Miercoles 19 de Jun de 2013

El Mundo |9 Mar 2013 - 9:00 pm

El significado de la muerte del caudillo

Chávez: una revolución democrática

Estemos de acuerdo o no con el socialismo del siglo XXI, el fallecido presidente de Venezuela se hizo un lugar en la historia política del continente.

Por: William Ospina
  • 522Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-409274-chavez-una-revolucion-democratica
    http://tinyurl.com/bfckoto
  • 0
  • 522
Miles de venezolanos lloran la muerte del presidente Chávez.
Foto: AFP
Miles de venezolanos lloran la muerte del presidente Chávez.

La diferencia más visible que puede señalarse entre Hugo Chávez y su admirado Simón Bolívar es esta: que Chávez no tuvo que hacer la guerra para triunfar.

Eso es también lo que diferencia a Chávez de Fidel Castro y del Che Guevara: detrás de esas leyendas hay una historia de guerras y de sangre, y Chávez pudo por suerte asumir el desafío de emprender la transformación de la sociedad, como lo reclamaban hasta los poderosos de todo el continente, recurriendo sólo a los instrumentos de la democracia.

Su única derrota, la del golpe militar que intentó en 1992 contra Carlos Andrés Pérez, se convirtió al final en otra victoria, porque lo salvó de haber llegado al poder, en su impaciencia, por la vía traumática de una ruptura violenta de la institucionalidad. Cuánto no habrá agradecido después que su acceso al poder no hubiera estado manchado por la violencia, sino que hubiera tenido la legitimidad de una elección indiscutible. Aunque sus compañeros habían logrado su objetivo en las provincias, cuando vio que no había podido tomarse el poder central, él mismo dio la orden a todos sus amigos de rendir las armas y les dijo que asumiría toda la responsabilidad del levantamiento.

Fue entonces cuando dejó flotando sobre la sociedad ese “por ahora”, que parecía una confesión de derrota, pero que pronto se convirtió en una promesa. El pueblo venezolano lo eligió una y otra vez, para desesperación de sus opositores, que nunca entendieron que la única manera de enfrentarse a un líder histórico de la importancia de Hugo Chávez, pasaba por hacer un reconocimiento a la verdad y a la justicia de su causa.

Un país riquísimo, cuya riqueza principal pertenece al Estado, es decir, a la comunidad, había visto con asombro cómo unas élites petroleras arrogantes e insensibles se paseaban por el mundo como jeques saudíes mientras el pueblo venezolano se hundía en la pobreza y en el desamparo. Nadie puede negar que esas élites fueron las que educaron al país en la lógica precaria de los subsidios y las que nunca hicieron esfuerzos serios por “sembrar el petróleo”, por convertir la riqueza petrolera en una economía diversa que estimulara el trabajo social y la iniciativa de la comunidad. Después le reclamarían a Chávez no haber hecho plenamente en diez años esa siembra y esa diversificación que ellos no intentaron en 50.

Durante décadas y décadas la pobreza creció en Venezuela, y a diferencia de Bogotá o de Buenos Aires, donde es posible mantener la dilatada pobreza oculta a los ojos de los visitantes, Caracas vio surgir en sus cerros las barriadas de los desposeídos, las rancherías que contrastaban con la innegable opulencia petrolera.

Ya en 1989, la pobreza de las muchedumbres se había convertido en desesperación y Chávez cosechó lo que los poderes venezolanos habían sembrado: la indignación del pueblo, la inconformidad, el ahogado espíritu de rebelión al que él le supo dar finalmente su lenguaje y su rumbo.

Ahora se quejan de la supuesta falta de modales de este líder seductor e impulsivo, un hombre de origen humilde que no simulaba aristocracia, que decía lo que sentía como le gusta al pueblo que se diga: con un lenguaje llano y directo, desafiante y a veces peligrosamente sincero. Yo dudo que haya habido en Latinoamérica un político más surgido de la entraña del pueblo, más parecido a las hondas sabidurías, las malicias, las travesuras y las valentías del alma popular.

Una de las muchas cosas que demostró es que se podía hablar de los grandes asuntos de la economía y de la política en un lenguaje sencillo. Se ha vuelto costumbre entre nosotros que los jóvenes egresados de Harvard y de Oxford que manejan los asuntos públicos utilicen para hablar de economía una jerga de iniciados que hace sentir a todos los demás incapaces de acceder a los arcanos de esa ciencia imposible. Es un evidente mecanismo de exclusión, algo para alejar a los profanos; por eso, de las manos de esos ministros eruditos brotan a menudo los colapsos financieros, los “corralitos” que hunden a países enteros en la ruina, y la tolerancia de robos descarados como los de DMG en Colombia, que estafaron a cientos de miles de personas sin que ningún perfumado experto viniera a explicarle al pueblo y a las clases medias que estaban cayendo, con el beneplácito del poder, en las redes de unos asaltantes cínicos.

