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Economía 24 Ago 2013 - 9:00 pm

Venden a Nueva Zelanda, Australia y EE.UU.

Indígenas empresarios

Ya saben de gerencia, liderazgo y expansión comercial. Ahora, desde la agroindustria, sus temas de conversación están centrados en finanzas.

Por: Marcela Díaz
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Unas 300 familias indígenas están cambiando su modelo autosostenible de producción para vender, por ejemplo, café de alta calidad al mercado internacional. / Cortesía

Los rezos a la madre tierra ya no van solo en busca de un buen clima, del aprovechamiento adecuado de la tierra y del buen calor que el  sol les brinde a sus cultivos. Ahora, en el cúmulo de peticiones, aparecen la ventura en los negocios, la producción de café libre de roya y broca y, también, la buena nueva que les pueda traer el contacto de Naciones Unidas que les ayuda a que sus productos se puedan consumir en mercados internacionales.

Entonces la labor que hacen más de 300 familias indígenas de sembrar arroz, cazar conejos, caminar por las montañas y recoger las cosechas, cambió. Ahora andan por entre los pasillos de las empresas, tienen reuniones con ejecutivos, asisten a foros de política económica y cruzan relaciones directas con el Estado, porque las tierras colombianas, sus tierras, están viendo nacer muchos de los alimentos más buscados en Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos.

“Los pueblos indígenas están planteando una propuesta de economía propia que privilegia el ser para luego tener y no tener para hacer, muchas basadas en el principio de la solidaridad y del autoconsumo privilegiando algunas necesidades alimentarias. Las ganancias se ven en términos de distribución social”, cuenta, con el dogma sociocultural de quienes han tenido contacto o viven lejanos a la ciudad en medio de la naturaleza, Andrés González, asesor para asuntos indígenas de Naciones Unidas. Como si se tratara del estreno de una película nativa, se empiezan a cruzar uno a uno los cortos de esta nueva realidad. Los originales, los nuevos y los que vienen.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, el Cauca, Putumayo, Cesar y la Guajira existen mujeres, hombres y niños que se dedican a cultivar y a cazar para conseguir el sustento diario. Reciben ingresos mensuales de entre $120.000 y $200.000, muy bajos debido a los sistemas productivos que utilizan e insuficientes para mantener a familias de cinco y diez miembros. Pero ese panorama que ha existido durante años se ve obligado a cambiar por la falta de apoyo real del Estado que hoy los ha llevado a buscar nuevos rumbos.

Por eso, Tito Harvey Tito,  gerente de la Cooperativa Central del Cauca, echó a andar una serie de ideas que podrían catalogarse como la revolución indígena. Tímido, de habla pausada, hombre de campo, vigilante de su comunidad, es el estratega de esta nueva realidad. “Nosotros lo que estamos tratando de crear es una política de economía indígena, porque no hay apoyo del Estado para nosotros, tampoco apoyo financiero y menos cómo desarrollar proyectos comerciales. Entonces, desde la cooperativa estamos creando un modelo de negocio”. Y, como si se tratara de un profeta, advierte: “Tenemos que empezar a crear nuestra propia política porque nadie lo va hacer. Una de las estrategias es empezar a trabajar en procesos comerciales con  recursos nuestros”. También, “surge la idea de crear un banco propio que nos permita a nosotros mismos tener créditos para ser más productivos”.

Y aunque hasta el momento se está estructurando, ya se puede decir que han logrado escribir con éxito el primer capítulo del libro comercial. Trabajan pensando en la preservación de los recursos y en mantener la cultura que sus ancestros hace miles de años les enseñaron como legado. De ahí que tengan claro que necesitan solo tres cosas: trabajar en equipo, ser independientes del Gobierno Nacional y cosechar productos con valor agregado no sólo para Colombia sino para el mundo.

“Lo que hemos venido haciendo es rompiendo los esquemas y tratando de llegar directamente al transformador, al comprador, lo que nos ha permitido encontrar una serie de sorpresas como conocer un poco el movimiento del mercado internacional”, apunta Tito. Así es que han ido abriendo el panorama, la estructura de ver y pensar frente a los bancos. Y desde su postura logra destacar los aspectos positivos y reconocer las dificultades a las cuales se han visto enfrentados con el nuevo ‘sistema’ independiente.

¿Cómo lo lograron? “No lo hubiésemos podido hacer desde la institucionalidad. Este es un trabajo más por la cooperación, por muchas estructuras típicas que se han roto, como el comercio convencional”. En lo que falta por hacer está  “trabajar las políticas de nutrición. Detrás de todo eso hay un trasfondo que se podría adelantar con un proceso económico que puede tardar entre  5 y 10 años para crearlo y ponerlo en práctica”. Así, entre fallas y apuestas, hoy está vendiendo su producto estrella, el café, en Norteamérica, Oceanía y Europa.

¿Pero qué tanto repercute esa política económica independiente en el país? Andrés González, el hombre de los contactos, cuenta que aunque por ahora no están tan consolidadas y fortalecidas por la falta de acompañamiento y apoyo de alto turmequé, “la economía de estos pueblos tiene gran peso a nivel nacional. En la ciudad vemos puros productos derivados del campo”. Tras observar experiencias entre varias comunidades, la que se encuentra más avanzada es la del Cauca, donde se “ha tenido un proceso muy integral porque relacionan el tema de la economía y la producción con la salud y los temas educativos, proyectos que fortalecen los sistemas productivos”.

 Diferentes entes han tenido participación en proyectos como el de ‘Red de observatorios regionales de mercado de trabajo’, que busca beneficiar y respaldar este tipo de iniciativas. “Es un esfuerzo articulado con el departamento para la prosperidad social, los ministerios de Trabajo y  Educación, el Sena, el DANE y el PNUD”, cuenta Oliverio Huertas Rodríguez, coordinador del proyecto.

Este busca, entre otras cosas, que a partir de las lecturas de las variables de trabajo se construyan y fortalezcan políticas de inclusión laboral y productiva para la población a nivel territorial. “Existen 20 observatorios reconociendo que los grupos poblacionales también hacen parte de la inclusión, entre ellos jóvenes, mujeres, afros e indígenas. En esta propuesta se trabajó durante los últimos meses en la ciudad de Valledupar y Cesar”, puntualiza.

Pero más allá de tener establecido un modelo de negocio basado en la agroindustria y que funciona mediante contactos internacionales que les compran sus productos, los retos que tienen los indígenas están abrigados en una sola palabra: globalización. Con los acuerdos comerciales se empiezan a importar productos del sector agrícola que se convierten de inmediato en su competencia. Y, para sumar, en una economía de carácter global, hay que luchar contra variables imposibles de manejar tan solo con rezos: el precio del café especial, la procedencia, la variedad y la oferta disponible en el mercado.

Oliverio Huertas sostiene que para que esta política económica tenga suficiente peso en el país, es necesario “primero, fortalecer las propuestas de gobierno propio y favorecer a estas comunidades con temas claros como el respeto de la madre tierra. Propuestas que privilegien la seguridad alimentaria de los pueblos, que orienten a generar proyectos de fortalecimiento de su gobierno propio y de sus planes de vida”. Y tiene razón, porque como él mismo lo dice: “Sin tierra no hay economía”.

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