Al lugar donde todo comenzó

En el barrio 23 de Enero, bastión chavista en Caracas, esperan la llegada del cuerpo del presidente Hugo Chávez, quien fue despedido por 54 líderes mundiales en una conmovedora ceremonia que duró casi tres horas.

El presidente encargado, Nicolás Maduro, le entregó la espada de Bolívar a la familia del presidente Hugo Chávez, tras jurarle lealdad hasta la muerte.
El presidente encargado, Nicolás Maduro, le entregó la espada de Bolívar a la familia del presidente Hugo Chávez, tras jurarle lealdad hasta la muerte.

El coronel Hugo Chávez llegó desde Maracay a Caracas hacia las 4:00 de la mañana del 4 de febrero de 1992. Entró al barrio 23 de Enero, emblema del socialismo en la capital venezolana, con todo un batallón de paracaidistas. Subió la loma hasta la plaza adyacente al Cuartel de la Montaña —que fue Ministerio de Defensa durante la Cuarta República, luego se convirtió en Museo Militar y ahora es el Museo de la Revolución donde permanecerá embalsamado el exmandatario–, desde allí echó un vistazo al Palacio de Miraflores, que queda a unos 500 metros. Luego entró al cuartel y empezó a dirigir una sublevación que pretendía terminar con el gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

Andrés Aguilar, un gigante de barbas blancas y 73 años, que fue guerrillero desde la década de los 60, recuerda los hechos sentado en un centro cultural del 23 de Enero, mientras observa la transmisión del funeral de Estado de su comandante, cuyo féretro aparece rodeado por dirigentes políticos de más de 50 países. “A mí me dijeron la noche anterior, es decir, el 3 de febrero, que iba a ir como retaguardia a la toma del aeropuerto militar de La Carlota, aquí en Caracas. El 4 por la mañana llegamos como 60 guerrilleros allá temprano y capturamos a los altos mandos de la Fuerza Aérea. Lo gracioso era que el encargado de nuestra misión, Joel Acosta Chirinos, había llegado con el comandante desde Maracay, pero andaba perdido por Caracas. Mientras tanto, otros compañeros se tomaban la Avenida Sucre, las bombas de gasolina, algunos edificios ubicados estratégicamente, La Paguita (una plaza a 100 metros de Miraflores)”.

En las primeras horas la sublevación parecía destinada al triunfo. En otros estados del país habían sido tomadas las bases militares. “Pero —dice Aguilar— la falta de experiencia hizo que la revuelta fracasara o que Chávez triunfara en su plan de fracasar. Las comunicaciones desde donde estaba el comandante no funcionaron, así que quedó aislado en el cuartel, perdió la coordinación con otros puntos estratégicos. El apoyo civil fue mínimo. Carlos Díaz Reyes era el piloto del tanque que irrumpió en Miraflores, él tuvo que romper las rejas con el vehículo porque no había munición”.

Hacia las 11:30 de la mañana los muertos en las calles de Caracas ya eran demasiados, la toma total de Miraflores parecía imposible, el presidente Pérez había logrado escapar, así que Chávez optó por rendirse y transformar su derrota en un triunfo. Un general del ejército amigo suyo se encargó de que lo recogieran en el cuartel para llevarlo preso. El Gobierno quiso mostrar a Chávez por la televisión nacional para que los venezolanos vieran cómo se desmoronaba el joven coronel, pero lo que hizo Chávez en esa alocución de dos minutos, con ese magnetismo que lo caracterizó, fue asumir la responsabilidad de los hechos, estremecer a las masas, ganarse al pueblo y augurar que vendrían “momentos históricos”.

Luis Isturi es otro miembro del Comando Carabobo, conocido como Chaca, quien estuvo en la sublevación en la Avenida Sucre el 4 de febrero, habla de la falta de organización para la rebelión: “Nosotros salimos del 23 de Enero a luchar sin armas. Ni sabía que iba a suceder algo ese día, me levanté con el ruido de los disparos. Abajo había un bus repleto de fusiles que estaban destinados a los militantes de la revolución, pero no sabíamos, así que no los tomamos. Con ese armamento hubiéramos entrado a Miraflores y la historia… bueno, la historia al final sería la misma”.

Chaca recuerda que fue tanto el impacto emocional que causó en la población el breve discurso del derrotado comandante, que cuando se celebraron los carnavales días después, casi todo el mundo salió disfrazado de Chávez. “Recuerdo a los niños disfrazados de militar, con boina roja. Así el comandante —que para entonces ya estaba preso en el cuartel San Carlos antes de ser trasladado a Yare— se convertía en un símbolo del pueblo. Luego, cuando fue elegido presidente e inició está revolución, veía desde su despacho en Miraflores el Cuartel de la Montaña. Él pidió que lo llevaran allí después de su muerte y eso es lo que vamos a hacer”.

