Los profes del nuevo estatuto educan mejores estudiantes

Estudio de Uniandes concluye que los estudiantes cuyos profesores se rigen por el estatuto docente de 2002 obtienen puntajes más altos. Preocupa alto número de educadores con nombramiento provisional.

No todos los maestros son iguales. Los hay jóvenes, formados en otras profesiones, con posgrado, buen puntaje en las pruebas de ingreso a la carrera docente y dominio de las metodologías pedagógicas de vanguardia. Y también los hay mayores, menos actualizados y, por ende, con bajos incentivos por su desempeño.

Esas diferencias están marcadas por los criterios de selección aplicados a los profesores, según el estatuto docente al que pertenezcan (el de 1979 o el de 2002) y que, sin duda, impactan la dinámica en el aula de clase.

Un estudio reciente —realizado por el profesor Fabio Sánchez, de la Facultad de Economía de los Andes, y la académica Zelda Brutti, de la Universidad de Barcelona—comprobó que una mayor proporción de educadores del estatuto docente de 2002 en asignaturas como matemáticas, ciencias o lenguaje se traduce en puntajes más altos en las pruebas Saber 11 en estas asignaturas.

Ese impacto, explica el investigador Sánchez, alcanza hasta 0,20 puntos adicionales en el promedio del área evaluada, es decir, un incremento del 6 por ciento de una desviación estándar del puntaje obtenido en la materia. Aunque no es un impacto muy grande, “sí es significativo”, acota.

Para llegar a esta conclusión, se correlacionaron los resultados de las pruebas Saber 11 de todos los colegios públicos del país con los puntajes de los docentes en su examen de ingreso y la proporción, por plantel educativo, de los profesores cobijados por ambos estatutos, entre los años 2008 y 2013.

Los profesores del nuevo estatuto, afirma el estudio, son más efectivos en colegios grandes y cuando están rodeados de educadores con títulos de posgrado. Además, son más jóvenes y conocen más el área.

Pero, por otro lado, preocupa el impacto negativo que tienen los docentes provisionales en el desempeño de los estudiantes, pues la introducción del Estatuto de Profesionalización Docente de 2002, que significó un cambio en la contratación de maestros del sector oficial en el país, también generó un aumento en el número de las vinculaciones de docentes temporales.

“Encontramos que el cumplimiento de esta regulación ha sido algo insatisfactoria, ya que en el periodo 2008-2013 cerca del 30 % de los docentes que estaban regidos bajo el nuevo estatuto ocupaban posiciones temporales sin haber aprobado el examen obligatorio de ingreso. Estos docentes tienen impactos menores en el desempeño de los estudiantes”, señala el estudio.

Y existe nueva evidencia. La tesis de María Camila Ayala, estudiante de la Maestría en Economía de Los Andes, halló que un aumento en una desviación estándar en la proporción de docentes provisionales en secundaria de un plantel educativo, disminuye en 0,26 desviaciones estándar el puntaje promedio en Saber 11.

“La introducción del nuevo estatuto hizo que el clientelismo de vacantes de docentes que antes existía se trasladara ahora a las vacantes temporales… Existe un canal político que determina la contratación de estos docentes provisionales, varios de los cuales no pasan el examen del concurso de méritos”, dice la joven. Un año más de exposición a docentes provisionales, agrega, disminuye el puntaje en la prueba Saber 11 en 0,15 desviaciones estándar. En 2013, cerca del 20 por ciento de los educadores de secundaria estaban contratados bajo la figura de la provisionalidad. El análisis de Ayala no incluyó Bogotá.

La selección de candidatos para ingresar a la carrera docente, entonces, es un factor clave en el desempeño escolar. “Hoy, alrededor de dos terceras partes de los aspirantes iniciales no alcanzan el puntaje suficiente para aprobar el examen”, dicen los investigadores en su análisis, titulado “¿Una mejor selección de profesores lleva a mejores estudiantes? Evidencia de una reforma a gran escala en Colombia”.

Cumplimiento a medias de la nueva regulación

El estudio también encontró que cuanto más alto es el puntaje de los educadores en su examen de ingreso a la carrera, mayor es el puntaje de los estudiantes en la prueba Saber 11. Por cada punto más alto, el alumno aumenta su desempeño en 0,8 puntos.

Hoy, la calificación mínima para aprobar el examen de ingreso a la carrera es de sesenta puntos sobre cien.

Darío Maldonado, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, comenta que aunque se trate de un efecto pequeño, sí es claro que quienes están regulados por el nuevo estatuto están vinculados a los colegios con mejores resultados en las pruebas de Estado. Pero señala, con preocupación, la inestabilidad en la aplicación de los exámenes de ingreso a la carrera docente: el primero de ellos se aplicó en 2004; luego, en 2005 y 2006. En 2007 y 2008 no hubo examen, el cual volvió en 2009. Pero, durante 2010, 2011 y 2012 tampoco se realizó. Regresó en 2013 y se aplicó, nuevamente, en 2016.

“Los exámenes de ingreso son irregulares y ello no ayuda a que las reformas se reflejen en mejores resultados de los estudiantes. Si una persona que se está graduando de una licenciatura no sabe cuándo va a ser el siguiente examen se empleará en otra cosa y, probablemente, la perderemos para siempre. Hay que generar incentivos para que los mejores estudiantes se presenten al examen de ingreso a la carrera docente y vean en el magisterio una muy buena salida laboral”, afirma el profesor.

Con esta nueva evidencia, indica el investigador Fabio Sánchez, es momento de crear una política de Estado a largo plazo que vincule a los mejores bachilleres a la carrera docente e invertir mayores recursos en incentivos de calidad para los maestros actuales.

Un profesor ejemplar

Alexánder Ballén tiene 33 años. Desde hace seis es docente del colegio distrital Enrique Olaya Herrera, en el área de ciencias sociales. Obtuvo uno de los puntajes más altos en el examen de ingreso a la carrera docente e, incluso, fue uno de los mejores Saber 11 y Saber Pro. “Las pruebas demuestran que las personas dominan ciertos conocimientos y este tipo de filtros es muy importante. Sin embargo, un buen resultado no es necesariamente predictor de éxito. Además de conocer muy bien el área, hay que saber enseñar”, afirma.

La vocación docente, recalca, es fundamental. Y esa pasión logra cambios en el aula cuando viene acompañada de liderazgo, formación pedagógica y metodologías innovadoras. “Alex se sabe comunicar con sus estudiantes, los reta, los enfrenta a cuestionamientos y contextualiza muy bien su área, relacionando los saberes con la actualidad”, opina, al respecto, Guillermo Becerra, coordinador académico del plantel educativo.

Los estudiantes también ponderan su labor en clase. “Se desenvuelve muy bien en sus explicaciones; es dinámico, innovador, aporta cosas diferentes y hace críticas constructivas”, dice Catalina Maya, de noveno grado. Y su compañero Johan Jiménez puntualiza: “Me encanta su actitud positiva y su claridad. Se hace entender, nos sintoniza y nos anima a participar”.

La pasión por enseñar, concluye Alexánder, es vital para que los jóvenes se sientan motivados y retados. Así se logran las transformaciones en el aula.

*Periodista de Uniandes. El artículo fue publicado en Nota Uniandina.