EE.UU. se mira al espejo

Por primera vez, el elector blanco no fue definitivo a la hora de elegir al inquilino de la Casa Blanca.

Ilustración: Andrés Sánchez Duarte
Ilustración: Andrés Sánchez Duarte

De lejos, pareciera que Jody Robinson estuviera pidiendo algunas monedas en nombre de Dios, sosteniendo un libro titulado Fe sobre su rodilla. Robinson está sentado justo en medio del puente de la calle Dearborn, pleno centro de la ciudad, y por debajo corre el río Chicago lentamente.

No es un pastor. Tiene el libro afuera porque no tiene espacio en las dos maletas que carga, que son todo su patrimonio, y en efecto pide dinero, pero lo hace a nombre propio. Hace días que perdió su puesto en la bodega en la que trabajaba por un malentendido con su jefe. Hoy, Jody, de 42 años, está aquí porque ya son casi las 4:00 de la tarde, y como todos estos días llega a las 3:00 y se va a las 8:00 con 15 o 20 dólares en el bolsillo que le da la gente. Así será hasta que consiga un nuevo trabajo: “No sé cuánto tiempo me vaya a tomar. Tú sabes, soy negro”.

Jody Robinson está feliz de que Barack Obama haya ganado nuevamente la presidencia y dice que si él hoy no tiene trabajo no es por culpa del presidente sino de lo “jodidos que estábamos desde antes”. Y se desahoga: “Además, si no conoces a nadie en Chicago, no eres nada. Si no eres blanco, Bob o Jane, y usas tus pantalones ajustados, lo más probable es que no te contraten. A menos que seas hispano; a ellos sí, porque tienen fama de trabajar duro”. Él también trabaja duro, pero pide monedas porque necesita comer y pagar una cama lejos de acá, y sobre todo porque debe pagar los tiquetes del metro en la mañana siguiente, cuando recorrerá la ciudad buscando puestos y llenando solicitudes. Esa es su rutina.

Robinson no se rinde, conversa atentamente y se protege del frío con una pañoleta negra. En este punto de la conversación, él y sus quejas ya podrían resumir la situación del país, justo ahora que las elecciones acaban de terminar: la gente necesita trabajos, algunos negros creen que todavía existe la discriminación de los blancos, algunos latinos ganan fama de buenos empleados, a la par que otros estadounidenses creen que les están robando los trabajos que deberían pertenecerles. En todo caso, Barack Obama fue reelegido y justamente ellos, las minorías, fueron fundamentales para la elección, con cerca del 20% de los votos totales.

La contundente victoria del presidente dejó en el aire la sospecha de que el apoyo del que gozaba el republicano Mitt Romney no era tan fuerte como en su momento se creía. A los demócratas les correspondió la fiesta y a los republicanos la resaca. “Si algo debieron aprender después de la derrota es que de ahora en adelante deben preocuparse mucho más de los latinos, los afroamericanos e incluso los asiáticos. Creo que ese será el próximo debate interno que tendrán que tener”, comenta ahora el profesor Noah Kaplan desde uno de los salones de la Universidad de Illinois, donde da clases de política y comportamiento electoral, a unos 15 minutos en taxi de donde Robinson pide monedas.

Las posturas recias del ala más fanática del Partido Republicano, influenciada por el ultraconservador Tea Party, no surtieron efecto en las mayorías y sí generaron animadversión en ciertos sectores. Hace apenas unas semanas, la agencia Associated Press publicaba una encuesta en la que revelaba que el 51% de los estadounidenses se expresaba explícitamente en contra de la población negra, tres puntos más que hace cuatro años. Ese mismo sondeo dejó ver también que la mayoría tiene reservas hacia los latinos. Después de todo, puede que Robinson tenga razón y los números también hablan del otro lado: las encuestas a boca de urna de la firma Edison Research revelaron que Obama ganó sólo con el 39% del apoyo de los votantes blancos y el 44% de los votantes mayores de 65 años.

En cambio, María, hija de padres mexicanos, vende donas en un puesto y si pudiera conseguir un trabajo mejor se iría de allí. Ambos son latinos, pero la diferencia fundamental es que María tiene papeles porque nació acá, aunque para llegar a un buen puesto siente la misma limitación que Jody Robinson denuncia en el puente de la calle Dearborn.

De vuelta en el puente, Robinson asegura que no tiene nada en contra de los latinos —él los llama “mexicans”— aunque implícitamente asume que la mayoría de ellos están ilegalmente en el país: “¿Cómo no van a tener fama de trabajar duro? Si yo tengo que venir aquí desde un país más pobre a mantenerme, no hay más opción, o tendría que devolverme. Lo injusto es que ellos no pagan impuestos, como yo”. Se molestaría si alguien le dijera que está hablando como un republicano, pero seguramente ha visto las noticias y sabe cuál era uno de los problemas que los conservadores señalaban a lo largo de la campaña.

Puede ser que las divisiones y las posturas fuertes del algunos estadounidenses vayan más allá del proceso electoral. Quizá sea la crisis a la que se han enfrentado en los últimos años la que los ha llevado a mirarse detalladamente a sí mismos como país y a intentar encontrar culpables. Un blanco tradicionalista, seguidor de Mitt Romney, podría pensar que el país nunca estuvo tan mal hasta que un afroamericano llegó a la presidencia y un afroamericano apuntaría a decir que todo se debe a los gobiernos blancos anteriores. Es posible que la crisis económica haya radicalizado ciertas posiciones: cuando el barco comienza a hundirse los tripulantes buscan perder peso arrojando al mar lo que menos necesitan. Eso puede estar pasando acá. Tal vez cuando la situación vaya mejor importe menos de dónde se venga.

El profesor Kaplan es consciente de eso. Pensar en que en el próximo año del gobierno Obama se van a tratar temas como la migración, por ejemplo, no sería realista: “Ahora toda la política va a estar enfocada en la disminución del déficit y la creación de empleos. Los republicanos tendrán que flexibilizarse un poco si no quieren caer al abismo y será a sus líderes legislativos, Mitch McConnell en el Senado y John Boehner en Cámara, a quienes les corresponda mostrarle a la gente hacia dónde quiere que vaya el partido”. Ojalá que cuando todo esto ocurra, Jody Robinson haya conseguido un trabajo.