La economía, de la que depende el bienestar de millones y millones de personas, no puede ser una ciencia abstrusa e inextricable, y esa farsa descarada es apenas un mecanismo para mantener a los pueblos lejos de la posibilidad de entender los procesos y de juzgar los resultados.

Con unas cuantas alianzas internacionales, y una reducción de la oferta, Chávez logró que los precios del petróleo alcanzaran cifras asombrosas y tuvo de repente en sus manos unos recursos incalculables para echar a andar su proyecto. El primer reclamo que se hizo a su política fue que hubiera dedicado recursos del petróleo a ayudar a los países vecinos y a conseguir aliados en el mundo. Pero a comienzos de los años 70 un ilustre antecesor de Hugo Chávez, Salvador Allende, intentó también transformar su sociedad sin recurrir a la violencia, confiando en el respeto a las instituciones que proclamaba y exigía el gobierno norteamericano y que juraban con firmeza los ejércitos y los potentados. Cuando vieron que Allende intentaba transformaciones reales, el famoso respeto por la institucionalidad que predicaban el imperio y sus adláteres se fue al piso, y una conspiración criminal acabó con Allende, con sus sueños y con la fe en la democracia de toda una generación. Las guerrillas arreciaron por todas partes, el ejemplo de Pinochet fue seguido por militares de varios países, y una noche de sables y de crímenes, que todavía tiene sentados en los estrados a esos viejos generales genocidas, fue el precio que Latinoamérica pagó por la interrupción del proceso democrático chileno.

De todos los procesos políticos y culturales que necesitaba vivir América Latina, ninguno es más importante que la incorporación de los pueblos a la leyenda nacional. La deformación colonial, prolongada por una tradición de castas señoriales que borró a los pueblos indígenas, sus lenguas, sus memorias y sus mitologías; que después de liberar a los esclavos no se esforzó por construir un proyecto de integración social, de educación, de salud y de incorporación a un relato de los orígenes; y que postró a los pobres en la inermidad y la exclusión, exigía en todas partes una gran reforma que devolviera a los pueblos el protagonismo, liberando su iniciativa histórica.

Esa fue la tarea que parcialmente cumplieron la Reforma de Benito Juárez y la Revolución de Villa y de Zapata en México, los gobiernos de Roca e Irigoyen y el movimiento peronista en Argentina, el movimiento de Eloy Alfaro en Ecuador y la rebelión de los mineros de Bolivia en 1952. También la lograron los primeros tiempos de la Revolución cubana, antes de que el bloqueo norteamericano forzara al Estado a imponer restricciones de guerra. Darle su lugar al pueblo en la historia es algo que sólo se logra con respeto verdadero, con oportunidades, con valores, con cohesión social, y fortaleciendo la dignidad de quienes, si no se les permite ser ciudadanos plenos, tienen que terminar convirtiéndose en parias o en verdugos.

Cuánto habría ganado Colombia si le hubiera permitido llegar al poder hace 65 años a Jorge Eliécer Gaitán. Los 300 mil muertos de la violencia de los años 50, y los 500 mil muertos del resto del siglo, atribuibles por igual a las guerras, la violencia, la pobreza y el desamparo social, la delincuencia, la proliferación de las guerrillas y la industria del secuestro, el crecimiento de las mafias, el desmonte de la estructura institucional, la pérdida de sentido patriótico de las élites empresariales y la creciente corrupción política, el paramilitarismo, la juventud arrojada a las guerras de supervivencia, y la caída de muchos militares en la tentación del crimen y la riqueza fácil, todas esas cosas se habrían conjurado con la incorporación del pueblo a la leyenda nacional, que era el sentido profundo del proyecto gaitanista, con la restauración moral que reclamaba su oratoria enfática y pacífica. De todo eso posiblemente salvará el pacifismo chavista a Venezuela, y hasta los que lo odian se lo agradecerán algún día: de vivir en un país como Colombia, donde las carreteras llegaron a convertirse por momentos en caminos sin retorno, y donde en los meses de enero y febrero de 2013 ya llevamos contados más de mil desaparecidos.

Chávez creyó en la democracia. Entendió que no iba a recurrir a las armas, pero que su proceso no se abriría camino si caía en la ilusión de ser, en tiempos imparables de globalización, una aventura encerrada en las fronteras de su país. Se inspiraba en Bolívar, quien nunca aceptó esa idea estrecha de unos paisitos incomunicados, y siempre predicó el ideal de la solidaridad y la construcción de una patria continental.

