¿Cómo llegaron los venezolanos a la polarización de hoy?

La Venezuela chavista también está en la calle

La crisis social y política no apareció de la nada. Ríos de gente marchan por defender su idea de país.

En el funeral de Hugo Chávez, el 8 de marzo de 2013 en Caracas, millones de personas prometieron seguir apoyando al chavismo. Hoy permanecen fieles. AFP

Cuando los venezolanos llegaban a las tiendas de Miami en los años 70, decían “ta barato, dame dos”. Eso recuerda Fanny Gutiérrez, colombiana. Entonces se convirtieron en los “Tabarato” de América Latina. “Así se les conocía en el continente”, explica Federico García, historiador. “Éramos ricos y no lo sabíamos”, cuenta José Luis Trujillo, venezolano de padres colombianos que salieron huyendo de Ocaña, Norte de Santander. En Venezuela encontraron trabajo y con el trabajo, plata. No plata cualquiera. Plata que compraba un dólar con 4,30 bolívares.

Hoy, para comprar un dólar, usted necesita 5.201,80 bolívares. Además, en el 2008 Hugo Chávez, entonces presidente de Venezuela, tomó la decisión de quitarle tres ceros a la moneda, en un intento por bajar la inflación, o eso dijo. Pero las cosas eran muy distintas en los años 70, en los años del boom de colombianos viajando a Venezuela, cuando los bolívares realmente compraban sueños.

Durante la segunda década del siglo XX se descubrieron enormes yacimientos petroleros en el Campo La Rosa, en la costa oriental del Lago de Maracaibo. Antes de eso, cuenta el historiador García, Venezuela era un país como cualquier otro en América Latina: pobre, rural, desigual. Por supuesto, descubrimientos petroleros de este tamaño vuelven especial a cualquiera.

En Colombia nos enteramos de que la cosa andaba bien del otro lado. Sobre todo en la frontera, en donde entraba mejor la señal de Radio Caracas Televisión y Venevisión, que la de los canales colombianos. “Colombia siempre ha sido un país muy centralista y las fronteras han estado históricamente olvidadas”, dice García.

Eso explica por qué en las calles de Cúcuta se hablaba más de Supersábado sensacional que de Sábados felices. “Nuestra arepa siempre fue la arepa venezolana, las novelas que veíamos también eran venezolanas.Finalmente tomé la decisión de irme de Cúcuta en 1975, a los 17 años, porque había muchos robos, mucha inseguridad y no había trabajo”, cuenta Fanny Gutiérrez.

En cambio, se rumoraba que, a punta de berraquera, uno llegaba a la gloria en Venezuela. En Colombia, para muchos, no había esfuerzo que llevara a nadie a ninguna gloria. “La violencia nos tenía muy mal. Si no eran los unos, eran los otros”, dice Julieth Pérez, otra colombiana residente en Venezuela. “Bueno, pues yo sí tengo una cosa que agradecerle a Chávez”, dice bajando el tono, como si le diera pena: “Él nos nacionalizó, hizo un operativo para darnos cédula a los colombianos. Eso me ayudó mucho, porque nosotros pudimos hacer una vida aquí en San Cristóbal”. Pasó de tener nada a tenerlo todo. Casa, educación, salud, carro. Ella y su familia son dueños de un supermercado en San Cristóbal, capital del estado de Táchira.

Las cosas cambiaron. Durante el 2016, asesinatos y otros delitos violentos aumentaron , según la ONG Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). La organización registró 28.479 asesinatos el año pasado, 91,8 por cada 100.000 habitantes. Esto explica por qué Pérez se sintió obligada a poner el inciso “eso sí” antes de decir que tenía algo por agradecerle a Chávez. Además, su nuera ha participado en marchas de la oposición y defiende que Venezuela necesita un cambio. No en dos años, cuando haya elecciones presidenciales. Quieren un cambio ya. “Desde mi punto de vista, Chávez dedicaba su discurso a la población humilde, de clases bajas de Venezuela, en 1998. Mientras los otros candidatos decían ‘vamos a producir, vamos a progresar, vamos a hacer’, Chávez decía ‘vamos a darles todo y gratis’”, dice Angie Useche, la nuera.

Pero así no piensan todos. “Chávez reivindicó a personas como yo, o como mi familia. Nos dio la posibilidad de salir del anonimato”, cuenta Ángel González, quien lidera un programa comunitario para niños y adolescentes en Barquisimeto, apoyado por el chavismo.

La bonanza de los petródolares que los volvió famosos por comprar mucha ropa en Miami, no duró toda la vida. “El país empezó a gastar plata en bobadas. Por ejemplo, compró una flota de aviones F16, los mejores aviones del mundo. No los necesitaba”, dice García.

En los 80 se reventó la burbuja y se puso en evidencia el gasto desmedido del Estado y su altísimo nivel de endeudamiento. “En Venezuela hay una clase media importante, descendiente de italianos, de portugueses. Esa clase media tenía un nivel de vida altísimo, pero el grueso de la población, la mayoría, no tenía con qué comer”, cuenta García. Toda esa inconformidad se reunió en el Caracazo, una protesta masiva que, del 27 de febrero al 8 de marzo de 1989, exigió que mejoraran las condiciones de vida en Venezuela.

