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Economía 22 Dic 2012 - 9:00 pm

Bolsa de Nueva York cambia de dueño

La venta de una tradición

La decadencia generada por la crisis financiera de 2008 y el rezago con el mercado de los derivados hicieron que el símbolo del capitalismo financiero cambiara de manos.

Por: David Mayorga
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La operación ascenderá a US$8.200 millones y sólo depende del aval de los reguladores. / AFP

La oportunidad de oro, esa que todos los hombres de negocios ven muy pocas veces en sus vidas, apareció en los últimos días de septiembre. Fue en un encuentro entre amigos. De hecho, entre dos de los más poderosos amigos del mundo financiero: Duncan Niederaurer, presidente de la Bolsa de Nueva York, y Jeffrey Sprecher, su similar en Intercontinental Exchange (ICE, en inglés, la principal gestora del mercado de commodities —materias primas— del mundo). Lo que comenzó como una simple charla culminó, a la vuelta de tres meses, en una fastuosa adquisición.

Así lo determina el monto: US$8.200 millones. Y la cláusula que el comprador (ICE, en este caso) deberá cancelar si los reguladores deciden que esta fusión alterará las reglas del mercado: US$750 millones. Otra establece un pago de US$300 millones por cuenta de la bolsa neoyorquina en la eventualidad de que un tercero realice una oferta mayor. Pero ante todo, la arquitectura del negocio se compone de dos operaciones sencillas: un desembolso de US$33,12 por cada acción, además de una participación en la nueva entidad.

“Los negocios para la Bolsa de Nueva York solo pueden mejorar”, le dijo un altivo Niederaurer a la agencia Bloomberg. Una posición que, sin embargo, no es compartida por el mundo financiero. “Los fundadores de la plaza deben estar revolcándose en sus tumbas. Se supone que la bolsa es la gran entidad, pero ahora solo desempeña un papel secundario. Era la que compraba hace cinco años y ahora es comprada por una gestora que, entonces, probablemente no hubiera sido mencionada en la misma frase”, comentó Phil Panaro, un consultor que solía trabajar para el parqué.

Se trata de un descontento entendible: con la transacción terminaron 220 años de la más arraigada tradición bursátil, de uno de los símbolos que contribuyeron a construir la principal potencia económica del mundo: Estados Unidos. De una historia que echó a andar un día de 1792 en pleno Manhattan, exactamente a la sombra de un higuerón.

Fue bajo sus ramas que 24 comisionistas firmaron un documento de apenas 10 líneas en el que se comprometieron a transar únicamente entre ellos y cobrarse una comisión sagrada de 0,25% en cada transacción de bonos y del Banco de Nueva York, la única acción de la época. Aquel pacto fue la semilla, y los vaivenes de una nación construida a partir de la mano de obra extranjera y la industrialización fueron el abono que le permitieron posicionarse como un centro financiero de excelencia.

De hecho, las compañías más prestigiosas escogieron a la Gran Manzana para instalar sus centros de operaciones y darle la bienvenida al siglo XX, la era de los negocios. Sus directivos, conocidos como la Gran Junta, mantuvieron las restricciones y las normas de la autorregulación al pie de la letra hasta la llegada de la Gran Depresión (ver cronología), un evento tan catastrófico pero benéfico para el negocio que demostró que la multiplicación de los márgenes de ganancia podía lograrse con la ayuda del Estado. Es más, la bolsa jugó un papel clave en el desarrollo económico del país al vender los bonos de guerra con que la Casa Blanca financió su entrada a la II Guerra Mundial.

La época dorada comenzó en los años 60, cuando la inclusión de nuevas acciones se hizo tan selecta que la Bolsa se convirtió en sinónimo del éxito financiero. Por eso no es de extrañar que las palabras de Gordon Gecko, el personaje estelar del filme Wall Street, de Oliver Stone, definieran tan bien el mercado de los 80: “La codicia es buena”. A ella se debe la maximización de las ganancias, la desregulación financiera, la creación de derivados (instrumentos complejos) y la funesta consecuencia de todo este conjunto: las crisis.