Los magnates de cada país saben ejercer su derecho a la universalidad, el derecho absoluto de cruzar las fronteras con sus capitales, pero miran con recelo la solidaridad de los pueblos. Las fronteras están cerradas para todo el que no forme parte del mercado financiero. Chávez conocía suficiente geografía e historia para tener una idea de geopolítica más amplia y audaz que la de los gobiernos sujetos sólo a las órdenes del gran capital. Fortalecer a la América Latina era su única forma legítima y eficaz de fortalecer a Venezuela, y en esa medida no hacía más que aceptar las reglas de juego de la globalización, que tanto nos predican como un deber inexorable mientras no pretendamos beneficiarnos de ellas.

A la sombra de Chávez, que tenía más poder de forcejeo en el escenario internacional, y menos obligación de respetar el protocolo, varios procesos democráticos se abrieron camino en América Latina. Viendo la irreverencia de Chávez, a la vez estudiada y espontánea, resultó menos discutible la lucha de Evo Morales y los indígenas bolivianos, y parecían de seda los gobiernos populares de Lula da Silva y de Rafael Correa, de Néstor y Cristina Kirchner y de Pepe Mujica. Chávez apostaba las cartas mayores, y estaba listo para respaldar a los gobiernos amenazados y a los procesos en peligro.

Coincidió el gobierno de Chávez con el momento de mayor desprestigio del poderío mundial de los Estados Unidos, el momento de mayor caída de su liderazgo democrático y moral en el planeta. Los atentados terroristas de Al Qaeda cambiaron el orden de prioridades del imperio; después de décadas de imposición de políticas imperiales en América Latina, incluida la criminal Escuela de las Américas, que educó en la violación de los derechos humanos a una generación de militares en el continente, los gobiernos norteamericanos abandonaron su interés por la América Latina, se lanzaron en Asia a grandes invasiones militares, a una equivocada lucha contra el terror mediante la estrategia del terror, y se hundieron en la barbarie.

Chávez entendió la importancia de ese momento histórico: América Latina, perdida la tutela del hermano arrogante, podía ingresar de verdad en la era de la globalización y abrirse al mundo. Otras potencias se fortalecían, el dragón chino había despertado, Rusia recuperaba su fuerza. Y si Estados Unidos, Francia, Italia, Inglaterra y España recibían alborozados a Muamar Gadafi y lo dejaban plantar tiendas en sus países, por qué habrían de reprocharle a Chávez que se acercara al gobernante de un país petrolero con quien tenía intereses comunes. Chávez al menos no tuvo la indignidad de abrazar a Gadafi ante las cámaras y bombardearlo cuando se apagaban los reflectores, como lo hicieron los gobiernos de Francia y de Inglaterra. No fue ofendido por él, lo despidió como a un amigo, y no entró a saco en esa Libia en ruinas, como Cameron y Sarkozy, a reclamar el botín del socio abandonado.

Sabía que si a un nuevo Kissinger, o a una envanecida Condoleezza Rice, se le ocurriera aconsejar la invasión de su territorio, la respuesta no sería sólo del pueblo venezolano, sino de Ecuador y Brasil, de Cuba y Nicaragua, de los países antillanos y Bolivia, de Uruguay, Paraguay y Argentina, pero muy posiblemente también de China y Rusia, y de mucha gente que lo respetaba en todo el mundo. Haber garantizado la independencia de su país le permitió hablar con firmeza, de igual a igual, en el escenario mundial.

El estilo de Chávez merece muchos comentarios. Hay una anécdota que sin duda ha de ser apócrifa, pero que a pesar de todo describe muy bien el espíritu de este luchador a la vez pintoresco y profundo, arrebatado y travieso, desafiante y desconcertante. Se decía que una vez, en una de tantas cumbres de gobernantes, esas cumbres de las que él mismo dijo, con un epigrama inolvidable, que “los gobiernos van de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo”, Chávez se encontró con la reina Isabel de Inglaterra y corrió a darle un abrazo. La anécdota añade que los guardias de la reina se interpusieron enseguida, informándole a Chávez que el protocolo inglés no permitía que nadie abrazara a la reina, y que Chávez contestó con una sonrisa: “Sí, pero el protocolo venezolano exige que abracemos a nuestros amigos”. La anécdota, como digo, ha de ser apócrifa, pero el hecho que ilustra es profundo. Lo que quiere decir, en una sociedad hondamente marcada por la supremacía de las metrópolis y por la etiqueta de las potencias, es que en nuestro tiempo un rey y un presidente son poderes exactamente iguales, que el protocolo inglés no puede ser más respetable que el venezolano.

