Las primarias en Argentina se realizarán el domingo

Cristina Kirchner no tiene miedo

Llegó diciendo “vamos a volver” y ahora Argentina podría elegirla nuevamente.

Archivo El Espectador

El anuncio de su regreso sucedió en el estadio Julio Grondona, ubicado en el corazón de Buenos Aires, a mediados de este año. Sarandí, la zona donde se erige el Grondona, es conocida como el lugar de los obreros del país, de los pobres, de las clases humildes de la capital de Argentina. Es justamente ahí donde Cristina Kirchner tiene su fuerza electoral. Allá llegó.

Y no llegó sola. Con ella llegaron miles de personas para gritar su nombre y su nuevo lema, con el que, si las cosas salen como indican las encuestas, se convertiría en senadora el próximo año: “vamos a volver”.

Aunque las PASO -las primarias obligatorias del país gaucho- no definen aún el resultado, sí son un termómetro de lo que se viene. Incluso, Mauricio Macri, el actual presidente, admitió con un tono evidentemente resignado, que es muy probable que Kirchner vuelva al ruedo.

"Esta es una campaña extraña. Ahora copian nuestras formas de comunicación, copian y copian hasta la fotografía. El otro día yo decía: qué lástima que no copien decir la verdad, ¿no?", dijo Macri, refiriéndose al estilo que ha usado la expresidenta para recuperar su fuerza política. Y agregó: "Mi trabajo va a ser el mismo en cualquiera de los dos resultados, porque hago esto de corazón, convencido de que es lo mejor para los argentinos". Eso sí, en el reportaje citado por el diario local LMNeuquén, no tardó en enfatizar que, al ingresar al gobierno, se encontró con un "un nivel de corrupción tremendo en los contratos firmados".

"Pero lo peor que encontramos para mí fue una profundización alarmante de un relato que lleva a que el ciudadano sienta que su aporte no cuenta, que acá hay que resignarse a esperar qué es lo que el Estado te va a dar en vez de qué es lo que vas a hacer vos mismo con tu pasión, con tus ganas de crecer. Eso creo que es lo que más tenemos que enfatizar", agregó Macri. Es la pelea eterna entre el discurso de los gobiernos más de derecha, o más de izquierda.

Y es que Cristina Kirchner se ha levantado del lodo. Al abandonar su silla de presidenta, en febrero de 2015, lo único que se decía sobre ella es que había sido procesada por corrupción y que había dejado a uno de los países con más riqueza del mundo, nadando en la pobreza. Abandonó el poder con investigaciones por irregularidades millonarias y fue procesada por “asociación ilícita” y “defraudación a la administración pública”. Escribía Jonathan Gilbert para The New York Times, que los expertos opinaban que existía “un marco institucional frágil promovía la corrupción política y un poder judicial politizado permitía que aquellos que dejan el poder quedaran libres de culpa”. Era una época en la que, según las encuestas, lo que más les preocupa a los argentinos era que Kirchner quedara libre.

No la ayudaban las cifras. Según un informe de la ONU, que medía lo sucedido en el período 2013-2014, justo en la recta final de Kirchner, Argentina era el país del continente con más robos por habitante. Seis de cada 10 robos eran cometidos con violencia, según el portal ABC. Por otro lado, el alza de precios llegó a alcanzar un 30%, haciendo que al grueso de los argentinos su salario les alcanzara para poco o nada.

Pero regresó diciendo con contundencia que va a volver. Ahora bien, Macri tiene razón en que los mecanismos de comunicación han cambiado. En sus propagandas en televisión se le ve callada. Hace cosas, abraza la gente, y no dice nada. Incluso, aquel día en el estadio Grondona, hizo algo más bien insólito, viniendo de ella. Cuando sus simpatizantes empezaron a insultar a Macri, ella los detuvo:  "Nada de insultos, hemos venido a construir una unidad ciudadana". La nueva Cristina Kirchner es moderada, tranquila y habla haciendo pausas.

Sin duda, le ha servido. Macri aceptó que su victoria es inminente, y El País de España escribió que los mercados están a la espera, tensos por el triunfo de Kirchner en las primarias. Sin gritar, casi sin decir nada, este es el temerario regreso de Cristina Kirchner.