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El Mundo 28 Feb 2013 - 10:00 pm

Resultados de las elecciones en un país en crisis

El comediante de la política italiana

Beppe Grillo y su partido obtuvieron 54 sillas en el Senado y una buena porción de la Cámara. Su papel puede ser crucial para un nuevo gobierno.

Por: Lucía Magi / Especial de El País
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Beppe Grillo, líder del Movimiento 5 Estrellas: agua, movilidad sostenible, desarrollo, conectividad y medioambiente / EFE

Cómo nacer cómico, volverse bloguero y luego, casi de mala gana, llegar a ser el hombre que revuelve las cartas de la política italiana. Giuseppe Grillo, más conocido como Beppe, nace en Génova, una bella ciudad marinera del noroeste, en 1948. Descubre su talento para arrancar risas a la gente casi por casualidad, después de estudiar contabilidad, durante un casting en el que improvisa un monólogo.

Ese es el principio de una carrera que lo lleva a patearse los teatros y los coliseos de todo el país y, sobre todo, a entrar en casa de los italianos a través de la televisión. Siempre pareció alérgico a las pautas consolidadas por los años, inventándose un estilo muy suyo: se agita en el escenario, gimotea, grita y luego baja la voz como confesándose, baja y se mezcla entre el público, involucra a los espectadores, les hace preguntas y les toma el pelo.

A partir de 1979 participa en lo que representa todo un hito del entretenimiento televisado, Fantastico, en la RAI 1. En los siguientes programas sale del estudio e improvisa entrevistas en la calle. En esta especie de neorrealismo televisivo se vuelve cada vez más mordaz, y su sátira pasa de tener como blanco los pequeños vicios y defectos de la gente a criticar a la política y a los poderosos. Siempre luciendo la misma convicción indignada, que detrás de cada risa deja un regusto de enfado. Con ese mismo estilo irrumpió en la política.

El principio de esa aventura fue el 8 de septiembre de 2007. El Vaffanculo Day, “La jornada del ‘Vete a la mierda’”. Fue la primera vez que llenó las plazas de varias ciudades, no para un espectáculo de sátira, sino con un objetivo abiertamente político: recoger firmas para presentar una ley por iniciativa popular que expulsara de las listas a los candidatos con problemas pendientes con la justicia. Grillo había convocado a la cita en su blog.

De pronto, todo el mundo se da cuenta de que algo está pasando: de castigador enfadado y solitario, que lanza dardos envenenados en la red, Grillo pasa a ser un fenómeno mediático y político. Aquel día se pone en marcha una maquinaria que coge fuerzas y cobra vida en las redes sociales.

Llegan las primeras satisfacciones electorales, a nivel local. El movimiento encuentra a sus enemigos en los partidos tradicionales, encerrados en los palacios y poco conscientes de los problemas reales, nada presentes entre la gente, muy preocupados por mantener privilegios y sueldos desorbitados. Por el contrario, los pilares del Movimiento 5 Estrellas son la participación de las bases, democrática y de fácil acceso gracias a la red; la condena de la corrupción y de los despilfarros; el rechazo del reembolso al cual tienen derecho por ley todas las listas que se presentan a las urnas, según su peso electoral.

En todo lo demás, el programa es un poco nebuloso: un referéndum para salir del euro, la oposición al voto de las personas de origen extranjero, una línea económica que se ceba del populismo y algunas frases machistas pronunciadas por el excómico.

Sin embargo, el ataque al corazón de un sistema político teóricamente regenerado a principios de los noventa —pero distinto sólo en la fachada— tras la investigación anticorrupción de Manos Limpias, ha dado en el blanco. Mientras se abren investigaciones por cohecho, sobornos y corrupción en las administraciones de todos los colores, Grillo se forra de votos (en octubre el M5S fue el partido más votado en Sicilia, un bastión Berlusconiano). Mientras los líderes conducen la campaña electoral en televisión y teatros, Grillo llena las plazas de aplausos, risas y entusiasmo. El M5S se prepara para su ingreso triunfal en el Parlamento y dado la ausencia de consenso para establecer un gobierno entre el líder de centroizquierda, Pier Luigi Bersani, y la centroderecha de Silvio Berlusconi, Grillo y su sarcasmo sostienen de que es el momento para que su partido gobierne a Italia.

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