En ese contexto, la figura de Hugo Chávez coge fuerza. “Chávez hace política con los que llamaban pardos, es deci,r la supuesta chusma”, dice García.

Empieza a sonar que los pardos tenían que tomar el poder y el ruido se convierte en votos. Chávez llega a la Presidencia en diciembre del 98 y promete mejorar la calidad de vida de los pobres mediante políticas públicas que llamó misiones. “Nadie había pensado nunca en nosotros. Nadie se había preocupado por decir que todos necesitábamos educación, que todos necesitábamos salud, por pensar en los jóvenes”, cuenta Keila Padilla, líder comunal del Táchira.

A pesar de la incomodidad que generó la figura de Chávez en la comunidad internacional, la Unesco lo premió en el 2005 por su lucha contra el analfabetismo. Y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Cultura (FAO), le puso “Hugo Chávez Frías” a su programa para la erradicación del hambre y la pobreza.

“Con Chávez empezó una visibilización de lo pardo, de lo que se considera ‘lobo’, de lo que se considera ramplón. De pronto los que salían en televisión ya no eran solo los blancos de siempre. Mira cómo es la élite venezolana. Son bastante blancos. Chávez empezó a mostrar en televisión a la gente que estaba oculta. Eso indignó a la élite, que se angustió porque en el mundo todos van a creer que los venezolanos son ‘pardos’ y ‘ramplones’”, afirma García.

Francisco González, médico venezolano, especialista en salud ocupacional y profesor de la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado, dice que los hospitales están desabastecidos, “pero hay que preguntarse por la causa. Fíjate en quiénes son los que controlan la importación de alimentos en Venezuela. Mira tú quién fue el que le dio el golpe de Estado a Chávez. Lo tienen ustedes allá”.

Se refiere a Pedro Carmona Estanga, nombrado presidente de facto tras el de golpe de Estado contra Chávez en el 2002, refugiado en Colombia tan pronto Chávez retomó el poder. Era presidente de Fedecámaras, asociación que integra a la industria venezolana. Algo así como la Andi en Colombia. “No es casual que hayan nombrado presidente a quien se encargaba de esa institución. Desde esa fecha existe una guerra económica con estrategias como el desabastecimiento”. García le da la razón: “¿No te parece muy raro que los productos en Venezuela escaseen cíclicamente? Un mes, en toda Venezuela, se acaba el repelente de mosquitos. El otro mes se acaban todos los pañales de los niños. Y así. Tácticas clásicas de guerra económica”.

En lo que coinciden la oposición y el gobierno es en que el petróleo no ayuda. La caída del petróleo, que arrancó en el 2014 dejó a Venezuela sin fondos. El gobierno culpa al capitalismo, al fracking, a Estados Unidos. La oposición culpa al gobierno por no tener medidas de contención. “Yo creo que la guerra económica es una excusa que el gobierno utiliza para disimular los fracasos derivados de la falta de toma decisiones. Hay temas como el control de cambios, por ejemplo, que no se han resuelto”, asegura Vladimir Villegas, político y periodista venezolano.

Villegas, quien trabajó para la campaña de Chávez y renunció; luego estuvo en la campaña del opositor Henrique Capriles y terminó por hacerse a un lado, cree que la oposición también ha fallado. “La oposición se equivocó en el pasado cuando quiso llegar al poder por la vía rápida, de la fuerza. Cuando han intentado el camino electoral les ha ido bien. Sin embargo, ese camino en este momento está cerrado y la alternativa para los opositores es ir a la lucha de calle. Ahora, debo decir que la oposición ha fallado en la división del liderazgo, en la falta de toma de decisiones y en crear un proyecto de país en el que quienes alguna vez creyeron en el chavismo y ahora están decepcionados, puedan sentirse identificados”.

El historiador Federico García admite que hay chavistas decepcionados: “Un tema de estudio para los intelectuales de izquierda es esa conservatización de algunas personas que pertenecían a las clases bajas. Gobiernos como el de Chávez los reivindican, se vuelven de clase media y luego se conservatizan. Tienes que saber que los venezolanos estaban acostumbrados a viajar a Miami todos los meses, y no venezolanos ricos. Te estoy hablando de gente como tú o como yo”.

En efecto, no hay solo personas de clase media en las marchas opositoras, ni pobres en las marchas del gobierno. “El problema de Venezuela es que se acostumbró al pueblo a que le dieran todo gratis”, dice Fredy Mujica, venezolano que trabaja como vendedor ambulante en la frontera.

“La oposición está contratando adictos a las drogas que están en centros de rehabilitación, gente sin nada, o con pasado judicial, para ir al frente de las protestas, atacar la guardia y generar disturbios”, denuncia Francisco González y a él se suman otros chavistas y el gobierno venezolano.

“Las campañas políticas siempre son más espectáculo que propuestas”, explica García. En el espectáculo de la oposición aparecen fotos que muestran una guardia represiva con los manifestantes, que llenan las calles de manera pacífica y exigen la salida de Nicolás Maduro. En el espectáculo del gobierno se ve una guardia paciente, a la que los manifestantes le tiran caca mientras ellos resisten los ataques, que a veces van con balas incluidas. En el espectáculo general, ríos y ríos de gente marchan por defender su idea de país. Ambas marchas, multitudinarias. Unos van de rojo. Los otros, de amarillo.