Economía |9 Feb 2013 - 9:00 pm
El desempleo juvenil en España jamás había llegado a niveles tan altos
Trabajar en cualquier cosa o emigrar
Mientras la tasa general de paro ronda el 26%, entre los jóvenes de 30 años o menos se sitúa en el 55%.
Por: Nicolás Eliades Vesga / Madrid
Jóvenes desempleados decidieron pedir limosna. Generalmente tocan flauta y van con perros. / Nicolás Eliades
Tras días de reuniones maratónicas entre líderes europeos en Bruselas, para decidir el presupuesto de la Unión para los próximos siete años, el desempleo juvenil prevalece como uno de los problemas más preocupantes. Algunos países, liderados por el Reino Unido y Alemania, quieren aplicar la política de austeridad en el orden regional. Otros, con Francia al frente, prefieren una mayor inversión para fomentar el crecimiento. A pesar de las fuertes diferencias, todos están de acuerdo en una sola cosa: el nivel de desempleo que abruma a la juventud es un problema grave que amenaza el futuro no sólo del gran proyecto de unificación europea, sino también la misma fe en la democracia.
Entre tanto, el presidente español, Mariano Rajoy, ronda las reuniones aspirando lograr un tercio del nuevo fondo para el empleo juvenil. No es para menos, los jóvenes de España viven en la sombra de una crisis laboral inédita.
Los españoles de 30 años o menos, es decir, los jóvenes, nacieron con la democracia. El Estado totalitario de los 40 años anteriores y el yugo asfixiante de una dictadura ultraconservadora, carente de derechos sociales y vestida de puritana, eran para ellos apenas terroríficos cuentos de cuna. La infancia de muchos transcurrió durante míticos años de consolidación democrática bajo el liderazgo del carismático Felipe González y su PSOE (Partido Socialista Obrero Español).
Además de “Barrio Sésamo”, esta generación, hoy indignada, se crió con villanos en la televisión cuyo eslogan rezaba “¡Viva el mal, arriba el capital!”. Se beneficiaron de nuevas leyes que universalizaban la medicina, la educación y el trabajo. Una universalización que derivó en la mayor tasa de universitarios en la historia del país. Estos jóvenes preparados se sintieron parte de Europa y del mundo. Por fin se desvaneció el sentimiento de aislamiento que tenia España con sus vecinos del norte.
Esta generación estaba hecha para triunfar. Y justo cuando este triunfo estaba a flor de piel, España se despertó de una fiesta bochornosa de casi 20 años alcahueteada por bancos y un gobierno con regulaciones laxas. El agua es infernal y la cuenta de los platos rotos cayó, en gran parte, en manos de los jóvenes. Su pago, con asistencia y condicionamiento de la Unión Europea, tiene como altísimo precio la erosión de logros en salud, educación y empleo. La austeridad casi espartana se ha vuelto el pan de cada día de una generación a la que se le había prometido el mundo en bandeja de plata y que ahora no paran de manifestarse en la calle para reclamar aquello con lo que nacieron por derecho.
“No me imaginaba la vida así. Cuando nos dicen que los españoles vivimos más allá de nuestros medios, yo digo... ¡No! Yo vivía como vosotros queríais que viviera. Como me educasteis a querer vivir. ¿Y ahora me dices que no? Que viví como no debía. Pero seguís ricos vosotros. ¿Y yo qué? ¿Qué de mis sueños, de esa vida que tanto me inculcasteis?”, dice Mario Sanz, 30 años. Él está en paro, es decir, desempleado, porque su canal de televisión ya prescindió de sus servicios como coordinador de producción.
Mario se une a una cifra récord y creciente de desempleados españoles. La última Encuesta de la Población Activa (EPA) expone en cifras la dura realidad: casi seis millones de desempleados, un 26% de la población. Y el 55% del llamado “paro” comprende a ciudadanos de 30 años y menos.
El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, calificó este último dato como una “vergüenza totalmente inaceptable”, exigiendo un plan de empleo juvenil que sería promovido por Bruselas. Incluso expresó temor de que “los jóvenes dejarán de creer en la democracia”. Y la realidad es así de dramática.
En estos últimos días el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, queriendo alentar una negociación presupuestaria amarga y divisoria, propuso un fondo dedicado a mitigar el desempleo juvenil europeo. España, con el amargo récord de aportar la cifra más alta dentro de la Unión, recibió unos 900 millones de euros de un instrumento —un 30% del fondo destinado a los desempleados de la agrupación regional, que en principio arrancaría con 3.000 millones de euros para toda la UE.
La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) sugirió que una solución es reducir los derechos y utilizar lo que llama “minicontratos”, es decir, contratar por hora o, como mucho, días. “Aunque los sindicatos los llaman contratos basura, nosotros creemos que es mejor tener a la gente trabajando una, dos o tres horas que cero”, señala Joan Rosell, el presidente de la CEOE.
Desde 2008, más de 300.000 jóvenes españoles han emigrado, de acuerdo con un informe de la Federación Nacional de Asociaciones de Consultoría, Servicios, Oficinas y Despachos (FENAC). “Me fui porque me ofrecieron trabajar en Ecuador y no lo pensé dos veces. La realidad era cada vez mas desalentadora y una oportunidad de trabajar en lo que me gusta y que difícilmente hubiera encontrado en España”, describe Jacobo García, 26, politólogo especializado en Latinoamérica egresado de la Universidad de Salamanca en 2010.
