Los dictadores no se jubilan o mueren de viejos

A lo largo del siglo XX los dictadores venezolanos se jubilaron o murieron de viejos en el ejercicio del poder, en una especie de otoño dorado por “salvar la patria”.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su círculo de gobierno. AFP

“La vaca sagrada”, el avión presidencial, despegó de la Carlota a la una de la mañana del 23 de enero de 1958, el hasta ese día dictador militar Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) abandonaba el país, porque el responsable del exilio, tortura, muerte y desaparición de miles de venezolanos “no mataba cadetes”. Años después, en 1963, fue extraditado y pagó cuatro años de cárcel, murió en Madrid en 2001 entre lujosos autos de carreras.

El 17 de diciembre de 1935 se anunció la muerte de Juan Vicente Gómez (1908-1935), en el mismo día que 105 años antes lo hiciera el Libertador Simón Bolívar en una forzada coincidencia. El hombre que controló el destino de Venezuela y quien cambió la carta constitucional en por lo menos seis ocasiones para aferrarse al poder, el responsable del exilio, tortura, muerte y desaparición de miles de venezolanos moría de viejo.

A lo largo del siglo XX los dictadores venezolanos se jubilaron o murieron de viejos en el ejercicio del poder, en una especie de otoño dorado por “salvar la patria”. Pero el costo de actuar como dictador cambió con la llegada del siglo XXI. Después de un poco más de treinta años de lucha por la consolidación democrática en América Latina, y a pesar de los golpes de Estado y las crisis económicas, hoy son menos tolerados los comportamientos dictatoriales.

Quizás las democracias occidentales suelen mirar para otro lado cuando los dictadores ofrecen mínimos niveles de estabilidad, tal vez porque se prefiere el mantenimiento del “orden” antes que un desgobierno extendido. Pero cada vez son menos los dictadores que mueren de viejos o los que logran jubilarse. Son menos los que pueden viajar por el mundo sin el temor a ser detenidos.

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El pasado lunes, el comisionado de la ONU para los Derechos Humanos pidió investigar el uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades venezolanas durante las protestas (entre abril y julio), afirmando que existe la posibilidad que se cometieran crímenes contra la humanidad. Ya son más de un millón de venezolanos exiliados, y se empiezan a tener documentados los casos de tortura y muerte por organismos intergubernamentales.

Nicolás Maduro es un presidente joven de apenas 54 años de edad, quien afirma estar dispuesto a convertirse en un dictador para sostener el modelo económico del socialismo bolivariano del siglo XXI. Pero es poco probable que muera de viejo en el ejercicio del poder, también es poco probable que tenga un otoño dorado escuchando música salsa, quizás pueda vivir asilado en Cuba, pero incluso en Cuba dentro de veinte años el castrismo será parte del pasado.

*Profesor e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, Director de “Esto no es una frontera, esto es un río” de @urosarioradio y presidente de la Fundación Surcontinente @ronalfrodriguez