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El Mundo 16 Jun 2013 - 9:00 pm

Rusia y Reino Unido superan diferencias respecto a Siria

Por qué apoyar a los rebeldes sirios

La Casa Blanca aseguró que Estados Unidos proporcionará ayuda militar a las fuerzas que luchan contra el régimen de Bashar al Asad, pero no va a “precipitarse” a entrar en guerra en Siria, como ocurrió en el caso de Irak en 2003.

Por: Víctor de Currea-Lugo
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Rebeldes sirios durante una toma del pueblo Maaret al Numan, al sur del país. / AFP

Lo ideal es que no hubiera guerra en Siria, pero la realidad es otra y desde ésta es que la comunidad internacional tiene que posicionarse. Más de 100.000 muertos, cientos de miles de refugiados y decenas de pueblos destruidos así lo demandan.

Hoy la paz no es una alternativa probable, no la consiguieron la Liga Árabe, ni Naciones Unidas. No hay posibilidades reales de un diálogo entre las partes, ni de un consenso del Consejo de Seguridad sobre cómo responder con buenos oficios. Ahora es tarde, pero no tarde del todo. Queda la opción militar.

Siria ya está en guerra desde hace dos años, sobre el terreno ya hay tropas iraníes, combatientes del Hizbolá libanés, internacionalistas de muchos lados en el lado rebelde, financiamiento de muchos países y servicios de inteligencia de muchos más.

Viendo las agendas que hay, las ofertas de futuro y las legitimidades cruzadas, la opción más decente son los rebeldes del Ejército Libre Sirio y de los Comités Locales, que no se deben confundir con grupos pro Al Qaeda como Al Nusra.

Ahora Estados Unidos decide armar a los rebeldes, por fuera del sistema de Naciones Unidas. Armar es una cosa, apoyar integralmente es otra. La experiencia de Afganistán en los años ochenta, como la de Somalia en la década pasada, demuestran que suministrar armas es necesario pero no suficiente.

Las acciones militares contra el régimen de Siria, que se ha cerrado a cualquier salida negociada, son más que legítimas, tanto por las banderas de la mayoría de rebeldes como por coherencia con la doctrina de la “responsabilidad de proteger” de la comunidad internacional.

Pero para que la acción militar internacional en Siria sea eficaz y justa, debería ser conducida con una agenda precisa, un tipo específico de tareas militares (diezmar la capacidad militar siria, especialmente la aérea, sería sin duda un apoyo real), respeto por la agenda local, obediencia absoluta al DIH y una fecha de retirada que deje a los sirios decidir su futuro. Esto diferencia a Libia de Afganistán, la OTAN de la ONU.

Del lado rebelde, necesitado de recursos, toda ayuda es bienvenida, sin que por ello vendan el alma al diablo. No es un momento de posiciones puristas sino de pragmatismo militar en una guerra de supervivencia. Siendo realista, prefiero Libia a Afganistán.

El pueblo sirio no cree ya en la comunidad internacional y mucho menos en Estados Unidos, tanto por razones históricas como por sus recientes posturas políticas. La única manera de ser solidario es insistir en la institucionalidad internacional, así como en la obligación moral y jurídica de actuar ante prácticas genocidas y crímenes de guerra. Las declaraciones no bastan, pues, como decía Hobbes, los pactos sin el respaldo de la fuerza son sólo palabras.

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