Desde la madrugada del 5 de febrero, cuenta Isturi, el barrio 23 de Enero fue atacado repetidas veces por las fuerzas del régimen. “Se vino un año muy fuerte, muchos dirigentes políticos huyeron. Hubo allanamientos, torturas, muertos, mucha represión, si nos ponemos a contar los mártires se nos van tres días, a todos los edificios llegaron ráfagas de ametralladora, pero el 23 de Enero resistió y se convirtió en un emblema de la revolución. El cuartel donde se había refugiado Chávez, ahora al lado de la Comuna Socialista Simón Bolívar y el Colectivo Primer Paso, quedó cerrado y sólo entraban allí los militares”. Este es el barrio donde venía Chávez a votar y donde se celebran todas las fechas conmemorativas de la revolución. Tiene más de 80 mil habitantes, de los cuales la gran mayoría juran lealtad al fallecido mandatario.

Ahora que el comandante volverá al Cuartel, pero embalsamado, Isturi y sus camaradas preparan la logística para la llegada del cuerpo, piensan hacer una cadena humana de un kilómetro, de civiles y militares, para dar la bienvenida a las “más de un millón de personas que llegarán a presenciar el acto”. El Cuartel permanece custodiado por militares que impiden a la prensa tomar fotos. Miles de curiosos vienen al lugar donde Chávez dio el primer paso de su revolución. “Para el próximo miércoles o jueves estará aquí Chávez —asegura Isturi— para acabar en el mismo lugar donde comenzó”.

Y mientras en el Cuartel se preparaba todo para la llegada del líder fallecido, el presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, prometía al comandante “lealtad más allá de la muerte” en un apasionado discurso que cerró su funeral de Estado en la Academia Militar de Caracas. “Aquí está usted con sus hombres de pie, todos sus hombres y mujeres, leales como lo juramos ante usted, leales hasta más allá de la muerte”, dijo Maduro, de traje negro y un brazalete con la bandera de Venezuela, ante el féretro cerrado con los restos de Chávez.

Familiares, miembros de su gobierno y líderes y representantes de 54 países del mundo rodeaban el féretro durante la ceremonia, que culminó con el discurso de media hora de duración de Maduro, que en ocasiones llegó a emocionarse hasta los gritos: “Fue el líder más vilipendiado, más injuriado y más atacado de los últimos 200 años en Venezuela. Su escudo de pureza (...) de hijo de verdadero de Cristo lo salvó de la injuria, de la infamia, y aquí está invicto, puro, transparente, único, verdadero, vivo para siempre!”, gritó Maduro con la voz rota. No fue la única escena de sincero dolor. Horas antes su familia, el alto mando militar y presidentes como Evo Morales, de Bolivia, y Pepe Mujica, de Uruguay, no lograron contener las lágrimas. Mujica se acercó al ataúd y rompió en llanto, que contagió a Morales.

Mahmoud Ahmadineyad, de Irán, visiblemente conmovido también se aferró al féretro para luego decir: “No es una persona física, sino un sendero, Chávez es un plan para salvar a la humanidad”. Jefes de Estado y de Gobierno, así como el príncipe Felipe de Borbón, se turnaron para flanquear el féretro del presidente. La primera guardia de honor la integraron los presidentes de Cuba, Raúl Castro; Chile, Sebastián Piñera; Costa Rica, Laura Chinchilla; Bolivia, Evo Morales; Nicaragua, Daniel Ortega, y Ecuador, Rafael Correa.

La segunda por los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos; República Dominicana, Danilo Medina; El Salvador, Mauricio Funes; Guatemala, Otto Fernando Pérez, y Honduras, Porfirio Lobo. Posteriormente lo hicieron Portia Miller Simpson, primera ministra de Jamaica, y los mandatarios Enrique Peña Nieto, de México; Ricardo Martinelli, de Panamá; Ollanta Humala, de Perú; José Mujica, de Uruguay, así como el príncipe Felipe de Borbón, de España. La cuarta guardia la integraron Aleksandr Lukashenko, presidente de Bielorrusia, y Ahmadineyad.

Dice Aguilar que Chávez muerto es más peligroso que vivo, “eso lo demuestran estas exequias que han hecho de Caracas por un día la capital del mundo”. El presidente interino, Nicolás Maduro, mostró la espada de Simón Bolívar como parte de los actos luctuosos y Aguilar vuelve a hablar: “¿Sí ve? Es que en Venezuela han pasado sólo dos cosas importantes: la liberación en 1821 y la revolución de Chávez, por eso es que en el futuro al comandante lo llevamos como sea al Panteón”.

¿Pero la revolución de Chávez sigue? “Eso ni se pregunta en este barrio —responde Chaca—. La revolución no sólo sigue, sino que entra en una fase de profundización. En el 23 de Enero todos vamos a votar por Maduro, porque es la orden que dio el comandante”.