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Educación 7 Dic 2012 - 12:28 pm

Es el director del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana

Guillermo Hoyos: defensor de la diferencia

Los aportes al desarrollo intelectual de varias generaciones de humanistas del país le merecieron al primer doctor en filosofía que tuvo Colombia el premio a toda una vida dedicada a la docencia, entregado esta semana por el Ministerio de Educación.

Por: Redacción Vivir
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Guillermo Hoyos Vásquez es un abanderado de la Teoría crítica promulgada por el filósofo alemán Jürgen Habermas./ Cortesía: El Tiempo

“Por la hermosa visión que abre y reabre continuamente sobre el país posible, la paz, la cultura política, la democracia, la inclusión social y cultural y el perdón, Guillermo Hoyos representa, para la academia colombiana y latinoamericana, un auténtico maestro; un maestro por su disposición para la crítica, el libre examen y la renovación de las ideas”. De esta manera Eduardo Rueda, Profesor Asociado de la Pontificia Universidad Javeriana, describe a su amigo y colega quien esta semana fue galardonado por el Ministerio de Educación con el premio vida y obra durante la entrega de los reconocimientos a Los Mejores en Educación 2012.

Y es que el filósofo de 77 años, y educador hace más de 50, ha sido un eterno convencido de que desde el respeto por la diferencia y la formación de buenos ciudadanos es posible desprender una sociedad más justa, ordenada y solidaria. Su compromiso con la democracia lo acercó a la iglesia y también lo alejó de ella, lo volvió docente, representante de los maestros, líder de programas académicos y eminencia intelectual.

El primer doctor en filosofía que tuvo el país creyó, desde niño, en su vocación social. A los 11 años se unió a los jesuitas, los primeros sacerdotes que prescindieron de la sotana y se volcaron a las comunidades pobres para ayudarlas desde adentro. Los curas estudiaban a Marx, investigaban otras religiones y convivían diferentes razas y creencias. La ruptura de Hoyos con la iglesia se dio luego de viajar a Alemania donde estudió teología en la Universidad de Frankfort, bajo los preceptos del Concilio Vaticano II, y más adelante se convirtió en doctor de Filosofía de la Universidad de Colonia. A su regreso Hoyos se declaró en desacuerdo con los lineamientos de la iglesia colombiana y después de más de treinta años de servicio, renunció al sacerdocio en 1976.

Se dedicó a la docencia y se convirtió en un activo seguidor y el principal gestor latinoamericano de las teorías comunicacionales del sociólogo alemán Jürgen Habermas. Desde su discurso se planteó estrategias pedagógicas basadas en la escucha y el respeto por las opiniones libres, quizá por eso en un reciente homenaje, profesores como Nathalie Chingate, de la Universidad Javeriana, resaltaron la capacidad de Guillermo Hoyos de enseñarles a través del ejemplo la capacidad de “aprender y desaprender y de construir y deconstruir los modelos de formación”. “Su fin es caminar hacia una ciudadanía amable, incluyente y propositiva” dice Chingate.

El humanista fue decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, coordinador de la Comisión Nacional de Doctorados y Maestrías y del Consejo Nacional de Educación Superior, miembro del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y también director del Instituto de Estudios Sociales y Culturales (PENSAR), fundado por la Pontificia Universidad Javeriana en 1993. Actualmente se encuentra vinculado a esta misma institución como director de su Instituto de Bioética al que llegó hace tres años.

¿Cómo es trabajar con Guillermo Hoyos?, el profesor Eduardo Rueda concluye: “trabajar con él es hermoso y estimulante. Su persona reúne la potencia de la voz y de la palabra argumentada con la sencillez y la consideración, tantas veces dulce, hacia sus colaboradores, colegas, estudiantes. Guillermo es un maestro por la fuerza moral que imprime a los actos de su vida, en la academia y fuera de ella, que inspiran y mueven en la dirección de la paz y la acción justa a quienes hemos tenido la suerte de compartir con él trabajo, ideas, diálogos, proyectos, momentos cotidianos. Nos ha convencido de que pensar es un acto de responsabilidad pública: frente a un país que piensa poco, escruta poco y crítica poco”.

 

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