Publicidad
Economía 2 Mar 2013 - 9:00 pm

Del entramado de un exitoso libro de análisis económico

¿Por qué fracasan las naciones?

Las elecciones en Italia amenazan con reactivar la crisis en Europa y los recortes en EE.UU. prevén que se pongan en riesgo miles de empleos.

Por: Gideon Rachman / Finacial Times
  • 149Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/economia/fracasan-naciones-articulo-407926
    http://tinyurl.com/b9r8fcl
  • 0
Las elecciones en Italia señalan la tendencia de las democracias modernas a la acumulación de deuda. / EFE

El éxito de un libro puede a veces decir tanto sobre los tiempos en que fue publicado como sobre el libro en sí. Éste puede ser el caso con Por qué fracasan las naciones, que fue publicado el año pasado con mucho reconocimiento por parte de los críticos y los jurados de premiación. Incluso ha sido comparado con La riqueza de las naciones, de Adam Smith.

El libro, de los profesores Daron Acemoglu y James Robinson, es ciertamente erudito e interesante, pero la emocionada recepción de Por qué fracasan las naciones también puede tener algo que ver con el hecho de que este mensaje es muy tranquilizante en Occidente. Terminé el libro este fin de semana, rodeado de periódicos que predecían que los Estados Unidos, esta semana, recortarán su presupuesto tan profundamente que pondrán en riesgo cientos de miles de empleos. Entretanto, las elecciones en Italia amenazan con reiniciar la crisis en la Eurozona.

Pero no desesperen. Lancen a un lado los periódicos y observen el largo plazo. Según una colección de pruebas que reunieron de siglos diferentes, los autores de Por qué fracasan las naciones han concluido que, a pesar de todas las dificultades, la democracia estilo occidental es la llave para la prosperidad duradera. Los profesores argumentan que los países “como Gran Bretaña y Estados Unidos se hicieron ricos porque sus ciudadanos tumbaron a las élites que controlaban el poder y crearon una sociedad en la que los derechos políticos estaban distribuidos de una manera más amplia”. El profesor Ian Morris, un reseñista, resume su argumento así: “Lo que hace al mundo rico es la libertad”.

En parte, la discrepancia entre los periódicos y la tesis de Por qué fracasan las naciones es sencillamente una cuestión de tiempo. El libro se ocupa de la evolución de las sociedades a lo largo de los siglos. Esta semana las elecciones en Italia y el secuestro fiscal en Estados Unidos son, en comparación, simples remiendos en el gran tapiz de la historia.

Sin embargo, esto no resulta muy tranquilizador. Las situaciones políticas en Italia y en los Estados Unidos tienen implicaciones a largo plazo similares e inquietantes. Señalan hacia la tendencia de las democracias modernas de acumular deuda mientras hacen a sus electores promesas imposibles de cumplir, y que los políticos no pueden echar para atrás.

La confianza de los inversionistas en Italia se ha visto restaurada en el pasado por un gobierno liderado por Mario Monti, un tecnócrata que no fue elegido. Pero en las elecciones, Monti probablemente quede en un indecoroso cuarto lugar. Sus reformas recibieron la aprobación de los mercados, pero no de los electores. Asimismo, la comisión Simpson-Bowles en Estados Unidos, compuesta por ambos partidos, ofreció una manera más racional de controlar el gasto del gobierno que una limpia hacha de secuestro fiscal; pero la solución de los tecnócratas no superó la prueba política en Washington.

El sentimiento inquietante de que la democracia occidental no funciona muy bien ha sido puesto de relieve por el contraejemplo del rápido progreso de China. El éxito de China reta la sabiduría política convencional que se generó luego de la Guerra Fría sobre la superioridad de la democracia como sistema económico. El ascenso de China también parece retar la insistencia de Acemoglu y Robinson en torno a la prosperidad que sólo puede lograrse a través de instituciones económicas “inclusivas”, enraizadas en el sistema político.

Los profesores gastan cierto tiempo en Por qué fracasan las naciones lidiando con el éxito de China, para concluir que “el crecimiento de China [...] es otra forma de crecimiento bajo instituciones políticas extractivas, [y] probablemente se traduzca a un desarrollo económico sostenido”.

Eso parece ser un veredicto sorprendentemente desatento de las cifras de crecimiento de dos dígitos, que ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza y que transformó a China en la segunda economía más grande del mundo. No obstante, refleja una fuerte tendencia en la academia de Estados Unidos de subestimar el ascenso de China e insistir en las fortalezas duraderas del sistema estadounidense.

Todo esto podría no importar mucho si los argumentos se redujeran a los salones de seminarios, pero de hecho, el debate político occidental está dominado por versiones de los argumentos que se hacen en Por qué fracasan las naciones. Ninguna elección presidencial en los Estados Unidos está completa sin que todos los candidatos rindan pleitesía a la idea de que la “libertad” no sólo es moralmente superior, sino que es lo que hace fuerte a los Estados Unidos.

Esta suposición incuestionada sobre la superioridad del estilo estadounidense puede, de hecho, ser uno de los problemas de Estados Unidos. Creo que Por qué fracasan las naciones hace una propuesta sólida al decir que a largo plazo hay una correlación clara entre la libertad política y el éxito económico. Sin embargo, en los Estados Unidos, un vínculo generalizado a la libertad de alguna manera se ha convertido en una veneración incuestionada de la constitución, que se ha vuelto casi religiosa.

Como resultado, los estadounidenses pueden ser en realidad incapaces de ocuparse del hecho de que su sistema político no está funcionando bien. Hay un problema similar en Europa, donde la compulsión de alabar el ideal europeo ha hecho que muchos políticos no se hagan preguntas duras pero necesarias sobre la moneda única del continente, el euro.

El sistema de China claramente tiene sus propias fallas, entre ellas la brutalidad y una corrupción corrosiva; pero también tiene la virtud del pragmatismo radical, que está contenido en la máxima de Deng Xiaoping de que “no importa que un gato sea blanco o negro con tal de que atrape ratones”.

En cambio, el debate político en los Estados Unidos a menudo resulta atrapado en procedimientos y principios que se atraviesan en el camino de las soluciones pragmáticas: sea el “derecho a portar armas” o la insistencia en el derecho que tiene el Congreso para vetar un aumento en el techo de la deuda.

Puede haber muchas razones para Por qué fracasan las naciones. Una de ellas puede ser la adoración complaciente de un sistema político disfuncional.

  • 11
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • Rescatan a menor que había sido reclutada por las Farc
  • Alemania busca un millón de inmirantes para trabajar
  • Sabella no continúa al frente de Argentina; Pékerman principal candidato

Lo más compartido

  • Entre lágrimas se despidió David Ospina del Niza francés
  • El día que Jean-Claude Van Damme decidió bailar el 'Ras tas tas'
  • James Rodríguez sería nuevo jugador del Real Madrid
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio