 de 1968 ordenó que los terrenos en los que está ubicado el Lago de Tota fueran destinados para la creación de un Parque Nacional, y la página web del la Red de Parques Nacionales Naturales señala que esta zona tiene el título de reserva, la norma nunca tuvo cumplimiento. Ni siquiera la Red de Parques, al ser consultada por El Espectador, acepta tener jurisdicción en esta zona.

Entonces, si la sociedad civil pide una intervención urgente en el lago, ¿quién responde por Tota?

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