Plan de recuperación

En defensa de la U. de Antioquia

Desde hace dos semanas se inició un plan para recuperar su campus principal, que se convirtió en plaza de ventas de todo tipo de mercancías legales e ilegales.

Las medidas de seguridad en el campus se tomaron a partir de tres robos a mano armada. / Óscar Pérez - El Espectador

De los dos años que lleva al frente de la rectoría de la Universidad de Antioquia, las últimas semanas han sido quizás las más difíciles para Mauricio Alviar. La situación de ventas informales en el interior del campus creció de tal manera que admite que se les salió de las manos. Fue necesario tomar medidas extremas, como el cierre de la ciudadela por tres días, para realizar operativos en busca de mercancías ilegales.

Las protestas no se hicieron esperar, como tampoco las manifestaciones de respaldo. La situación ha mejorado, pero Alviar asegura que no se bajará la guardia frente a quienes pretenden convertirla en una gran olla de expendio de sustancias psicoactivas y alcohólicas.

¿Qué pasa en la Universidad de Antioquia?

Es un tema de acumulación de varios eventos. Desde hace muchos años hemos tenido una situación de ventas informales que se han venido incrementando, y también de ventas ilegales. Es decir, películas, música, libros piratas, bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas.

En los últimos meses ha habido un incremento significativo de hurtos a los estudiantes, profesores y empleados, robos de portátiles y celulares. Es un tema que no es exclusivo de la UdeA, pasa en muchas instituciones de educación superior, pero en las últimas semanas se incrementó una práctica incluso convocada por redes sociales de hacer rumbas en el interior de la universidad.

Entonces vimos que ese desorden no se podía permitir y empezamos a tomar medidas y a planear una estrategia para disminuir esto, porque estas actividades no pueden empañar la grandeza de la universidad y todo lo que hacemos todos los días.

¿Quién o quiénes están detrás de estas ventas?

Hay unas ventas de mercancías informales, pero legales, como galletas y confites, que son ejercidas por algunos estudiantes que manifiestan necesidad económica para poder estudiar. Sin embargo, también hay ventas de mercancía ilegal, como películas y libros piratas, entre otras.

¿Las ventas de galletas y confites de los estudiantes sí son permitidas?

El acuerdo superior 206 prohíbe ventas en el interior de la universidad. Ha habido permisividad y varios intentos por tratar de controlar el tema y ya vimos que se salió de límite y se incrementó mucho. Teníamos un promedio de entre 70 y 100 puestos de ventas informales en la universidad.

¿Estas ventas ilegales son de estudiantes o personas ajenas a la institución?

Nos hemos dado cuenta de que hay personas que no son de la universidad, sino vendedores cercanos que entran porque ven allí una posibilidad muy grande con una población de casi 40.000 clientes potenciales.

¿Cómo identificar cuáles son estudiantes y cuáles no, para no ser injustos con quienes manifiestan necesidad económica para sus estudios?

Con la medida que tomamos de exigir el carné y el documento de identidad pudimos controlar el ingreso de esas personas que no son de la universidad y que entran a vender. En esta semana se empezó a aplicar esa norma y las ventas bajaron de manera considerable: pasamos de 70 puestos a 15. Lo que significa que la mayoría era gente externa a la institución.

¿Qué otras medidas se han adoptado?

La gran debilidad que tiene el campus hoy es el control del ingreso. En una institución por donde pasamos más de 30.000 personas al día no es fácil, pues identificamos que se prestan el carné para entrar o se lo pasan por la malla. Por eso tuvimos que recurrir a exigir el documento de identidad y así confirmar que se trataba de la misma persona, y que además era miembro de la comunidad universitaria.

También prohibimos la venta de licor y sustancias psicoactivas. Hay consumidores, pero ese no es el problema. Tenemos estrategias, políticas, campañas para la prevención de adicciones. El problema grave es la venta, porque detrás de eso vienen conductas criminales. Además, eso está prohibido en el Código de Policía: en las universidades no se puede vender licor ni sustancias psicoactivas.

