Semblanza de una tierra prometida

Los peregrinos del Mayflower y la formación de los Estados Unidos

En la historia de EE. UU. existe un inocultable influjo de la Reforma protestante. La Nueva Inglaterra, como los primeros migrantes británicos denominaron a América, surgió de la idea de crear una nación a partir de la expansión de la fe cristiana.

Imagen del desembarco de los peregrinos del Mayflower que dio origen a la Nueva Inglaterra. / Google

La Reforma protestante en las Islas Británicas provocó entre los siglos XVII y XIX una cadena de comunidades en búsqueda de un horizonte distinto al asedio religioso. Lo hicieron emigrando hacia Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y el Caribe. Una de esas movilizaciones gestó el núcleo de Estados Unidos. En gran parte, Virginia fue hechura del anglicanismo; Plymouth o Massachusetts, del puritanismo; Rhode Island fue puritana bautista; las Carolinas surgieron de conformación religiosa diversa, y Maryland fue básicamente católica.

En términos generales, Nueva Inglaterra, nombre dado al territorio en América a donde llegaron los primeros británicos en el siglo XVII, dio lugar a múltiples colonias en las que, como anota el historiador Justo L. González, “la motivación religiosa fue uno de los impulsos predominantes”. Huyendo del uniformismo anglicano, una pequeña colonia puritana se refugió inicialmente en la Holanda calvinista de principios del siglo XVII. Fueron bien tratados, pero la expectativa de encontrar un escenario propio los llevó a Norteamérica.

Al nuevo continente se dirigieron en 1620, a bordo de un pequeño velero de altas bordas llamado Mayflower. Por eso fueron llamados los Peregrinos del Mayflower o los Padres Peregrinos. Después de concretar acuerdos con la Compañía de Virginia, la mayoría anglicanos de ideales puritanos, con ánimo resuelto dejaron el país de los tulipanes y asumieron el reto de encontrar una nueva “tierra prometida”. El 21 de noviembre de 1620, esta piadosa sociedad de puritanos ingleses puso pie en tierra en el cabo Cod, cerca del lugar donde tiempo después fue fundada la ciudad de Boston.

En aquellos días de fines de otoño y principios de invierno, las nubes del cielo amenazaban lluvia recia. Ese barquichuelo con creyentes no era más que una cáscara de nuez que subía y bajaba al ritmo de agitadas olas. Por momentos, cuando se deshacían las cortinas de niebla, se advertían en el horizonte los acantilados negros de Norteamérica. En medio de la tormenta, los peregrinos del Mayflower permanecieron aferrados a su fe, pues eran almas forjadas en el horno y el yunque del calvinismo.

Por lo general, eran hombres con perilla y rizadas cabelleras, con trajes sencillos y oscuros, escasamente alegrados por blancos cuellos de lino. Algunos llevaban sombreros de copa cónicos; otros se protegían con capas. Detrás de ellos se apretujaban mujeres y niños. Después de una larga y peligrosa travesía llena de sufrimientos llegaron a las costas de un país desconocido. Entonces William Bradford, patriarca de la comunidad, pronunció fervorosas palabras de agradecimiento al Altísimo que los guió a su nuevo destino en América.

El jefe a bordo de la expedición, el capitán Miles Standish, comenzó a cantar el salmo 37. “Los justos heredarán la tierra y vivirán para siempre sobre ella. La boca del justo habla sabiduría y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán”. Horas más tarde se reunieron en una cabaña, donde Bradford leyó el “acta constitucional” preparada para el establecimiento formal de la comunidad que ellos, los colonos del Mayflower, deseaban formar.

Ese documento lleva por fecha “21 de noviembre Anno Domini 1620”. Un mes más debió capotear el Mayflower delante de la costa nevada hasta que su capitán encontró el lugar adecuado para el desembarco. El 21 de diciembre, los abnegados viajeros pisaron con carácter definitivo la tierra de América. En medio de súplicas y faenas, desde entonces se entregaron a la acariciada ejecución del gran anhelo al que se sabían llamados por la Divina Providencia: una nueva tierra prometida para crear un piadoso país de justicia y libertad.

Un destino para la honra y gloria del Señor. Y como sus inmigrantes, a pesar de serlo, se consideraban fieles hijos de Inglaterra, su amada madre patria, llamaron al territorio a donde llegaron Nueva Inglaterra que por más de siglo y medio fue una fiel colonia de la Vieja Inglaterra. Sin saberlo, habían llegado a constituir el núcleo matriz de una gran nación para el mundo civilizado. El más grande fruto de la Reforma protestante del siglo XVI: la creación de los Estados Unidos de América.

*Teólogo, historiador, profesor de Sagradas Escrituras e historia del cristianismo.

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