Europeos, asfixiados por la austeridad

Las ONG se preocupan por la situación de mujeres y los niños, hasta ahora protegidos por mecanismos de solidaridad familiar que empiezan a tambalearse.

Asfixiados por el desempleo y la austeridad, millones de europeos cayeron este año en la pobreza que golpea a las clases medias, quebranta la cohesión social y alcanza a grupos hasta ahora protegidos como las mujeres y los niños.

"El agujero negro se hace cada vez más grande", se preocupa Mercedes González, una española de 52 años que, con menos de 800 euros al mes, lucha por sacar adelante a su familia, enteramente desempleada, en Fuenlabrada, en los alrededores de Madrid.

En julio, aún recibía, como su marido, una ayuda gubernamental de 426 euros, ahora reducida a 360 euros. Mientras tanto, "la comida ha subido bastante y los recibos también, para la luz normalmente pagábamos 40 euros al mes, ahora te supone unos 50 euros, son muchas cosas que han subido con el aumento del IVA al 21%", afirma.

"En la sanidad también", dice, "además nos quieren cobrar un euro por receta". "Creo que las cosas van a peor realmente, ya no podemos respirar", dice con voz apática esta pequeña mujer llena de energía, vendedora desempleada, cuyo esposo y dos hijos adultos tampoco tienen trabajo.

España, cuarta economía de la eurozona, tiene todos los ingredientes de una grave crisis: un cuarto de su población activa desocupada, una política de austeridad sin precedentes, recortes implacables en educación y sanidad, miles de familias expulsadas de sus hogares debido a las deudas.

En este país, donde varias personas amenazadas de desahucio se suicidaron recientemente, la crisis se transforma a veces en tragedia, como ocurre también en Grecia o en Italia, otros dos países del sur de Europa golpeados por la recesión.

A finales de marzo, Italia se conmocionó por el gesto desesperado de Giuseppe Campaniello, un albañil desempleado de Boloña que no podía pagar sus impuestos y se quemó."Guiseppe fue víctima de un sistema que funciona contra los ciudadanos", acusa su viuda de 48 años, Tiziana Marrone. "Giuseppe no recibió ninguna ayuda. Sintió que estaba contra la pared", asegura. "No es un suicidio ligado a la crisis, es un crimen avalado por el Estado", lanza con dureza.

Pero es seguramente Grecia, con una economía intervenida y un desempleo récord de 26%, quien sufrió el impacto social más dramático de la crisis: 31% de sus habitantes estaban en 2011 en peligro de pobreza o exclusión, según Eurostat, frente a una media de 24,2% en la UE.

George Tsouvalakis, carpintero desempleado de 31 años, y su esposa Lia, de 30 años, forman parte de esa "generación perdida". Con una hija de dos años, quieren irse del país pero no pueden pagar el tiquete de avión. Sus ingresos, de más de 2.500 euros antes de la crisis, cayeron a entre 0 y 400 euros mensuales. "No tenemos medios para irnos, somos prisioneros en nuestras casas", afirma Lia.

Nilce Carvalho, una estudiante portuguesa de 29 años que terminó una licencia de Artes Escénicas en la prestigiosa universidad de Coimbra, imaginó otro medio de sortear la penuria: lanzó un llamado de donaciones en Facebook para pagar la deuda que le impedía obtener su diploma. Debido a las políticas de austeridad su beca había sido reducida de 400 a 98 euros, con lo que la joven debe mil euros de matrícula. "Fue muy difícil, no es fácil exponer así tus dificultades" en las redes sociales, explica.

En estos países, las organizaciones humanitarias trabajan a toda máquina contra una pobreza que tiene nuevas rostros.

"Son personas que tienen a todos los miembros de su familia en edad de trabajar en paro, son personas que están perdiendo la vivienda por los desahucios, son personas que (...) no están acostumbrados a solicitar ayuda a la red de protección social ni a los servicios sociales", subraya Fernando Cuevas, portavoz de la Cruz Roja española.

Las ONG se preocupan particularmente por la situación de las mujeres y los niños, hasta ahora protegidos por mecanismos de solidaridad familiar que empiezan a tambalearse.

"¿Las clases medias dónde han quedado en España?", se pregunta David Polo, miembro de la organización católica Cáritas que ayuda a personas sin hogar en Burgos, en el norte de España.

"Se están fracturando. Empezamos a ver la polarización de estas clases", agrega. Unicef registró 2,2 millones de niños bajo el umbral de la pobreza en España. Y en Portugal, el ministerio de Educación informó a finales de noviembre que en menos de 20 días, el número de alumnos que sufren carencia alimentaria pasó de 10.000 a casi 13.000.