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Economía 16 Jun 2013 - 9:00 pm

US$12 mil millones son invertidos en infraestructura

¿Qué hay detrás del ‘jogo bonito’?

Mejoramiento de aguas, electricidad y transporte para recibir a 600.000 extranjeros son las tres bases de la organización de la Copa del Mundo 2014 en Brasil. Una mirada a su preparación, de la mano de alianzas públicas-privadas.

Por: Juan David Torres Duarte/ BRASIL
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Estadio Manuel Garrincha, en Brasilia. / Fotos: Cortesía Siemens

En una de las avenidas de Brasilia, en medio de las alamedas anchísimas, los campos verdes inmensos, los edificios de formas picudas y elevadas hacia el cielo —creados por el arquitecto Óscar Niemeyer—, hay un grafiti que rompe con toda la armonía. Está en el costado de un puente y reza en portugués: “A vida é clichê, o resto é plágio” (“La vida es cliché, el resto es plagio”). Es parte de la campaña de un restaurante de comida italiana que nada tiene que ver con su comida, sino más bien con su espíritu. La frase se ajusta, en muchos sentidos, a los preparativos para la Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014: crear una avanzada y original infraestructura para atraer y dejar satisfechos a 600.000 extranjeros y tres millones de nacionales que estarán en 12 estadios en todo el país.

El tiempo dirá si lo lograron o no. Lo que se ve hoy en el estadio Manuel Garrincha, de Brasilia, a media hora de aquel grafiti, es una obra casi terminada: los pasillos tienen restos de polvo de cemento, las sillas están envueltas en el papel de fábrica y la cancha merece algunos arreglos. Nadie entra al estadio porque está en obra negra, de modo que hay un silencio sólo perturbado por máquinas. Nada de fútbol, nada de la emoción encendida que da vida a ese escenario inerte. Pero pronto habrá gritos, alabanzas e improperios; la Copa Confederaciones, en la que también son invertidos cerca de US$12 mil millones, empezó el 15 de junio y es la primera prueba para estos estadios. “Es como cuando usted tiene un tarro de leche —dice Aldo Rebelo, ministro de Deportes de Brasil—: puede hacer queso o derramarlo. Nosotros queremos hacer queso”.

El tiempo dirá si lograron hacer queso o derramarlo. Entrarán a los estadios quienes puedan pagar los US$150 que cuesta la boleta más barata para un partido del Mundial, siempre recordando que el fútbol, en Brasil, debe sus más grandes estrellas a las clases más pobres. Mientras tanto hay que ajustar mil detalles, porque la fiesta del fútbol, para que sea bella, honrosa y satisfactoria, depende de pequeños y elegantes detalles. Si usted necesita ir al baño, ¿con qué tipo de agua se lavará las manos? Si tiene que desplazarse hacia su hotel, ¿cuánto tiempo pasará en el metro? Detalles. Antes de que los jugadores golpeen una pelota y ver cómo se convierten en leyendas mientras los hinchas se agolpan, la Copa Mundial de Fútbol 2014 depende de los sanitarios, la gasolina y los cables de electricidad.

 

 

Agua para 40 millones

Decantar. Ese es el verbo esencial para la Compañía de Saneamiento Básico de São Paulo (Sabesp, por sus siglas en portugués), cuyas instalaciones principales son una reunión de campos verdísimos, fértiles, de árboles altos y una amplia maquinaria que permite tratar el agua, quitarle los residuos orgánicos y ofrecerla a los ciudadanos. Sabesp abastece a los más de 40 millones de personas que habitan en todo el estado de São Paulo a través de ocho sistemas interconectados que, pese a que se sostienen gracias a varias fuentes hídricas, se alimentan sobre todo del río Alto Tiete. La creación de esta empresa, que provee y controla el agua en el estado, fue producto de una alianza público privada entre varias empresas, entre ellas Siemens, cuyo portafolio incluye eventos como el Mundial de Fútbol en Qatar en 2022, la Eurocopa y los Juegos Olímpicos de 2014.

