El drama de vivir en viviendas para pobres en Londres

La mayoría de habitantes de la Grenfell Tower devorada por el fuego el martes en la noche en Londres, eran inmigrantes y personas muy pobres.

La torre Grenfell, queda ubicada en el Ayuntamiento de Kensington y Chelsea, uno de los más ricos. AFP

Londres es un lugar muy costoso para vivir. Tanto, que entre 2010 y 2016 se duplicó el número de personas que le pidieron ayuda al gobierno británico para acceder a una vivienda de interés social. Una barata, de esas que se puede pagar luego de trabajar largas horas limpiando casas o cuidando niños y limitando al máximo cualquier gasto extra. Porque el costo de vida en la capital inglesa puede ser muy alto.

Eso lo sabían todas las familias (la mayoría inmigrantes de Etiopía y Marruecos) que vivían en la Torre Grenfell, el complejo de vivienda social de 120 apartamentos en los que vivían aproximadamente 800 personas, y que fue consumida por las llamas el martes en la noche. El fuego, que devoró el edificio de 24 pisos en apenas unas horas, también se cobró la vida de 30 personas. 

La policía londinense ha identificado a tres de las treinta víctimas mortales registradas hasta ahora, aunque teme que habrá muchas más y ha advertido que, por las circunstancias del suceso, muchos de los cadáveres ni siquiera podrán ser identificados. Una tragedia que enluta al distrito de Chelsea y Kessington, uno de los barrios más ricos del mundo que alberga muchas viviendas de protección oficial, asignadas a personas de escasos recursos económicos.

Hoy reina la indignación porque los habitantes de la Torre Grenfell, construida en1974,  denuncian que durante años se quejaron por las insuficientes medidas de seguridad y el peligro de incendios, y nunca recibieron una respuesta. Tambien denuncian que el material que se empleó en el material que se empleó para revestir la fachada del bloque, durante unas obras de reforma en 2016, fue la opción "más barata e inflamable", según publica el periódico The Guardian.

La empresa Omnis Exteriors, proveedora del compuesto de aluminio que se usó para rehabilitar el exterior del edificio de 24 plantas, ha reconocido al periódico que se le pidió la opción más económica. El director de la compañía, John Cowley, dijo al diario inglés que se le encargó el material llamado Reynobond PE, que es 2 libras (2,3 euros) más barato por metro cuadrado que Reynobond FR, el cual es "resistente al fuego".

"Suministramos componentes para un sistema creado por el equipo de diseño y construcción de este proyecto", dijo Cowley. Según el diario, Harley Facades es la empresa que instaló los paneles comprados a Omnis en la torre Grenfell. 

Un debate que apenas comienza, pues la tragedia destapó que otros bloques de vivienda social como Grenfell han sido reformados de forma similar. Es decir con material barato. Por eso el gobierno británico ordenó una revisión general de las medidas de seguridad de las viviendas sociales. Ya se debate un cabio en la ley y se pide verificar la renovación de edificios que alojan a familias pobres y cuyo mantenimiento se ha hecho con bajos estándares de calidad y seguridad. 

El material empleado en Grenfell, dice The Guardian, ya ha sido prohibido en países como Australia y EE.UU. Pero la vivienda social en Londres pasa por una crisis. Un arquitecto español, que participó en la restructuración de varios edificios sociales en la capital británica, explicó al periódico El Mundo que hay mucha gente buscando vivienda asequible. Explicó que hay mucha gente en vivienda social, pero en régimen de propiedad compartida con el gobierno.

El sistema de viviendas sociales de Londres comenzó a caerse cuando el gobierno de Margaret Thatcher alentó a los propietarios a adquirir sus propias viviendas sociales en la década del 80. Entonces, la oferta cayó y el dinero que el gobierno recibió por esas viviendas no fue reinvertido en nuevas construcciones sociales. Por eso la mayoría de familias pobres viven en edificios viejos y que reciben poco mantenimiento.

Pablo Guimón, periodista de El País lo describía así: "Son 8,6 millones. La ciudad va camino de superar los 10 millones de habitantes en 2020 y todos coinciden en que la presión en la vivienda es insostenible. La oferta no alcanza a una demanda global ilimitada. Los precios se disparan. Amplios sectores de la población están siendo expulsados de la ciudad y otros aceptan condiciones cada vez más duras para quedarse".

La vivienda social escasea mientras crece el mercado inmobiliario para los ricos del mundo. "En 2013, el 85% de las casas nuevas de Londres fueron adquiridas por compradores no británicos. Una generación entera está siendo excluida de la propiedad inmobiliaria. Se calcula que, en cuatro años, solo aquellos con un salario anual de 106.000 libras (unos 133.000 euros) podrán acceder a la compra de una vivienda modesta en la ciudad", explica Guimón en El País.

Según datos de la prensa inglesa, hay más de 4.000 edificios de vivienda social en Gran Bretaña. Pero pronto van desapareciendo del paisaje, mientras la población no para de crecer. Una que no puede pagar los precios de la vivienda. 

De momento, hay solo tres víctimas conocidas, el niño de 5 años Isaac Shawo, la artista Khadija Saye y el refugiado sirio Mohammed Alhajali.
Veinticuatro personas siguen en el hospital, doce de ellas en estado crítico.

Oficialmente, no se ha determinado el origen del incendio, pero se habla de una falla eléctrica en la nevera de un vecino en el cuarto piso de origen etiopo. Un hombre que maneja taxi y que salió de su casa a las 12:45 cuando estalló el incendio y llamó a los bomberos. El hombre también le avisó a algunos vecinos del sexto piso, donde vivía, que alcanzaron a salir, a pesar de la rápida propagación del fuego.

Los vecinos hablan del olor a plástico quemado con el que empezó todo. Según varios testigos, en menos de media hora el edificio entero estaba envuelto en llamas.