Cuando una lavadora transforma la sociedad

La Facultad de Economía de la Universidad de los Andes adelanta un proyecto de investigación del impacto que tiene la introducción de una lavadora en hogares ubicados en zonas vulnerables de Bogotá. Se han entregado cien electrodomésticos y los resultados son inspiradores.

Entrega de lavadoras, a familias de estratos 0, 1 y 2 en el barrio Altos de Cazucá. / Gustavo Torrijos - El Espectador
Entrega de lavadoras, a familias de estratos 0, 1 y 2 en el barrio Altos de Cazucá. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Si usted alguna vez ha lavado a mano, seguro ha sentido agotamiento, un leve dolor de brazos, de cintura y el aburrimiento que esta tarea implica mientras remoja, restriega, exprime y cuelga. Unas dos horas, mínimo, necesita para terminar con la ropa de una sola persona. Imagínese cuánto se puede demorar con la de toda la familia. Ese tiempo, quizá, lo podría invertir en actividades que sí le gusten y no deterioren su salud.

Pues esa es la realidad que vive el 58 % de los colombianos que no tienen lavadora, según resultados de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2014 - DANE, en su gran mayoría de estratos 0, 1 y 2, quienes por su bajo poder adquisitivo no alcanzan a pagar el millón de pesos que vale este electrodoméstico en promedio.

Esta fue la problemática que motivó a Ximena Peña, docente de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, a desarrollar un proyecto investigativo que consiste en donar lavadoras a familias de zonas vulnerables de Bogotá de estrato 0s, 1 y 2, conformadas por hijos menores de ocho años y mínimo cuatro integrantes, para medir el impacto de la inserción del electrodoméstico en su cotidianidad y cómo puede generar bienestar. En palabras de la docente: “Queremos alivianar las tareas del hogar. No es posible que el tiempo de una mujer se desperdicie en un lavadero”. No es solo el tiempo, también la salud y el empoderamiento de la mujer.

La antesala del proyecto contó con un levantamiento de información desde la parte geográfica hasta la integración de cada familia. Durante el proceso se identificó que las mujeres son, en su gran mayoría, las responsables de las tareas del hogar, que se pueden dividir en tres escenarios: cocinar, organizar y lavar a mano. Los hombres, por su parte, aún creen que esas son actividades exclusivas de su pareja y las dejan solas en tareas que no son ni fáciles ni remuneradas, pero fundamentales para la sociedad. Por eso un objetivo ambicioso que tiene el piloto es “que los hombres reciban la inducción del uso de la lavadora. Es una forma de cerrar brechas de género y construir una cultura fundada en la igualdad”, afirma la investigadora.

Con este reto se han entregado 100 lavadoras, que fueron donadas por la Fundación Haceb, en seis barrios de Bogotá: Cazucá, Las Aguas, Valparaíso, Divino Niño, Florida y El Inglés, a los cuales se pudo llegar gracias a los líderes comunitarios y las alianzas con las fundaciones, que permiten una ejecución segura. “Cuando conocimos la iniciativa, hicimos un acompañamiento para llegar a familias que realmente necesitan la lavadora. Hay lugares que no son seguros, pero ellos nos conocen y ayudan con la información”, señala Gloria Pulido, coordinadora de recursos en la Fundación Catalina Muñoz.

Después de recopilar la información, se entregaron 24 lavadoras en el barrio Altos de Cazucá. En la fundación se encontraban las familias con la esperanza de ser los afortunados en llevarse el electrodoméstico. Y es que, como no son muchas lavadoras y sí bastantes hogares, para que fuera algo justo, se realizó una rifa, entonces con una tómbola y los nombres impresos de cada participante se fueron introduciendo y verificando que estuvieran presentes. Mientras tanto, Ximena Peña explicó cómo se iba a pagar la lavadora, un monto simbólico que las familias propusieron, para no sentir que todo es regalado. Así empezó a girar la tómbola y los niños se encargaron de sacar los papelitos. Fueron momentos de ansiedad, felicidad y para otros de tristeza.

Una jornada que dejó ver el impacto inicial en las familias y el trabajo riguroso por parte del equipo investigador, con el respaldo de la Universidad de los Andes y los asistentes técnicos de Haceb, quienes le explicaron a cada familia, con paciencia, cómo se utiliza la lavadora para lograr un tiempo de vida prolongado. Entre las ganadoras se encuentra Jazmín Rodríguez, de 33 años, una mujer de sonrisa amplia que tiene tres hijos y sabe perfectamente el esfuerzo que requiere lavar a mano y la facilidad de manejo de este electrodoméstico, común para muchos, que le va a mejorar la vida. “Es un gran regalo. Yo lavo mucho y ya me dolían las manos y la cintura. Es una bendición”.

Han pasado cuatro meses desde la entrega de las lavadoras, y como el piloto es una investigación que va recopilando datos sobre la marcha, ya se tiene resultados papables de las familias beneficiadas. Ahora tienen más tiempo para compartir con sus hijos, dormir y adelantar estudios de bachillerato, como lo expresa Jazmín Rodríguez, quien trabaja en una biblioteca. “Los domingos era mi día para lavar, desde que tengo lavadora me quedan esas cinco horas libres, entonces regresé a clases para terminar el bachillerato. Hoy es una realidad”.

El programa demuestra que sí es una oportunidad para mejorar la calidad de vida de estas mujeres y la equidad de género, pues el 15 % de los hombres que recibieron lavadora ya están ayudando con el lavado y algunas tareas del hogar. Wilson Zamora, uno de los beneficiados, cree que “si ellas pueden lavar y ayudar con los niños, yo también lo puedo hacer. Esto es un trabajo en equipo. Desde que tengo la lavadora, ayudo en mi casa y disfruto a mis hijos”. Este proyecto cae como anillo al dedo y se suma a la campaña de ONU “Mujeres He For She”, por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

La ruta está trazada y la segunda parte del proyecto llegará a otras regiones del país, para comparar el clima y las necesidades del lavado. Por otro lado, se creará un concurso para que estudiantes diseñen una lavadora de bajo presupuesto, para que así las familias de base de la pirámide las puedan comprar y mejorar su calidad de vida, como ha quedado reflejado en esta primera etapa. “Los resultados son positivos. Los hombres ya están ayudando en el hogar y las mujeres disfrutando de su tiempo libre. Ahora vamos a visitar otros lugares, pero aún nos falta financiación. Esperamos que más personas se unan a nuestra investigación, que tiene un impacto social determinante”, sentencia Ximena Peña, investigadora del proyecto, justo al lado de una lavadora que acaba de entregar.