Bogotá, ¿sitiada?

Los campesinos de Usme y La Calera restringieron el ingreso de alimentos por estas vías. Sólo quedan despejadas las entradas por la calle 80, la calle 13 y Soacha.

Campesinos unidos al paro agrario en la carretera que conduce de Sumapaz a Usme.     / Fotos: Gustavo Torrijos
Campesinos unidos al paro agrario en la carretera que conduce de Sumapaz a Usme. / Fotos: Gustavo Torrijos

Las marchas y los bloqueos campesinos llegaron a la puerta de la capital. El abastecimiento de alimentos está en peligro. Sólo tres de las entradas a la ciudad están despejadas: la de Soacha, la calle 80 y la calle 13. En la vía que conecta la localidad de Usme con la del Sumapaz, fue restringido el ingreso de carga y alimentos. En La Calera, 200 campesinos chocaron con la fuerza pública. Por el norte, el paro en Boyacá sigue limitando la provisión de carga a Bogotá. Mientras tanto, las autoridades no han podido establecer si existe coordinación entre los protagonistas de las protestas para interrumpir el transporte de víveres.

Desde las seis de la tarde del pasado jueves, en la carretera que comunica a la región del Sumapaz con la localidad de Usme, 500 campesinos de Ciudad Bolívar, Usme y Sumapaz iniciaron el bloqueo del ingreso de alimentos y carga a la capital. El paso de vehículos escolares y de transporte no se afectó.

“Estamos esperando que se sumen los compañeros de Cabrera y otros municipios de Cundinamarca. No nos vamos a ir de acá sin que haya un acuerdo con el Gobierno Nacional. Los precios de los insumos químicos nos tienen ahorcados. No nos compran la leche. Quieren urbanizar en nuestros territorios. Ya llegó la hora de que nos escuchen, ya estuvo bueno”, dijo Carlos Suárez, miembro del Sindicato de Trabajadores Agrarios del Sumapaz. Además, afirmó que para la noche de ayer serían 1.000 los manifestantes. Al cierre de esta edición no habían ocurrido choques con la fuerza pública.

En La Calera, por otro lado, las protestas comenzaron hacia las 10:30 a.m. Tras un acuerdo con la policía local, los campesinos (en su mayoría lecheros) permanecieron 15 minutos en la vía que comunica a ese municipio con Bogotá y luego, por los siguientes 45, la despejaron. Sin embargo, cuando trataron de hacerlo de nuevo, a las 11:30 a.m., fueron repelidos por el Escuadrón Móvil Antidisturbios.

La situación provocó enfrentamientos que duraron hasta las 3:30 de la tarde, aproximadamente. Según información de la Personería local, diez personas fueron capturadas. Sin embargo, la Policía sostuvo que fueron sólo cuatro los retenidos. Al cierre de esta edición, los campesinos aguardaban por manifestantes de Guasca y Sopó para fortalecer la movilización.

Mientras tanto, en la capital los efectos del paro se empezaron a sentir en Corabastos. Ayer, el gerente de esta central mayorista reconoció que los cierres viales del sur del país, Boyacá y Cundinamarca han tenido como efecto la disminución de productos. “Estamos trabajando al 50 por ciento y los alimentos más afectados son la papa, la cebolla, la arveja y algunas frutas”.

Camiones con carga de cebolla que antes se demoraban cuatro horas para llegar desde Boyacá, ahora tardan 15 o 20 horas, pues deben tomar camino hacia Santander, luego pasar al Meta para salir hacia Villavicencio y finalmente entrar a la capital. El bulto de 50 kilos, que usualmente cuesta $40 mil, ahora vale $140 mil.

Parra dijo que la central continuará trabajando normalmente las 24 horas, como lo acordaron la junta directiva, los gremios y comerciantes de la central. En el transcurso del día la administración de Corabastos entregó volantes e hizo anuncios por medio de megáfonos en los que advertía que cualquier “apoyo a paros, marchas y obstaculización de vías de forma violenta, será judicializado por las autoridades”. Al cierre de esta edición, la entrada principal era custodiada por fuerzas del orden.

Sin embargo, aún se escuchan rumores entre algunos vendedores sobre un eventual cierre de sus bodegas. También se ponderaba la posibilidad de participar en el paro. Una de las comerciantes de frutas, que prefirió la reserva de su nombre, dijo: “Si no hay diálogo con los campesinos y seguimos sin recibir productos a buen precio, tendremos que cerrar y unirnos a ellos”.

Entretanto, ayer la policía vigilaba las entradas de las universidades públicas de Bogotá, después de los disturbios del jueves en la tarde. El vicerrector de la Universidad Nacional, Diego Hernández, dijo que los responsables de los desórdenes en este claustro no fueron estudiantes, sino encapuchados que lanzaron arengas a favor de las Farc. Al cierre de esta edición las autoridades no reportaban dificultades en las instituciones educativas. Tampoco habían determinado si existía un patrón común en las movilizaciones. No obstante, la simultaneidad de las protestas tiene en riesgo la seguridad alimentaria de la ciudad.

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