Siguen las marchas contra Maduro

La encrucijada venezolana

El gobierno de Venezuela lleva cerca de seis intentos de diálogo con la oposición. Cada vez que se ve con el agua al cuello recurre a esta estrategia, que termina saboteando, pero que le ayuda a bajar la presión.

Cortesía/AFP

Estamos de acuerdo en que el diálogo siempre será la mejor salida para resolver crisis tan complejas como la que vive Venezuela. Sin embargo, haciendo una revisión de todas las veces que el gobierno de Nicolás Maduro ha invitado a conversar a sus contradictores políticos, encontramos la misma matriz: un país desbordado por las protestas, fallos polémicos contra la oposición, una comunidad internacional menos inmóvil ante la situación y una crisis económica y social que no cesa.

En 2014, un acercamiento —promovido entre otros países por Colombia— terminó sin resultados. El momento, eso sí, fue aprovechado por el Gobierno para mostrarse muy democrático y dispuesto al cambio, pero no hubo modificaciones tangibles.

En 2016, luego de anular el proceso de referendo revocatorio, el Gobierno se vio tan presionado que recurrió incluso a la mediación del Vaticano para calmar los ánimos. La oposición (que también cambia de visión frente a las conversaciones, dependiendo del liderazgo del momento) aceptó ir a la mesa, pero terminó pagando un alto costo. Luego de hacer una demostración de fuerza inédita en la calle y de volver a convertirse en un actor influyente, perdió todo ese impulso. Una encuesta de Venebarómetro demostró que perdió cerca de 15 % de apoyo por aceptar ir al diálogo.

En enero de 2017 la alianza opositora dio por concluido este capítulo. “El Gobierno de Maduro no cumplió con los acuerdos de crear un cronograma electoral, implementar medidas para aliviar la crisis de escasez de medicamentos y alimentos, la liberación de los políticos presos y la restitución del rol del Parlamento”, señaló la Mesa de Unidad Democrática (MUD).

Hoy, cuando las marchas en contra del oficialismo se hacen más frecuentes y más violentas (van siete muertos desde el 1º de abril), y cuando Venezuela sufre la peor crisis de seguridad de los últimos tiempos, Maduro vuelve a mostrarse dispuesto al diálogo.

“Yo estoy listo, les digo, mañana mismo, pasado mañana, a reunirme y verme la cara con los voceros de la oposición, a decirles otra vez sus cuatro verdades y a pedirles en nombre de millones y millones de hombres y mujeres de Venezuela que rectifiquen y que cesen su violencia y su golpismo”, dijo Maduro. Mal comienzo.

Dijo que serán voceros oficialistas para este diálogo el alcalde chavista Jorge Rodríguez, su hermana, la canciller Delcy Rodríguez y el diputado Elías Jaua y pidió al periodista José Vicente Rangel y al abogado Hermann Escarrá que se incorporen como enlaces para “explorar el camino del diálogo”.

La alianza opositora no está cerrada a esta opción, dice que sí al diálogo, pero no va a bajar los brazos, pues no renuncia a su principal petición: elecciones generales en 2018. “Esto significa que todas, todas las autoridades van a las urnas, incluso la Asamblea Nacional”, explica Ronal Rodríguez, de la Universidad del Rosario.

Las voces para volver a la mesa, crecen. El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo: “Llamamos al gobierno de Venezuela y a la oposición a comprometerse sinceramente a reactivar los esfuerzos de diálogo, especialmente en torno a los temas críticos que ya han acordado revisar en la agenda, a saber: el equilibrio de poder entre las ramas del Estado, el calendario electoral, los derechos humanos, la verdad y la justicia y la situación socioeconómica”. Otros países de la región también pidieron una solución que pase por la vía electoral. Voces en Venezuela dicen que el gobierno terminará aceptando las elecciones en 2018, ¿pero aceptará observación internacional? Las dudas sobre la limpieza de este proceso son grandes, más aún cuando el 78 % de los venezolanos, según encuestas, le propinarían al chavismo una derrota contundente en las urnas.

Las elecciones de gobernadores debieron realizarse en 2016, pero fueron suspendidas y aún no tienen fecha; las de alcaldes están pautadas para este año y las presidenciales para diciembre de 2018.

Rodríguez explica que varios países de la región tendrán un papel clave en esta nueva etapa en Venezuela, particularmente Colombia. “El país tendrá un rol protagónico, pues al igual que Venezuela argumentó que su participación en los diálogos de paz con las Farc era necesaria, ya que eran uno de los principales afectados por el conflicto, Colombia puede argumentar lo mismo. El país, de hecho, es un de los grandes afectados con la dinámica actual venezolana”.

Las últimas palabras del presidente Juan Manuel Santos —“Hace seis años le advertí a Chávez que la revolución bolivariana fracasó”— hacen pensar que quizás esa participación se embolate. El gobierno colombiano cambió de postura radicalmente ante un conflicto en el que evitó involucrarse en los últimos seis años. Pero la radicalización de Maduro y particularmente la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en la que asumía las funciones de la Asamblea Nacional, llevaron a Santos a calificar la situación de “arbitraria e inaceptable”.

Colombia llevó el miércoles la preocupación por la militarización de la sociedad venezolana a la ONU y cada vez toma más distancia del país vecino.