Tres lecturas del fallo

La CIJ creó un nuevo orden limítrofe en el Caribe al retirar la soberanía del país en una extensa porción del mar Caribe. Análisis.

 El canciller de Nicaragua, Samuel Santos (izq.), y Julio Londoño, jefe negociador del equipo colombiano en La Haya.  / EFE
El canciller de Nicaragua, Samuel Santos (izq.), y Julio Londoño, jefe negociador del equipo colombiano en La Haya. / EFE

Once años fue el término para ser resuelto el diferendo limítrofe entre Colombia y Nicaragua, por cuenta del archipiélago de San Andrés y Providencia. La Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) falló al respecto con un resultado que a primera vista no parece ser muy ventajoso para Colombia. El tribunal reconoció la soberanía del país en siete cayos (Albuquerque, Este Sudeste, Roncador, Serrana, Quitasueño, Serranilla y Bajo Nuevo), pero redujo casi a la tercera parte las aguas que estaban en disputa y sobre las que Colombia tenía derecho anteriormente.

Además de lo anterior, la decisión de la Corte enclavó los cayos de Quitasueño y Serrana en medio de un área marítima que ahora le pertenece al país centroamericano, suprimió las fronteras marítimas que Colombia compartía con Honduras y Costa Rica, y redujo la compartida con Panamá.

Nicaragua se declaró complacida con la decisión tomada por la Corte Internacional de Justicia, sin embargo, Colombia no estuvo de acuerdo. Antes de partir hacia San Andrés, en donde pasó la noche, el presidente Santos se declaró en desacuerdo con algunos de los puntos de la sentencia. ”La Corte, al trazar la línea de delimitación marítima, cometió errores graves que debo resaltar y que nos afectan negativamente”, dijo el mandatario al anunciar que hoy se reunirá con las autoridades locales para evaluar los alcances del fallo. “No estamos de acuerdo con que la Corte se haya salido del ámbito cobijado por el tratado Esguerra-Bárcenas, que ella misma había declarado válido y vigente”, explicó el mandatario. Y agregó: “Colombia —representada por su jefe de Estado— rechaza enfáticamente ese aspecto del fallo. No vamos a descartar ningún recurso o mecanismo que nos conceda el derecho internacional para defender nuestros derechos”.

La complejidad del fallo, concuerdan analistas, obliga a tomar varios días de estudio para entender cabalmente sus implicaciones. El Espectador contactó a tres expertos para que compartieran su percepción sobre esta sentencia, que significará un nuevo orden territorial para el país y una nueva forma de relacionarse con las naciones que tienen derechos soberanos en el mar Caribe.

La defensa estaba bien estructurada

“Si pusiéramos el fallo en términos de ganadores y perdedores, se podría decir que ganó Nicaragua, porque no ejercía soberanía en ningún centímetro cúbico de ese mar que ahora le corresponde. Pierde Colombia a pesar de que sus argumentos estuvieran bien estructurados a nivel jurídico y pierde la comunidad del país, por ejemplo los pescadores, que se beneficiaban de la riqueza de estas aguas. Jurídicamente ya no queda nada por hacer, sólo obedecer, pero a nivel político es posible que los dos países comiencen negociaciones de carácter diplomático para definir algunos puntos comunes. El caso de Quitasueño y Serrana habrá que analizarse debido a que ahora están en medio de aguas territoriales nicaragüenses, siendo territorio colombiano. Es posible que las embarcaciones que allí se dirijan desde el país evoquen el derecho al paso inocente, estipulado en el Derecho del mar, no obstante a la hora de la pesca no se podrá ir más allá de las 12 millas náuticas en las que la Corte los enmarcó. Es extraño que la Corte negara la participación de Honduras y Costa Rica en el proceso, pues ahora ya no comparten límites con Colombia”.
Carlos Enrique Molano, profesor de la Universidad de la Sabana y
presidente de la Academia Colombiana de Derecho Internacional.

No es una derrota

El fallo tiene dos aristas: en primer lugar, por fin hay una frontera definida y eso hace que el tema ya no sea usado, sobre todo por Nicaragua, con fines electorales y políticos, y que la relación con Colombia se estabilice. Sobre los cayos de Quitasueño y Serrana, enclavados en mar nicaragüense, se pueden ver dos escenarios: el primero, que crezca la tensión, que sería un suicidio para los dos países, y segundo, que los estados abandonen sus posturas demagógicas y se vean obligados a negociar.
Colombia pierde porque cede mar territorial, aunque aún no se sabe exactamente cuánto; sin embargo, le ratifican la soberanía sobre siete cayos, algo que no es menor. Habiendo un límite definido, hay más referentes para que cada Estado se comprometa a respetar la soberanía del otro. Ahora tendrían que negociar un régimen de explotación común en las zonas enclavadas o firmar un memorando de buenas intenciones o una especie de acuerdo que facilite la explotación allí.
Mauricio Jaramillo,
analista U. del Rosario.

‘El fallo tumba todos los límites en el Caribe’

El primer punto y la primera gran conclusión fue que por 15 votos a favor y cero en contra el archipiélago es colombiano. En el segundo era la pretensión de Nicaragua de llevar la plataforma continental casi hasta Cartagena. La Corte dice que era admisible la solicitud, aunque no la concede. El tercer y cuarto puntos son muy preocupantes: establece que la plataforma y zona económica exclusiva se va a manejar por una línea media, paralela al meridiano 82, que después de Quitasueño se mete un poco al oriente. Esto hace que quedemos con menos mar arriba, un poco menos al occidente y también perdemos al sur. Por eso nos queda un corredor que encapsula las islas principales. Al redefinir, el fallo tumba todos los límites en el Caribe. Colombia tendría que renegociar varios tratados con otros países.
Eric Tremolada, profesor e investigador en Derecho Internacional de la U. Externado de Colombia.