Eduardo Homedes, fisioterapeuta de 31 años, volvió a España el año pasado: “Me di con la realidad en las narices. Me ofrecían sueldos y puestos peores que cuando terminé la carrera hace cinco años, y me di cuenta del impacto de la crisis. Honestamente he decidido irme otra vez más por ser práctico. Estoy en las Islas Reunión desde hace 7 meses”.
Carlos Méndez, 28, obtuvo su diploma en la misma profesión en 2011. Ahora trabaja en el negocio de sus padres, una pastelería y cafetería clásica cerca de la Puerta de Sol en Madrid. “La elección de trabajo como uno quiere no es tan fácil. Puedes trabajar en cualquier sitio realmente”, expone Carlos, sentado en la terraza, mientras se hace un cigarrillo. “Permites unas condiciones pésimas y te van a contratar. Pero tampoco quiero aprender a vivir explotado, ni mucho menos”.
España encabeza la lista de países con la mayor tasa de desempleados profesionales con formación universitaria y el segundo en relación con quienes obtuvieron estudios de secundaria superior y possecundaria no universitaria.
Muchos se plantean esperar la remisión de la crisis estudiando. Si ya tienen estudios, se especializan. Si ya están especializados hacen una maestría o incluso otra carrera. Pero la política de austeridad ha afectado enormemente a la educación, de hecho, la subida de tarifas en las universidades ha sido tal que hoy se dan situaciones, cuando menos, esperpénticas: algunos jóvenes se matriculan en Francia porque allí es más barato. Montserrat Gomendio, la secretaria de Estado de Educación, detalló cómo el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte propuso recortar el subsidio de la primera matrícula en las instituciones públicas.
Dicha medida se ha venido implementando desde septiembre. En vez de asumir un 15% del costo mínimo, el estudiante tendrá que aportar un 25% a los cofres de un Estado endeudado. Es de esperar que esta alza en las tasas imposibilita el estudio para quienes se encuentran sin recursos y con una familia sin ingresos. “No puedo permitir costearme un máster; no puedo dedicar mi tiempo a preparar una beca o hacer prácticas sin pago o poco remuneradas. Tengo que mantenerme, ya que mi familia no puede hacerlo”, relata Alejandro Gómez, 23, recién egresado de una Diplomatura de Ciencias Empresariales.
Pero no todo en este país es una condena a la desesperanza que acecha las conversaciones de una población indignada al reunirse en sus tradicionales cafeterías y bares para discutir la lúgubre realidad pintada por los medios y los políticos. Una crisis puede ser una bendición para una persona e incluso una nación, “puesto que todas las crisis traen progreso”, comentó el famoso científico Albert Einstein, “la creatividad surge de la angustia, como el día surge de la noche”.
Marcos Falcon, 32, decidió ser un “poco arriesgado”. Un buen día, hace tres años, este exitoso profesional especializado en Ingeniería Renovable fue informado que su estable y triunfante compañía iba a cerrar sus puertas. Ante este baldado de agua fría, él y algunos colegas se reunieron en casa aquella noche, rememora Marcos, “nos miramos a la cara y decidimos darle continuidad al proyecto”.
A partir de ahí y uniendo múltiples talentos han forjado la exitosa cooperativa empresarial Arkenova, que reúne las cualidades de cada socio, e incluso otras cooperativas, para sacar adelante una empresa de energía renovable en un mercado que parecía inviable. Hoy esta cooperación entre cooperativas, tildada cooperativa de segundo grado, cuenta con proyectos del Ayuntamiento de Barcelona. “Esta historia de éxito sólo es posible en una crisis. Arkenova es producto de la crisis. Ante un reto, este grupo de jóvenes emprendedoras ha salido adelante. “Seguramente quienes empezamos podríamos haber entrado a una empresa, pero la experiencia ha sido enriquecedora en todos los sentidos” concluye Marcos.
¿Qué propuestas existen para fomentar esta realidad? Ante esta pregunta y otras remitidas a los ministerios de Trabajo y de Economía de España sólo se recibió como respuesta referencias a enlaces a portales de la red. El Espectador no recibió ninguna respuesta directa a las preguntas que se les hicieron a oficinas del gobierno. Uno de los sindicatos más importantes, Unión General de Trabajadores (UGT), contestó de similar manera.
A pesar de los silencios, a los españoles les queda la esperanza de volver algún día. “Salir fuera ha sido enriquecedor. Tengo claro que mi sitio es Madrid y que voy a encontrar la manera de desarrollar mi vida profesional allí”, escribe Eduardo desde Reunión. Jacobo, desde Ecuador, y reconoce “que España es de los mejores países del mundo para vivir”.
A España, por su parte, le queda la esperanza de beneficiarse algún día de las duras experiencias y aprendizajes recolectados por las primeras generaciones de la democracia durante su sufrimiento y exilio en las primeras décadas del siglo XXI.
Por: Nicolás Eliades Vesga / Madrid
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