"Los historiadores no hablan únicamente del pasado": Renán Silva

En diálogo con El Espectador, uno de los investigadores más representativos de la Universidad de los Andes reflexiona sobre el papel del investigador social y los cambios que la historia como ciencia ha tenido en los últimos años.

Cortesía Uniandes
El libro “Cuestiones disputadas” (Ediciones Uniandes) surge luego de miles de horas de trabajo docente y pedagógico en el campo de la historia. Renán Silva ha sido docente de historia desde hace más de dos décadas y ha tenido que sortear los pormenores de la identidad y la memoria de los colombianos, en tiempos en que las ciencias sociales han venido siendo fuertemente golpeadas a nivel global por un ideario mercantil que las infantiliza. Silva es autor de obras de suma importancia para el pensamiento social colombiano, aunque en su humildad se niegue a reconocerlo, entre ellas, ‘Republica Liberal, intelectuales y cultura popular’; ‘Sociedades campesinas, transición social y cambio cultural en Colombia’ entre otras. Hablamos con el docente de la Universidad de los Andes sobre su más reciente producción académica, y de los textos claves para la formación de un historiador.   
 
¿Por qué reunir ensayos de autores tan disimiles y con diferentes enfoques como Marx, Freud, Foucault y Marc Bloch?
 
Todos son autores de gran actualidad. Los problemas que examinaron nos siguen interesando. Además, en el librito hay unidad de enfoque y de método. Lo que he querido recordar es una forma atenta, respetuosa, contextual e imaginativa de leer sus análisis.
 
Usted rescata el papel de Marx como investigador, algo que en muchos campos de la literatura académica se ha descuidado. Cuéntenos más de ello.
 
Hace años que Marx es tratado como “perro muerto”, como él decía que en algunos momentos se había tratado a Spinoza y a Hegel. Se le ha visto sólo como el grosero ideólogo de una cosa tan espantosa como la llamada “dictadura del proletariado”, o como un “economista”, es decir como un grosero utilitarista, que calculó al contrario la relación costo-beneficio.
 
¿Para qué sirve el análisis histórico hoy?
 
De manera práctica no sirve para gran cosa. En una sociedad seriamente interesada en su presente ‘debería’ servir para tratar de comprender ese presente más allá de las urgencias de lo inmediato. Como se dice en nuestra jerga, comprenderlo “en la larga duración”.  
 
En el mundo se ha venido consolidando la idea de que las ciencias humanas no son relevantes para dar cuenta de la realidad, y los gobiernos han venido reduciendo los dineros destinados para las mismas. En ese mismo sentido, ¿por qué es importante formar historiadores hoy?
 
Sí, la tendencia que usted señala es cierta. Hay poco qué hacer al respecto, pero hay que hacerlo, y hay que hacerlo con risa y con ironía, lejos de los lugares comunes; hay que recordar que los bárbaros están ahí –en Colombia, empezando por Colciencias.  
 
¿Qué obras del pensamiento social considera claves para la formación educativa de un historiador?
 
La lista es larga. No es por bibliografía por lo que sufrimos. Es por falta de deseo de saber, por ausencia de valor para conocer y por exceso de celulares. Pero atreverse a pensar debe seguir siendo la consigna.
 
¿El historiador únicamente habla del pasado?
 
Desde luego que no. Más bien es lo contrario. Nuestro horizonte es la actualidad, bien pensada, bien imaginada, puesta en las coordenadas generales que la determinan.
 
Los historiadores aún hablan de la “objetividad” y de reconstruir el pasado “tal cual”, ¿eso se puede hacer?
Hay que renunciar a las pretensiones de los postmodernos y no confundir las cosas. Que la objetividad positivista -“conocer tal cual”- sea un delirio, no significa que la verdad no importe. ¡Al respecto pueden preguntarle en estos días a los partidarios de Trump y al Canal Fox!
 
Después de la escuela historiográfica francesa liderada por Marc Bloch y del marxismo de Pierre Vilar y los historiadores marxistas británicos como E. P. Thompson y Hobsbawm, ¿cuáles son las corrientes historiográficas más seguidas hoy?
 
Los historiadores, casi en todas partes, son unos magníficos atrevidos, y año tras año siguen creando obras de profundo conocimiento y de gran deleite espiritual. Pero créame, no son las obras que circulan de manera habitual en nuestros medios universitarios.