Roberto Zarama, el arquitecto de Ser Pilo Paga

Con su propuesta de becar a los mejores estudiantes de bajos recursos en la universidad que elijan, pública o privada, Roberto Zarama sacudió los debates sobre formación superior en el país.

Desde que era estudiante, Roberto Zarama se obsesionó con un tema: cómo una pequeña perturbación a un sistema puede producir una gran modificación en el comportamiento de ese mismo sistema, cómo al alterar una pequeña regla de juego es posible alterar todo el juego.

Estudió matemáticas en la Universidad Nacional. Fue discípulo de un gran matemático francés, René Thom, padre de la Teoría de Catástrofes. Cuando finalmente regresó a Colombia, hace unos 30 años, intentó aplicar las matemáticas para combatir la corrupción. Usaba modelos matemáticos para proponer ajustes en sistemas de auditorías. Como profesor en la Universidad de los Andes ha usado esas mismas herramientas matemáticas para entender fenómenos como los conflictos armados y más recientemente la educación.

Tan pronto explica su principal obsesión intelectual, las pequeñas perturbaciones que se magnifican, se revela el ADN del programa Ser Pilo Paga que la ministra de Educación, Gina Parody, decidió convertir en una de sus principales banderas educativas. Ser Pilo Paga es un intento, en el mundo matemático de Roberto Zarama, por crear una perturbación capaz de expandirse como una epidemia y, eventualmente, cambiar gran parte del sistema educativo.

“Hace unos años me preguntaron: Si usted solo pudiera tomar una decisión en educación, ¿cuál sería? Se me quedó esa pregunta en la cabeza. Luego pensé que le aseguraría un puesto en educación superior a cualquier persona que terminara la educación media”, recuerda Zarama.

Desde entonces comenzó a pensar en el problema de financiación de la educación colombiana. En 2011 le pidió a uno de sus alumnos de doctorado, Juan Felipe Penagos, trabajar en el asunto. Uno de los primeros pasos consistió en calcular la tasa interna de retorno de la educación superior. En otras palabras, qué tan buena era la inversión en el aprendizaje. “Hicimos cálculos demostrando que tiene un retorno espectacular”, dice Zarama.

Juntos notaron un fenómeno que atrapó su atención. Al revisar datos del Icfes encontraron que año tras año, entre 17.000 y 18.000 adolescentes colombianos de estratos 1, 2 y 3 obtenían resultados en el examen por encima del promedio. Se ubicaban en el 5 y 7 % más alto de toda la población. El problema era que al año siguiente de presentar el examen prácticamente ninguno ingresaba a una universidad y con el paso del tiempo sólo unos 4.000 lo lograban y menos de la mitad a una institución con acreditación de alta calidad.

¿Cómo era posible que los mejores alumnos no estuvieran en las mejores universidades, en las acreditadas? “Si yo fuera director de Coldeportes y me piden armar un equipo, sin duda elegiría a los mejores”, reflexiona Zarama. “Necesitábamos que esos alumnos entraran a las universidades acreditadas. Así nació este programa”.

Este año entró la segunda cohorte de Ser Pilos Paga a las universidades colombianas. La “pequeña perturbación” en el sistema educativo con que siempre ha soñado Zarama, 40.000 en cuatro años, que son pocos comparados con los más de 600.000 que se gradúan cada año de bachillerato, parece estar dando resultados inesperados: el debate sobre calidad en educación tomó una fuerza inesperada; las universidades públicas y privadas se han visto abocadas a nuevas reflexiones y reestructuraciones para recibir a estos jóvenes; la vida de los becarios y de sus familias ya comenzó a cambiar; también parece que los bachilleres se están esforzando un poco más para lograr una beca.

Zarama confía en su creación. Sabe que es cuestión de tiempo para que se consolide el efecto mariposa en las universidades colombianas que recibieron a los Pilos, para que esa pequeña perturbación inicial se amplifique y muchas cosas cambien.

* Editor de la sección Vivir de El Espectador

 

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