Relato de una familia colombiana que vivió el huracán Irma en Orlando, Florida

Más de seis millones de personas salieron del estado en busca de refugio. Otros, entre esos una familia colombiana compuesta por cuatro integrantes y una mascota, optó por quedarse en su hogar.

Foto de referencia. AFP

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos consideró al huracán Irma como extremadamente peligroso y los meteorólogos habían previsto que tocaría Florida. El miedo invadió a muchos habitantes. Más de seis millones de personas salieron del estado en busca de refugio. Otros, entre esos una familia colombiana compuesta por cuatro integrantes y una mascota, optó por quedarse en su hogar ubicado en la ciudad de Orlando. (Lea: Huracán Irma dejó al menos 40 muertos tras su paso por el Caribe)

Revisar las noticias se convirtió en una obsesión. Lo importante era estar informados y saber cómo iba avanzando el poderoso ciclón, que en dos ocasiones alcanzó la categoría 5, la más alta de la escala Saffir-Simpson, para reaccionar a tiempo. Irma tomaba fuerza cada minuto e iba destruyendo todo a su paso. Los medios mundiales se invadieron de titulares sobre los daños que iba causando a su paso.

Vea: Los cinco huracanes más devastadores de los últimos 25 años

Las Antillas francesas del Caribe: San Bartolomé y San Martín, quedaron destruidas. La furia del fenómeno natural también se sintió en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Haití, en donde dejó muertos, inundaciones, casas y edificaciones colapsaron. El panorama no sonaba nada alentador. 

Rick Scott, gobernador de Florida, declaró el estado de emergencia. Uno de los mayores éxodos que ha vivido Estados Unidos. Adriana Pérez, de 33 años, y su esposo, Pedro Rojas, de 37 años, empezaron a prepararse para la llegada del ciclón. “Desde que dicen que viene un gran huracán y que ha sido el más fuerte y delicado. Ahí empieza la angustia”, cuenta Pérez.

Lo primero que debieron hacer fue “buscar alimentos para los días en que teníamos que estar en casa. Duramos cuatro días recorriendo la ciudad buscando enlatados y agua. Los alimentos subieron de precio y escasearon, en especial el agua”.

“Las personas que tenemos hijos somos los más angustiados porque uno se siente muy frágil. Un huracán es totalmente angustiante. Las noticias nunca fueron alentadoras”, agrega Pérez.

El toque de queda comenzó el domingo 10 de septiembre a las 6:00 p.m. y finalizó hasta el lunes a las 6:00 p.m. Sin embargo, ellos se encerraron desde el jueves por temor y porque la escuela de Isabela, de 16 años, y Martín Rojas, de 10 años, paró sus actividades. El ambiente se sentía distinto.

Por esos días, oscurecía más rápido, el cielo típico de Orlando se tornó gris y opaco. Incluso, los parques temáticos de Disney y Universal también frenaron sus intensas jornadas. La ciudad más turística de Estados Unidos quedó paralizada.

Los reportes afirmaron que Irma pasaría la madrugada del lunes 11 de septiembre. Exactamente a las dos de la mañana. Desde la noche del domingo todo ocurrió como en una película de terror: se fue la luz, las ráfagas de viento se sentían como alaridos horribles, las ramas empezaron a volar y se golpeaban con la ventana.

Sin luz, juntos y abrazados hablaron y oraron durante toda la noche para mitigar el sueño, la angustia y el miedo. “Sentía impotencia de estar con mis hijos y no poderlos proteger ante la furia de la naturaleza. Fue la noche más larga de toda mi vida”, cuenta con la voz entrecortada pero agradecida la mujer.

En la mañana del lunes el sol empezó a salir, pero la ciudad aún no se ha normalizado. Más de seis millones de personas siguen sin electricidad. Isabel y Martín aún no han retomado las clases. Sin embargo, toda la familia se encuentra bien. “Eso fue un milagro porque a Orlando venía con categoría 4, pero bajó a 1”. 

Irma causó la muerte de 60 personas. Alcanzó vientos huracanados de 300 kilómetros por hora. Duró 15 días, desde el 30 de agosto cuando se formó en las islas de Cabo Verde, Afríca hasta el 13 de septiembre cuando se transformó en tormenta tropical en su paso por los estados de Georgia y Carolina del Sur.