Siempre ha habido presencia de venteros, de ilegales y de consumidores. ¿Cuál es la diferencia hoy?

Que se fue incrementando el número de vendedores de droga y de alcohol, sobre todo los viernes en la tarde, en el sector que se conoce como el Aeropuerto. Allí estaban vendiendo cerveza y droga, haciendo asados, y eso no es propio del ambiente universitario. Se estaba saliendo de todo límite.

¿Qué hicieron al respecto?

Lo primero fue que tomamos la decisión de cerrar la universidad tres días para hacer una inspección y que pudiéramos tener la tranquilidad de que no se estaban guardando allí armas ni explosivos y droga, y afortunadamente eso fue así. La Policía sólo encontró marihuana, y eso nos da la tranquilidad de que la universidad no estaba invadida de mercancía ilegal.

¿Qué dicen los estudiantes frente a las medidas?

El balance que hemos hecho en redes y en correos que llegan de muchos estudiantes es que hay una gran aceptación de las medidas y reconocimiento de que las cosas se estaban saliendo del límite, pero también hay voces de protesta, de rechazo de quienes lo consideran un atentado contra las libertades, que son políticas represivas. Quienes opinan así están en el negocio o están en la venta de sustancias psicoactivas. Uno entiende que son medidas incómodas, pero ante la contundencia de los hechos y la responsabilidad que tenemos de preservar el ambiente universitario, son necesarias y hemos recibido mucho respaldo.

¿Qué instancias ha tocado en busca de respaldo y para poder implementar estas medidas?

Estas medidas pueden tener éxito, como lo están demostrando, si se cuenta con el respaldo de las autoridades. En primer lugar, el consejo superior universitario, donde tuve todo el respaldo para estas acciones y para no bajar la guardia, incluido el gobernador como presidente del consejo. El alcalde de Medellín me llamó a felicitarme y a través de la Secretaría de Seguridad Ciudadana se coordinó todo con apoyo de la Fiscalía, la Personería y la Policía. El respaldo ha sido extraordinario. Sin él hubiera sido imposible implementar estas medidas y mantenerlas en el tiempo.

¿Estas medidas son permanentes?

Sí. Se van a ir evaluando, pero por el momento son indefinidas.

¿Esta problemática de ventas ilegales se presenta sólo en el campus principal o también en los descentralizados?

Hemos identificado focos de venta en la ciudadela de Robledo y en Oriente, aunque muy poco. Si bien estos controles tan estrictos están en la ciudad universitaria, es un llamado de atención a todos los espacios universitarios para atacar la venta de licor y de sustancias y la realización de rumbas en el interior.

Usted decía que este problema no es exclusivo de la UdeA. ¿Ha hablado con otros rectores con problemáticas similares?

Yo hablé mucho con el rector de la Universidad del Valle, que tomó unas medidas similares el año pasado. Ellos tienen un bosque muy grande y la gente estaba entrando allá a vender drogas, y lograron controlarlo. La Nacional tiene problemas similares en Bogotá; en el campus de Medellín no es tan notorio. Es una realidad de nuestra sociedad que se ha incrementado el consumo de drogas y los ambientes se van deteriorando.

¿Van a implementar campañas para reforzar estas medidas adoptadas?

Sí. No se trata sólo de medidas de control sino de pedagogía, de formación, de campañas invitando a los estudiantes a respetar los espacios universitarios. Tenemos una campaña donde se dice que queremos una universidad libre de alcohol y drogas, tenemos un programa educativo de prevención. Estoy tranquilo con esas campañas, el problema es la venta y es lo que estamos atacando.

¿Habilitaron algún mecanismo para que la comunidad universitaria denunciara estas prácticas?

La universidad tiene una plataforma de denuncia y quejas, y en el Facebook y las redes sociales recibimos quejas y denuncias sobre este tipo de actividades ilícitas. La mayoría de los estudiantes están muy comprometidos con la recuperación de la universidad.

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