Colombia tras quince años de pruebas Pisa

El país que presentó una mayor expansión de cobertura educativa entre 2000 y 2015 fue México, con 81%. Colombia, en último lugar, sólo logró aumentar la cifra 44% en educación de niños entre tres y cinco años de edad.

En el libro América Latina después de Pisa. Lecciones aprendidas de la educación en siete países (2000-2015), el investigador Axel Rivas, del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), analiza las políticas educativas que han implementado Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay en los últimos quince años con el fin de explicar —o por lo menos formular algunas hipótesis al respecto— los resultados que han tenido estos países.

Durante el período analizado fue notable la expansión de la cobertura en el nivel inicial en todos los países, con la cual se logró llegar al 81% en México, 75% en Uruguay y Perú, 72% en Argentina y Chile, y 66% en Brasil. Pero “el caso de Colombia es el que muestra todavía una mayor deuda en esta dimensión: desde muy abajo al iniciar el nuevo siglo hasta 2011, al menos, el país había quedado lejos del resto de los casos analizados, con una tasa bruta del 44% en los niños de 3 a 5 años de edad”, explica el informe.

En cuanto a las pruebas que realiza el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (Pisa), Colombia se viene rajando año tras año en los diferentes temas. En las pruebas en las que los jóvenes fueron evaluados en lectura, matemáticas y ciencia el país ocupó el puesto número 61 entre 65. En la evaluación de solución creativa de problemas los resultados fueron vergonzosos: de 44 países que aceptaron hacer un test optativo para resolver problemas cotidianos, Colombia quedó en el último lugar y, en general, Latinoamérica quedó mal parqueada, pues Uruguay ocupó el puesto 42, Brasil el 38 y Chile el 36. En 2014 la situación no mejoró: los estudiantes colombianos obtuvieron el peor resultado en la evaluación sobre educación financiera, con sólo 379 puntos, quedando nuevamente en el último lugar de la tabla.

Entonces, ¿cómo se logra explicar esta situación de malos resultados? El experto Rivas asegura que, a pesar de que hay mejoras significativas en la calidad y el acceso a la información, los siete países evaluados presentan un sistema educativo con grandes desigualdades producto del contexto social y económico de cada uno.

El documento expone que es muy difícil analizar y comparar los resultados de una prueba que es diseñada para países con niveles económicos más altos que los de América Latina, por lo que es de esperarse que en sociedades más pobres y desiguales exista una mayor tendencia a que los resultados educativos sean más dispares entre los distintos estratos socioeconómicos, así como también se espera que los resultados sean superiores en países con economías más desarrolladas.

“Para los países más desarrollados el porcentaje de alumnos que pertenecen al estrato social más bajo fue muy pequeño: por debajo del 2% en los países nórdicos y por debajo del 10% en todas las regiones analizadas (2012). En cambio, para América Latina esta proporción fue totalmente distinta: en 2000, el 38% de los alumnos se ubicaba en el estrato más pobre, y en 2012, luego de un período de gran crecimiento económico y reducción de la pobreza, se ubicaba en el 29%”, dice el documento.

Sin embargo, uno de los principales hallazgos señala que los alumnos del cuartil más pobre de América Latina fueron los que más mejoraron la calidad de sus aprendizajes en las pruebas. Así, entre 2000 y 2012, América Latina fue la región que más aumentó sus resultados de aprendizaje en las pruebas Pisa y la que más incrementó su tasa de escolarización en el nivel secundario. Por lo tanto, los aprendizajes fueron mejorando mientras ingresaban nuevos alumnos, generalmente de los estratos más pobres, al sistema educativo.

Luego de más de 100 entrevistas con especialistas y actores políticos, más de 500 documentos revisados y múltiples fuentes de estadísticas para analizar cualitativa y cuantitativamente los datos sobre la situación de la educación en los siete países, el libro logra analizar minuciosamente los resultados de las cinco ediciones de las pruebas Pisa desde el año 2000 y propone algunos aspectos para tener en cuenta en el futuro.