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Economía 2 Feb 2013 - 9:00 pm

Países con altos ingresos siguen en una depresión contenida

Peligroso camino a la recuperación

Aunque la confianza en medio de la crisis económica ha mejorado, los países no tendrán una senda fácil para reponerse de las consecuencias. Según el Fondo Monetario Internacional, el panorama está lejos de ser perfecto.

Por: Martin Wolf / Finacial Times
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El FMI estima que este año Estados Unidos crecerá 2%; Japón, 1,2%; el Reino Unido, 1%, y -0,2% la Eurozona. / EFE

Por primera vez desde 2007 el foco de la discusión en el Foro Económico Mundial de Davos no era la catástrofe financiera. Pero el hecho de que los países ricos no hayan caído en su frágil camino no quiere decir que su recuperación esté asegurada.

Ha mejorado la confianza. Los márgenes entre los retornos de los bonos soberanos de países vulnerables de la Eurozona y los bonos de Alemania han caído sustancialmente. En Italia, por ejemplo, cayó de 5,3% en julio de 2012 a 2,6% en enero de 2013.

¿Qué explica este optimismo? Una razón es que los desastres temidos, como la ruptura de la Eurozona, han sido evitados. Otro es que han ocurrido sustanciales ajustes de poscrisis. Sobre todo en los Estados Unidos, donde el apalancamiento privado y los precios de las viviendas han gozado de un reequilibrio significativo. Pero otra explicación es la mayor confianza en la habilidad de quienes diseñan las políticas. Sobre todo, las políticas ultraexpansionistas de los banqueros centrales.

A pesar de todo esto el futuro está muy lejos de ser dorado. En una actualización de sus predicciones para el Pronóstico Económico Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado un cuadro que está lejos de ser perfecto: crecimiento este año de 2% en los Estados Unidos; 1,2%, en Japón; 1,0%, en el Reino Unido, y -0,2%, en la Eurozona. Sin embargo, el pronóstico para los países emergentes y en desarrollo es más fuerte, con un crecimiento de 5,5%. La economía mundial a dos velocidades sigue en pie.

Con el tiempo, el aumento en la confianza debe estimular el crecimiento. La pregunta es si lo logrará, y hay razones para ser optimista y pesimista.

La razón más importante para el pesimismo es que los países con altos ingresos siguen atrapados en una depresión contenida. El periodo extendido de política monetaria ultrarrelajada, que incluye tasas de interés excepcionalmente bajas y enormes expansiones en los balances de los bancos centrales, es un indicador de ello. Otro es el tamaño de los déficits fiscales en varios países con altos ingresos. Uno adicional es la debilidad de las economías, a pesar de la escala de la política de apoyo público.

De los seis países más grandes con altos ingresos, tan sólo los Estados Unidos y Alemania tuvieron una producción más grande en el tercer trimestre de 2012, que en sus picos de precrisis. Incluso, entonces, el aumento fue pequeño. La producción en Francia, Japón, el Reino Unido e Italia estuvo por debajo de su pico anterior a la crisis. Esto es un panorama miserable.

En la Eurozona, el Banco Central Europeo (BCE) tuvo éxito en eliminar el riesgo de una desintegración de la Eurozona al lograr que Alemania apoyara su promesa de comprar bonos soberanos. Fue victorioso sin disparar un solo tiro. Pero eso no nos dice qué pasaría si tuviera que empezar a disparar. El BCE todavía puede verse obligado a cumplir sus promesas de compra. Nadie sabe qué ocurriría, en particular si los países no estuvieran obligados a cumplir condiciones que se piden para recibir apoyo.

También es posible visualizar la aparición de grandes problemas por parte de la política fiscal y monetaria. Los peligros son los de apretar demasiado pronto o demasiado tarde: si es demasiado pronto podría abortar la recuperación; si es demasiado tarde, podrían enquistarse, de nuevo, las expectativas inflacionarias.

Algunos argumentan que un aumento de la inflación está por ocurrir. Ahora que Japón se ha montado a este tren con la economía de Abe, el nuevo primer ministro, el riesgo es mayor. Sin embargo, dudo que estas profecías, que hasta ahora han resultado ser falsas, se confirmen. Temo más que se produzca un apretón prematuro.

Pero la incertidumbre sigue siendo muy grande. Es dudosa la habilidad de quienes diseñan las políticas para administrar estos riesgos exitosamente, tal como lo dijo Gavyn Davies en un comentario a la intervención que hizo Mark Carney, el próximo presidente del Banco de Inglaterra durante un panel en Davos.

Pero también hay razones para ser optimista con respecto al futuro. Las economías emergentes han demostrado un dinamismo sostenido, incluso si ha habido decepciones. Con el reequilibrio que ha ocurrido, así como con la revolución energética, los Estados Unidos pueden sorprender de forma positiva. Por otro lado, Japón también podría escapar a la trampa deflacionaria. Finalmente, el regreso del capital privado a la periferia de la Eurozona podría dar inicio a un espiral ascendiente de confianza y gasto. La llave al éxito en todas partes serán los ritmos para abandonar las políticas excepcionales.

Los administradores públicos respondieron de forma adecuada. En el caso de la Eurozona, casi fue demasiado tarde. Pero al final el BCE prometió actuar. Esta promesa ha resultado ser sorprendentemente efectiva hasta ahora. Ahora emerge una oportunidad para lograr un crecimiento sostenido, aunque lo menos probable es que acontezca primero en Europa. Aún es necesario un sustancial apoyo monetario y fiscal. Si los administradores públicos quieren sostener el esfuerzo, el mundo podría estar más cerca de la recuperación dentro de un año.

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