En una ciudad que crece 1% cada año, Sabesp tiene que saber distribuir el agua de manera que no exista escasez. Pero los hechos son distintos: el Novascoa, el programa que controla la distribución de agua, permite regular los flujos en la ciudad, de modo que no exista un fuerte desequilibrio, pues São Paulo tiene numerosos altibajos en el terreno y, para traer parte del agua, también debe sobrepasar montañas; en otra palabras, tiene que conseguir la infraestructura necesaria para bombear el agua por encima de montañas de 300 metros. Por eso, también, poseen 137 centros de reserva y hacen circular 67.000 litros de agua por segundo.

¿Cómo harán, entonces, para abastecer a las miles de personas que estarán en São Paulo celebrando el Mundial? Luego de un proceso de dos horas de decantación, el agua pasa a los filtros, que permiten disminuir el material orgánico en un 98%, y luego son tratadas con químicos. Sabesp tiene el reto de no sólo hacer presencia en el estadio, sino en los hoteles y restaurantes, que multiplicarán el uso de recursos.

La inversión general de Siemens en este tipo de megaeventos en Brasil es de US$1.334 millones. “Esta cifra —dice el CEO de Siemens en Brasil, Paulo Stark— está relacionada con proyectos de infraestructura. Son actividades que aún hay que catalizar y poner en práctica”. Más allá de todo el entusiasmo por la fiesta del fútbol, lo que preocuparía a organizadores y empresas privadas es el caos. Quizá saben que saldrá bien, pero también que hay que andar con cuidado.

De un lado a otro

La Línea Amarilla del metro en São Paulo, una de las cinco, es la única que no tiene conductor. Son 14 rutas que recorren 700 kilómetros de vía cada hora y atienden a 705.000 pasajeros cada día. Esta línea conecta con la avenida Paulista, uno de los centros financieros más concurridos. Así, la Línea Amarilla busca atender una demanda de un millón de pasajeros al día en 2020 y espera también sostener su capacidad para los días del Mundial.

Las líneas de transporte también incluyen la renovación del aeropuerto de Brasilia, la capital del país. La construcción de la terminal, que consta de 120.000 metros cuadrados ocupados por dos hoteles —que serán entregados en concesión, aún sin fecha prevista— y nuevas plataformas de parqueo y aviación, posee una inversión de US$1.200 millones, según Armando Bueno Junior, encargado de la gestión de planeamiento del aeropuerto. “Estamos preparados para la demanda —dice el ministro de Deportes, Aldo Rebelo—. Esta no será tan grande en los aeropuertos porque no habrá tanta frecuencia entre ciudades. Los planes de operación ya están preparados para el torneo más próximo, la Copa de Confederaciones”. La alimentación eléctrica, a cargo del Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS), tendrá como fuente las hidroeléctricas. Más agua circulando para crear energía.

Si se viera un plano de cualquier estadio desde el costado, se podría dar cuenta del resto de servicios que serán necesarios para que un grupo de jugadores levante la copa, la gran copa. Se vería, por ejemplo, que un estadio necesita luces bien equipadas y conectadas a un sistema que detecte fallos, cámaras en cada esquina, agua, energía, registradoras de tiquetes integrados para entradas y salidas, lectores de tarjetas, parqueaderos inteligentes y semaforización para regular el tráfico en los alrededores.

“Por cada dólar puesto —cuenta Rebelo—, el Mundial traerá tres. De ese modo también incrementará la inversión en impuestos en el país”. Así que, sólo con la cifra de inversión en infraestructura, se podría decir que a las empresas privadas y públicas que conforman estadios y consorcios operativos para el Mundial entrarán cerca de $30 mil millones. La fiesta del fútbol, la fiesta del dinero.

jtorres@elespectador.com

@acayaqui

* Este artículo fue posible gracias a una invitación de Siemens a Brasil.

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