En esa fábula imaginaria está más profundamente expresada que en ninguna otra parte la verdadera importancia de un hombre como Hugo Chávez para la historia latinoamericana: en un continente acostumbrado a sentirse subalterno, a ser un invitado de segunda en el banquete de las naciones, un hombre les recordó a todos que había pasado el tiempo de la supremacía y de las supersticiones de superioridad; que si había llegado el tiempo de la democracia y de la República es porque había llegado el tiempo de los pueblos, y que en el mundo moderno, como lo quiere todo el arte contemporáneo, como lo anuncian la literatura y la pintura desde los tiempos de Shakespeare y de Velázquez, un rey y un campesino tienen la misma dignidad metafísica y estética, un hijo de los llanos de Barinas y una hija de los castillos de Windsor tienen la misma dignidad y el mismo valor, y si son aceptados por sus pueblos como representantes y voceros, no pueden presumir de ningún tipo de jerarquía.

Por fuera de la anécdota, eso fue lo que hizo Chávez a lo largo de todo su gobierno, y a lo mejor a lo largo de toda su vida, y con ello no les dio una lección sólo a los gobiernos de América Latina, sino a cada uno de los ciudadanos de este continente. Como lo había enseñado Bolívar y lo olvidaron sus sucesores, ya estamos en igualdad de condiciones con todos los ciudadanos del mundo, pasó la edad de las diademas, una banda presidencial y una corona son el mismo símbolo, salvo por la diferencia metafísica de que la corona representa el poder de la tradición y la banda el poder del presente: a la corona la sostienen millones de fantasmas y a la banda la tejen millones de voluntades vivientes.

Pero qué gran país es Venezuela; qué alto sentido de respeto por los conciudadanos el de un país que aun en medio de las más borrascosas diferencias de opinión no se hunde en la violencia sectaria y en el baño de sangre que ha caracterizado cíclicamente a algunos de sus vecinos. Venezuela vive hace quince años, no en la polarización, como afirman algunos, sino en la apasionada politización que caracteriza los momentos de grandes transformaciones históricas. Chávez y sus hombres aceptaron llamar revolución al proceso emprendido, pero hay que conceder que el siglo XX dejó la palabra revolución, por generosa, legítima o inevitable que fuera, cargada de bombas y de sangre, de horrores civiles y tragedias imborrables, y en cambio la revolución de Chávez ha consistido en unas decisiones económicas y en unas movilizaciones políticas: no en fusilamientos, ni proscripciones, ni censuras.

Es esto tal vez lo que le da al proceso liderado por Hugo Chávez su magnitud histórica: nadie puede ignorar la importancia de lo que ocurre, nadie puede ignorar la enormidad de los problemas urgentes que ha enfrentado, la enormidad de las soluciones que ha intentado, y sin embargo se ha cumplido en un clima de paz, de respeto por la vida, en el marco de unas instituciones, y atendiendo a altos principios de humanidad y de dignidad.

Los opositores, que son muchos, lo negarán, como es su derecho, y la prensa de oposición en Venezuela, que es casi toda, afirmará que estos tres lustros han sido de persecución y de censura, como lo han dicho a los siete vientos con todos los recursos de la comunicación moderna en estos trece años. Pero los opositores no pueden negar la generosidad de propósitos de este proceso, así como el chavismo no puede negar la civilidad de sus adversarios, en un continente donde ha habido contrarrevoluciones más feroces y sanguinarias que las revoluciones a las que combatían.

Los millones de personas que lloran con el corazón afligido la muerte de su líder, la dimensión planetaria de esta muerte y la enormidad popular de este funeral confirman que estamos ante un hecho histórico de grandes dimensiones. La verdad se conoce: Venezuela es uno de los pocos países del mundo que se han permitido el lujo inesperado de emprender una transformación histórica con el menor costo posible de confrontación y de arbitrariedad.

Finalmente, Chávez bien podría haberle hecho un favor inmenso a la democracia, Chávez podría ser, en América Latina y a comienzos del siglo XXI, el hombre que refutó la teoría de que la violencia es el motor de la historia. Muchos habrán querido forzarlo a la violencia, muchos soñarán aún con intentarlo, pero cuando ya creíamos que era verdad que el Estado existe sólo para garantizar privilegios y para mantener lo establecido, alguien ha venido a demostrarnos que la democracia puede ser un instrumento de transformaciones reales, que abran horizontes de justicia para las sociedades.

Hugo Chávez, con su mirada sonriente de llanero y su sonrisa profunda de hombre del pueblo, bien podría haber hecho algo mucho más profundo y perdurable que inventar el socialismo del siglo XXI: es posible que haya inventado la democracia del siglo XXI.