La que explotó en 2008, nacida en el sector inmobiliario, probó ser la más funesta de todas. Ella tuvo una gran parte en la transformación de la otrora poderosa bolsa neoyorquina en un mercado decadente. Así lo demuestra su propia acción: pasó de un precio de US$68,02 en febrero de ese año a US$32,25 el viernes pasado. Por esa misma vía sus ingresos netos se redujeron en US$98 millones entre septiembre de 2011 y el mismo mes de este año.

“La adquisición de la bolsa es el resultado de su obsolescencia. Uno de los factores claves en el mercado financiero actual es el desarrollo de derivados, pero sus directivos se concentraron en la renta variable. En el fondo, la operación se da porque la bolsa necesita mayor sofisticación”, explica Jaime Humberto López, presidente de la Asociación de Comisionistas de Bolsa (Asobolsa).

Fue muy claro que el declive sólo podía solucionarse con una venta. La primera opción, una fusión con la plaza de Alemania, se vino abajo cuando los reguladores consideraron que se crearía un Leviatán trasatlántico que monopolizaría la industria. Y la segunda llegó en septiembre: ICE, el joven mercado (tiene apenas 12 años de existencia) que mueve US$600 billones en transacciones de derivados.

¿Por qué el panorama augura una aprobación sin mayores problemas? Porque, en cierta forma, la operación le permitirá a Estados Unidos recuperar de alguna manera una parte de su tradición. Esa que comenzó a esfumarse cuando Euronext, gestora de capitales radicada en el Viejo Continente, asumió la administración de la plaza neoyorquina en 2007. Pero en esta ocasión el control de las finanzas se dividirá entre la capital del mundo y Atlanta (la sede de operaciones de ICE).

“Se trata de una operación entre dos mercados desarrollados, con la que se intenta crear un catalizador para el mercado internacional. Esto podría beneficiar a las empresas colombianas que cotizan en la Gran Manzana a través de títulos ADR, porque les dará un mayor dinamismo”, dice Daniel Lozano, jefe de Investigaciones Económicas de la comisionista Serfinco.

El resultado de esta transacción, su éxito, se verá el próximo año, cuando los supervisores estadounidenses decidan la suerte de un pacto que tiene a muchos recogiendo los trozos que sobreviven de glorias pasadas. Tal como lo consignó el corresponsal financiero Floyd Norris en el diario The New York Times: “Hoy el edificio de la bolsa no es más que un estudio de televisión. Es probable que muy pronto ni sea propiedad de una compañía neoyorquina”.

Camino de rosas y espinas

1792 Noviembre

Bajo un higuerón, en pleno Bajo Manhattan, 24 comisionistas sellaron un acuerdo para crear un mercado cerrado con comisiones reguladas. Así nació la bolsa neoyorquina.

1929 Octubre

El ‘Jueves negro’ se dio inició a la gran depresión que sumió a Estados Unidos en una debacle económica. Las prácticas autorregulatorias se transformaron para brindarle más seguridad al mercado.

1987 Octubre

La caída repentina de 22,6% del índice Dow jones en una sola jornada trajo consigo el augurio de las debacles que, en un futuro no muy lejano, traería la desregulación impulsada desde la Casa Blanca.

2012 Diciembre

Los 220 años de tradición bursátil de la plaza neoyorquina entraron a sus días finales cuando ICE, gestora de ‘commodities’, ofreció US$8.200 millones para adquirir la plaza.

En Cifras

37,7 por ciento es la prima que percibirán los accionistas de la Bolsa de Nueva York si la Comisión del Mercado de Valores de EE.UU. acepta los términos de compra de ICE.

450 millones de dólares en ahorros para el segundo año de operación generará la fusión en los presupuestos de ambas gestoras. Hasta el momento, no se ha presentado otra oferta por parte de un tercero.

 

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