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Economía 6 Ene 2013 - 9:00 pm

Presidente de Glencore cierra el negocio del año

Motivado y poseído de una ambición titánica, Ivan Glasenberg logró la aprobación de los accionistas para la compra por US$68.000 millones de Xstrata, la compañía de minería y metales que es rival suya.

Por: Lionel Barber
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La fusión es la quinta más grande en la historia del sector de recursos y crea un gigante que domina la exploración, producción y comercialización de la mayoría de los commodities. Figura entre megafusiones como la de Exxon-Mobil, BP-Amoco y Chevron Texaco, que transformaron la industria petrolera a finales de la década de 1990. Sin embargo, el orgullo de Glasenberg de lograr la compra de Xstrata se ha visto equilibrado por el hecho de que debió pagar más por su objetivo de lo que había prometido. Este maestro del comercio resultó derrotado por un nuevo actor en la escena internacional de los negocios: Qatar Holding, el fondo de riqueza soberana.

En efecto, Sheikh Hamad bin Jassim al-Thani, el primer ministro del emirato del Golfo y presidente de Qatar Holding, reconoció el engaño que intentó hacer la cabeza de Glencore cuando dijo que estaba preparado para cancelar el negocio. Sheikh Hamad comprendió una verdad fundamental: Glasenberg estaba tan desesperado por adquirir Xstrata que tendría que mejorar las condiciones. Aquellos que conocen a Glasenberg dicen que este fue un problema que escasas veces se presenta, aunque fue difícil. No obstante, volvió al ruedo. Tan pronto como la compra se concluyó a principios de la mañana, Glasenberg fue a beber para celebrar con sus colegas de Glencore el final de un negocio con el gigante de energía francés EDF, en torno a los precios del carbón térmico. Para cuando fueron las 4 a.m., estaba en un jet privado de Stansted a Zurich, luego en camino a Baar, el paraíso fiscal donde está la sede de Glencore.

Estudió contaduría en la Universidad de Witswatersrand y obtuvo un MBA en la Universidad de California del Sur, en Los Ángeles. Luego recibió una oferta de trabajo de Mrc Rich + Co, la comercializadora de commodities, en Nueva York, pero la oferta se evaporó luego de que el fundador fuera condenado por evasión tributaria y se convirtiera en un fugitivo en Suiza (aunque Rich luego recibió un controversial perdón del presidente Bill Clinton).

En cambio, Glasenberg tomó un empleo en la misma compañía, pero en Johannesburgo, y rápidamente se convirtió en un habilidoso comercializador con un suave toque personal que ocultaba la inclemencia innata que lo ha llevado a la cima. En enero de 2002 fue elegido director ejecutivo de Glencore, que él y sus socios le compraron a Rich por US$600 millones, y que ahora vale US$51.000 millones. Una oferta pública inicial en 2011 los convirtió en multimillonarios a él y a sus socios, aunque el precio de la acción de Glencore desde entonces ha disminuido.

Las fortalezas de Glasenberg son una atención fenomenal a los detalles, una aproximación meritocrática y sin prejuicios hacia las personas y un espíritu de bucanero que ha hecho que Glencore se aventure a lugares como Colombia en la década de 1990 y el Congo en la década de 2000.

Su debilidad, según quienes lo conocen, es una confianza en sí mismo que asegura que todo puede definirse a último minuto, a través de su fuerza de voluntad. El todopoderoso director ejecutivo necesita de una figura de contrapeso que ofrezca consejos sabios y ayude a la compañía madurar de sus raíces comerciales a sus nuevas actividades diversificadas. Glencore también ha sido seguida por organizaciones no gubernamentales a causa de sus opacas prácticas empresariales.

La primera prueba será la escogencia de un nuevo presidente, cuando sir John Bond, el exjefe de HSBC que lidera la junta de Xstrata, renuncie. Un intento por atraer a Lord Browne, el exdirector ejecutivo de BP, fracasó a último minuto, aunque ambos lados difieren en torno a las razones.

La compra de Xstrata está lejos de ser el último gran negocio de Glasenberg. Quiere crear el ExxonMobil de la industria de recursos, dice un amigo suyo. Esto podría satisfacer su ambición de ser más grande y mejor que todos los demás, pero no necesariamente le ayudaría al precio de Glencore.

 

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