 

William Ospina* Escritor, ensayista y columnista de El Espectador.

Por: William Ospina
  • Imprimir
  • Enviar
  • 522
522

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

kirios

Lun, 04/08/2013 - 17:56
Este articulo está plagado de inconsistencias y falacias y más parece un apologia que un análisis.Esto hace muchso daño a la opinión porque no ayuda a entender sino a alabar a un caso de autoritarismo que nos retrotrae al populismo mas barato que ha habido después del peronismo.
Opinión por:

THE TRULY

Lun, 04/08/2013 - 14:24
Todos los personajes como Chavez han tenido apologistas seguramente gratuitos, como el señor William Ospina; quien, de manera delirante, alaba la generosidad de chávez; cuyos resultados fueron, que regalando los recursos de venezuela, inclusive a otros países,dejó en quiebra a uno de los países más ricos del mundo; y que se sepa Chavez no tuvo la "generosidad" de regalar ninguno de sus bienes. Ojalá el señor Ospina, fiel a la generosidad que admira en Chavez, reparta sus bienes a los mas pobres, para que así contribuya a desarrollar la democracia del siglo XXI.
Opinión por:

arocam

Dom, 04/07/2013 - 14:51
La 'perla' del artículo es decir que en Venezuela "no existe polarización", pero el título se lo peleaban: "una transformación histórica con el menor costo posible de confrontación y arbitrariedad", "que haya inventado la democracia del siglo XXI" y "a la sombra de Chávez se abrieron camino varios procesos democráticos (sic)".
Opinión por:

paracaido

Vie, 04/05/2013 - 21:51
Lo mas doloroso para la oligarquia colombovenezolana es que Chavez los derrotó y se fue invicto eternamente, invicto.
Opinión por:

marotin

Dom, 04/07/2013 - 00:00
Invicto???? Muriose el tirano no resucitose
Opinión por:

marotin

Sab, 04/06/2013 - 23:58
Acaso no se murio y lo peorno pudo decir ni mu"
Opinión por:

alvesil

Sab, 03/16/2013 - 09:45
Es increíble señores que una ideología quiera seguir aplastando a un pueblo que sufre. Sólo los áulicos boliburgueses viven como reyes. Vivan en la empobrecida Venezuela de ahora para que puedan opinar.
Opinión por:

jhonfredyss

Jue, 03/14/2013 - 17:53
Este texto de William Ospina nos muestra la radiografía de un gran hombre en pocas palabras. Es difícil decir algo valioso después de leer un artículo tan contundente. Una vez más gracias maestro por sus palabras.
Opinión por:

EDIFAC

Mar, 03/12/2013 - 20:10
¿Democrática?
Opinión por:

Héctor J. Pedraza P.

Mar, 03/12/2013 - 11:38
Una pieza magistral cuya divulgación merece llegar a todas las poblaciones y los rincones habitados de América y el mundo. Una pieza literaria de singular valor por la síntesis de la memoria histórica y política de América Latina, "nuestra América" tan visionariamente imaginada por Simón Bolívar y más elaboradamente construída por José Martí en Cuba como espacios creadores para forjar la vida democrática de las naciones en la época contemporánea a ellos y a las generaciones a que ellos en buen momento se anticiparon con sus fecundos testimonios de luchadores y de pensadores libertarios. Mi mejor agradecimiento a Usted, William Ospina, y por supuesto, a ELESPECTADOR.COM es el servir de promotor entusiasta de la lectura de su estupenda columna: "Chávez, una revolución democrática".
Opinión por:

Jose Garcia

Lun, 03/11/2013 - 18:07
Muchas cosas que dice el artículo son ciertas pero los colombianos no podemos olvidar que apoyó a las far quienes sembraron el país de minas rompe-piernas y les dió refugio en Venezuela cuando les tocó salir corriendo. Otro día dijo" señor ministro me envía 10 batallones a la frontera con Colombia de inmediato, batallón de tanques y la aviación militar que se despliegue". No nos invadió porque sabía que si lo hacía mas adelante la aviación de EE.UU. y nuestro ejercito lo haría retroceder como le pasó a Hussein en Kuwait.
Opinión por:

LAVAPATAS

Lun, 03/11/2013 - 11:39
Chávez quizo hacer extensionismo de su revolución bolivariana por países que actualmente no tienen vocación democrática, caso Cuba, Nicaragua, Rusia, entre otros, entregándoles millonarios subsidios y petróleo, a costa de quién? de los venezolanos pobres. Antes que ayudar a sostener dictaduras como Cuba, primero atienda las necesidades básicas insatisfechas de los venecos, cuya mayor parte de la población pasa más hambre que aquí en Colombia. Tampoco estoy de acuerdo que refugiara en ese país a los jefes de la guerrilla colombiana. No comparto que Maduro utilice políticamente el cadáver de Chávez para campaña electoral, como nunca compartiré que el Tribunal Supremo de Venezuela viole la Constitución, dándole viabilidad a Maduro para que sea Presidente que aspire, estando impedido por Ley
Opinión por:

chococruz

Lun, 03/11/2013 - 08:43
Es increible el nivel de odio que respiran tantos derechistas a ultranza con todo lo que huela a socialísmo o izquierdísmo, si solo ubiesen leido el otro artículo escrito por el escritor venezolano Oscar Marcano, antichavista, se darian cuenta que al final de cuentas Ospina no se remite a las cifras que en manos de economistas y de políticos contradictores dan lugar a muchos matices de como se interpretan las cosas. Los dos escritores cada cual a su estilo y con sus creencias lo que muestran es una realidad incuestionable, en Venezuela el socialísmo esta en el poder democraticamente, la inclusión social es evidente pues como dice Marcano "el principal mérito de Chavez fue devolver la voz a las mayorias execradas por una élite negada a todo horizonte colectivo", que más logro que este.
Opinión por:

Panzuto

Lun, 03/11/2013 - 03:03
Excelente análisis y muy ajustado a la realidad. Falto recordar la importancia de Chavez en el proceso de paz colombiano, como lo reconoce Juan Manuel Santos. Así Maduro y el chavismo pierdan las próximas elecciones, Venezuela seguirá adelante con la mayoría de reformas y obras de Chavez, porque de lo contrario caería en la violencia fraticida,
Opinión por:

GOIN

Dom, 03/10/2013 - 20:36
TOTALMENTE DE ACUERDO CON USTED SENOR PUYANA,EL VENEZOLANO DE A PIE,NO SOLO LOS ACADEMICOS,CONOCEN LA CONSTITUCION DE SU PAIS, A DIFERENCIA DEL NUESTRO A QUIEN JAMAS SE LE MOTIVA PARA CONOCERLA Y MENOS AUN PARA DEFENDERLA.LASTIMA ME PRODUCEN LOS FORISTAS DEFENSORES DEL NEOLIBERALISMO,AUNQUE ELLOS NO LO SEPAN,QUE LE TIRAN PIEDRAS AL INTERESANTE Y HUMANO PROCESO BOLIVARIANO MIENTRAS CALLAN ANTE LA TERRIBLE REALIDAD NUESTRA DONDE TENEMOS MAS DE 200 ANOS BAJO LA LLAMADA DEMOCRACIA DE LA OLIGARQUIA LA REALIDAD NOS DA EN LA CARA,EN CADA ESQUINA,EN LOS CENTROS COMERCIALES,EN LAS BARRIADAS,EN TODO LUGAR Y SITIO ES INEVITABLE VER LAS NECESIDADES DE NUESTRO POBRE PUEBLO.DOLOROSAMENTE ALGUNOS COLOMBIANOS AUN NO DESPIERTAN,ESTAN IDIOTIZADOS POR LA OLIGARQUIA.FELICITO AL MAESTRO OSPINA BUEN ARTICULO.
Opinión por:

bienpensada

Dom, 03/10/2013 - 20:30
Me parece muy curioso que alguien insulte a otro porque no piensa igual. ¿Se imaginan a Heráclito, cuando no está de acuerdo con Diógenes, diciéndole: bruto, bestia, mamón, pobre ignorante, brutín, burro, idiota, imbécil, estúpido, etc? Señores, estamos 20 siglos atrasados. Esto no es un cuadrilátero, esto es un foro de escritores y lectores para pensar, reflexionar, contradecir, disentir. El 90% de los artículos de todos los periódicos es contra Chávez.. Todas las grandes cadenas de radio y televisión colombianas son contra Chávez.. Ocho años estuvieron Uribe y Gurisatti hablando todos los días contra Chávez. ¿Por qué, pues, les molesta tanto unas reflexiones a favor de Chávez?
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 19:41
HOY MIENTRAS EL FORO A FAVOR Y EN CONTRA DE LA DEMOCRACIA VENEZOLANA, EN 6O CIUDADES DE ESPAÑA EN MULTITUDINARIAS MARCHAS DE TRABAJADORES PROTESTAS CONTRA EL FMI. Luego sin Chávez el mundo continúa con mayor unión de los indignados contra los banqueros, Wall Street y el FMI, QUE REDUCE SALARIOS Y CLAVA MÁS IMPUESTOS AL PUEBLO. Otra bofetada del Movimiento Obrero Internacional en contra del 1% de los PARÁSITOS BANQUEROS QUE CON SUS COBIERNOS ADICTOS PERSISTEN EN EXPLOTAR SALVAJEMENTE MANO DE OBRA DE SALARIOS BARATOS Y DESEMPLEO. La causa de los deheredados de fortuna sigue su marcha contra unos gobiernos neoliberales cuya vigencia histórica ya expiró, y serán renuentes a dejar sus gobiernos dictatoriales hasta que trabajadores y la clase media los baje del poder Y SE INSTAURE OTRO MODELO.
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 18:57
Los que hoy critican la vía democrática señalada en la Constitución Venezolana NO TIENEN NI IDEA DE ESA CONSTITUCIÓN Y MENOS DE LA NUESTRA, QUE CON EL ART. 150 NUMERAL 16 SE ENTREGA COLOMBIA ENTERA A LOS ORGANISMOS INTERNACIONALES, Y CON EL ART. 333 ABRAZAMOS EL LIBRE COMERCIO Y LOS TLC DEL uribe y su uribe III. Nos llegaron las Multinacionales financieras a robarse nuestros valiosos recursos naturales y enfermermando a nuestros trabajadores sometidos a horarios infrahumanos y en las peores condiciones de salud. COMO NOS LO NOTIFICARA EL PROPIO NEOLIBERAL DE SALOMÓN KALMONOVITZ Y LA CONTRALORIA, DONDE LA EXPLOTACIÓN DEL NÍQUEL SE HACE EN CONDICIONES NO SANITARIAS QUE ESTÁN AFECTANDO A MILLARES DE TRABAJADORES.
Opinión por:

El chuzon

Dom, 03/10/2013 - 18:51
Hay, pero por fin descansamos de ese señor.
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 18:50
EL ART. 13 Y LOS QUE LE ANTECEDEN DE LA CONSTITUCIÓN VENEZOLANA, FORTALECEN LOS PRINCIPIOS DE LA SOBERANÍA NACIONAL, la que fuere entregadas por la hoy manguala de la unidad nacional, los mismos que ayer nos promulgaron esa Carta del 91, el intrumento más valioso PERO PARA LOS EEUU, Y EL CAPITAL FINANCIERO INTERNACIONAL QUE NOS SAQUEA NUESTROS RECURSOS. A lo ayudaron a conformar los terroristas del M19, donde el neoliberal de petro a cada nada dizque se autonombra como su defensor de tan abominable entrega de nuestra Soberania Nacional, ES POR ESO QUE TANTO LA CARTA DEL 91 Y EL PETRO SON NEOLIBERALES.
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 18:43
CON RESPETO PROFESOR WILLIAM OSPINA, le recomiendo que examine el art. 13 y los que anteceden y los compare con el art. 150 numeral 16, en armonía con el art. 333, entre otros, y SE CONCLUYE QUE NUESTROS PARTIDOS TRADICIONALES, hoy fragmentados para engañar, ENTREGARON DE MANERA CÍNICA Y SIN NINGUNA VERGUENZA NUESTRA SOBERANÍA NACIONAL A ORGANISMOS INTERNACIONALES, que no son otros que los nombrados en el TLC GRINGO, es decir, A LOS EEUU Y LAS DEMÁS NACIONES DE LA OTAN, las mismas que INVADIERON AFGANISTÁN, IRAK Y LIBIA. PARA TAMBIÉN ROBARLES LOS VALIOSOS RECURSOS NATURALES.
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 18:33
Corrección: PERDÍMOS FUE MÁS DE 70 MIL KM CUADRADOS, si se tiene en cuenta que a falta de ese art. 13 Carta Venezuela que prohibe ceder nuestra soberanía, HEMOS PÉRDIDO TAMBIÉN PRACTICAMENTE LA PARTE NORTE DE COLOMBIA, A MANOS DE MULTINACIONALES QUE EXPLOTAN EL NÍQUEL DE CERROMATOSO Y EL CARBÓN. Con lo del Níquel INCLUSO HASTA LA PROCURADURÍA Y LA CONTRALORÍA HAN ESTIMADO QUE LA PRORRÓGA DEL CONTRATO VIOLA NUESTRA CONSTITUCIÓN, perdimos los 63 MIL MILLONES QUE DEBE LA MULTINACIONAL, pues el nuevo contrato nada dice al respecto. EN ESO CONTRASTES SE REAFIRMA QUE LA CONSTITUCIÓN VENEZOLANA ES EL LEGADO MÁS IMPORTANTE QUE DEJA CHÁVEZ A VENEZUELA Y AL RESTO DE AMÉRICA LATINA, QUE SE REBELA CONTRA LOS EEUU Y SU BESTIAL SAQUEO DE NUESTROS RECURSOS.
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 18:18
SI COLOMBIA HUBIERA TENIDO EN SU CARTA DEL 91 ESE ART. 13 DE LA CARTA VENEZOLANA, JAMÁS HUBIERA PERDIDO LOS MÁS DE 7O KM cuadrados que nos robó la Haya, que reza así: 'El territorio nacional NO podrá ser jamás cedido, traspasado, arrendado, NI EN FORMA ALGUNA ENAJENADO, NI AUN TEMPORAL O PARCIALMENTE A ESTADOS EXTRANJEROS U OTROS SUJETOS DE DERECHO INTERNACIONAL'. Lo opuesto dice el art. 150, nral. 16, en el que la oligarquía liberal-conservadora se obliga en los tratados comerciales, TRANSFERIR PARCIALMENTE DETERMINADAS ATRIBUCIONES A ORGANISMOS INTERNACIONALES', y así se legaliza la entrega de nuestra soberanía en los TLC DEL uribe y su banda de congresistas hoy condenada por aliarse con narcoparamilitares. LUEGO LAS DIFERENCIAS SI SON SUSTANCIALES ENTRE LAS DOS CONSTITUCIONES.
Opinión por:

NYC

Dom, 03/10/2013 - 18:08
Este imbécil oculto en su columna que Venezuela esta empobrecida, que su industria se acabo. Plantas de generación eléctrica, refinerías, carreteras y todo el resto de la infraestructura que este idiota dice que el petroleo puede proveer se acabó, colapso, el campo abandonado, el desabastecimiento, la improductividad y la creación de una sociedad holgazán es la realidad de la Venezuela de hoy. Este pendejo de mierda habla de la corrupción de la Venezuela de antes, y oculta la descarada corrupción de la Venezuela de hoy; los boliburgueses con Diosdado Cabello a la cabeza. La represión al pueblo, representada en la juez Alfani.
Opinión por:

Ignatius Reilly

Dom, 03/10/2013 - 21:17
Lo ocultan pero sumercé sí lo ve, jajajajajajaja!!!!!
Opinión por:

NYC

Dom, 03/10/2013 - 19:16
LO QUE HAY QUE VER, NO LO VEN, LO OCULTAN GRANDISIMO IDIOTA!
Opinión por:

Ignatius Reilly

Dom, 03/10/2013 - 18:37
"Una empleada de servicio pasaba sus vacaciones en Margarita y Miami" (sic), jajajajajajaja!!!!! Y este imbécil se atreve a llamar imbécil al escritor. Lo que hay que ver...
Opinión por:

NYC

Dom, 03/10/2013 - 18:25
Subsidios. Este tarado mentiroso habla de subsidios anteriores al perezoso pueblo de Venezuela, pero olvida que ahora son regalos a cambio de votos. Olvida que antes Venezuela disfrutaba de prosperidad. Una empleada de servicio pasaba sus vacaciones en Margarita y Miami, miles de Colombianos, portugueses, italianos y latinos podian sostener a sus familias, y prosperar en ese país. Ahora el pueblo de Venezuela es más y más pobre, más oprimido, miserablemente reprimido. Bajo el lema del Socialismo del Siglo XXI Venezuela esta acabada. Su economía se hundió.
Opinión por:

a65554321

Dom, 03/10/2013 - 18:12
Quejas de vieja chismosa, argumentos =0...
Opinión por:

luispuyana

Dom, 03/10/2013 - 18:00
HOY HIZO BIEN LA TAREA PROFESOR WILLIAM OSPINA, de nuevo ingresó por la puerta grande a la política nacional, y me ratificó en todos mis comentarios, plenamente me identificó con usted que no es socialismo lo que se lleva a cabo en Venezuela, sino una etapa de transición con base al testimonio dejado por Chávez, que reitero no es otro que la propia Constitución, donde plantea una alianza entre los productores de la pequeña y mediana industria y los trabajadores para liquidar primero el latifundio. Una Constitución incluyente en donde están todos los que protestan contra esas políticas neoliberales que trató de imponer los gobiernos de EEUU con el ALCA, UN TRATADO DE LIBRE COMERCIO QUE EN SU INTENTO DE GLOBALIZARLO SUFRIÓ UNA ESTRUENDOSA DERROTA, y le tocó imponerlo por la vía de los TLC.

Publicidad
Publicidad
Suscripciones El Espectador

Edición impresa

Suscríbase
 
Círculo de experiencias

ACTIVE LA LLAVE DE SUS PRIVILEGIOS

Beneficios para suscriptores

CONÓZCALOS