Un lugar para curarse y aprender

Los pacientes de la Fundación Cardioinfantil ahora tienen un lugar para cantar, bailar, actuar y estudiar mientras se recuperan.

Más de 500 niños y sus familias podrán disfrutar de un espacio diseñado para incentivar la educación en valores. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Cuando un niño se enferma y tiene que ser hospitalizado se separa de sus amigos, del colegio, de parte de su familia, de su barrio e incluso de su ciudad. Pierden clases, a veces reprueban grados y llegan a un hospital a enfrentarse a exámenes, cirugías, agujas, doctores y enfermeras.

Al menos la mitad de las familias que atiende la Fundación Cardioinfantil de Bogotá viene de otros lugares del país. Muchos niños de la costa, también del Meta y Casanare. Dependiendo de sus dolencias, los pequeños pueden permanecer días, semanas o meses en el hospital. Su vida, mientras esperan aliviarse, se reduce a ese espacio.

Este año Piedad de Jaramillo cumple 14 años de haber elegido ser voluntaria de la Fundación. Dos veces a la semana la mujer, junto con otras compañeras, entrega medio día de su tiempo para atender la ludoteca del hospital. Ya perdió la cuenta del número de pequeños que la han buscado para jugar, leer o distraerse.

Hasta hace pocos días esos 200 metros, donde Piedad recibía a los niños, fueron una especie de guardería donde se acumularon juguetes, risas e historias. Pero hoy es un aula educativa completamente transformada, diseñada para aprender a través del juego, los valores y la convivencia. Amoblada con un piano dispuesto para que los niños canten y bailen, con computadores que tienen cerca de 800 aplicaciones educativas desarrolladas por el reconocido programa internacional One Laptop per Child, con un área para descansar, una biblioteca para leer y un teatrino para actuar.

Gracias a una alianza entre la Cardioinfantil y la Fundación Prema, entidad enfocada en la promoción de la educación a través de los valores, los días de los niños en el hospital también son para aprender sobre la verdad, la rectitud, la paz, el amor y la no violencia. “La salud no es sólo la ausencia de la enfermedad, se necesita encontrar un equilibrio físico y mental. Si un niño está aprendiendo, se está divirtiendo y a la vez se está aliviando va a tener una recuperación más exitosa”, dice la directora de la fundación Prema, María Paula Ávila.

Hace seis meses el doctor Miguel Ronderos, jefe del Departamento de Cardiología Pediátrica de la Cardioinfantil, conoció el trabajo de la Fundación Prema durante una visita al centro educativo del Hospital Infantil Los Ángeles, en Pasto. “Encontramos el complemento perfecto para un programa que desde hace seis años implementamos en el hospital. Con la Fundación Telefónica hemos logrado que los niños del hospital no pierdan clases, ahora este centro lúdico permitirá sumar esfuerzos para que sigan aprendiendo mientras se recuperan”, explica el especialista.

En 2013, diez adolescentes recibieron su diploma de bachiller mientras se encontraban hospitalizados por fallas cardíacas, recuperación por trasplantes y problemas hepáticos. Gracias a los esfuerzos del hospital, los jóvenes pudieron recibir clases con pedagogos que dispuso la Alcaldía Distrital y Telefónica.

Un grupo de papás y pacientes se reúnen en uno de los espacios del centro lúdico de la Fundación Cardioinfantil, diseñado para hablar de paz y mantenerse en silencio. El pedagogo Carlos Cortés los invita a respirar profundo, a pensar en su familia y a meditar unos minutos.

“La mayoría llega con altos niveles de estrés al hospital. Durante las primeras 48 horas les temen a las batas blancas, a las agujas y a los tratamientos. Es una bendición poder tener un espacio donde nos podamos calmar un poco y, en silencio, pensar en que mi salud o la salud de quien quiero va a mejorar. Los pacientes y los papás no dejarán de agradecer que la Fundación les entregue un espacio para sanar también el espíritu”, dice el maestro.

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