La politización de una catástrofe

Las inundaciones de Buenos Aires y La Plata ponen en el escenario la futura disputa electoral en estos fuertes fortines políticos.

El Gobierno argentino decretó este miércoles tres días de duelo nacional por las víctimas fatales del desastre natural. / EFE
El Gobierno argentino decretó este miércoles tres días de duelo nacional por las víctimas fatales del desastre natural. / EFE

Para muchos fue extraño verla allí, con el rostro tenso, reflejo de la angustia y la impotencia del momento. Acompañada de pocos de sus ministros y rodeada por una multitud. Vecinos que le agradecían su presencia, vecinos que aprovechaban para insultarla, vecinos que gritaban "viva Cristina", vecinos que lanzaban críticas mordazes por su gestión como presidenta de Argentina. Alrededor, casas, calles y campos anegados, ocultos bajo las aguas que cobraron más de 50 muertes tras una torrencial lluvia el pasado martes.

Cristina Fernández de Kirchner nació en La Plata hace 60 años, y el miércoles pasado volvió a recorrer sus calles. Por primera vez en cinco años de mandato, hacía presencia en el lugar de una tragedia. No porque no hubiera existido oportunidad alguna (hace tan solo un año un accidente de trenes en la capital del país dejaba un número similar de muertos y centenas de heridos); ni por el hecho de que su madre viviera a escasas cuadras del lugar, como deslizaron algunas voces de la oposición.

Varios analistas políticos concuerdan en afirmar que es en la provincia de Buenos Aires donde el kirchnerismo se jugará su futuro político. Lo saben bien en Casa Rosada, desde donde salió el consejo que siguió la presidenta: debía hacer presencia en la zona si no quería que la sociedad le cobrara después su indiferencia. Cristina aterrizó en La Plata y logró calmar, aparentemente, las aguas.

El día anterior las inundaciones por lluvias habían afectado varios barrios de la capital del país, dejando también 8 muertos. Entonces, la única voz que se oyó del gobierno nacional fue la del ministro de planificación, Julio de Vido, criticando fuertemente al alcalde de la ciudad Mauricio Macri -opositor al gobierno- por la deficiente red pluvial de la ciudad y por estar de vacaciones en el momento de la tragedia.

Al día siguiente las inundaciones y muertes llegaban multiplicadas a La Plata, y el ministro era llamado al orden. "Esto es el reflejo de la disputa de poder entre provincia y Nación", señaló la diputada bonaerense Margarita Stolbizer, quien afirmó que el conflicto entre el gobierno nacional y algunos intendentes y gobernadores ha roto el diálogo necesario para la articulación de políticas comunes.

El periodista argentino Joaquín Morales Solá explica lo ocurrido como una "politización de la tragedia". "La lluvia no es peronista ni radical", decía la presidenta a los vecinos ofuscados. Fue el mismo mensaje que le pasó a sus ministros. Tras la tempestad, la presidenta pidió a sus funcionarios trabajar con sus pares tanto de la provincia como de Capital Federal para ayudar a los damnificados.

Argentina tendrá en octubre las próximas elecciones legislativas, que serán clave para el futuro del Kirchnerismo. Hace cuatro años, el ex presidente Kirchner era derrotado en la provincia de Buenos Aires, por el opositor Francisco De Narváez, y ahora el oficialismo quiere recuperar ese protagonismo. Los rumores políticos indican que un triunfo en dichos comicios daría por descontada la aprobación de una reforma que permita a la presidenta ser reelegida por segunda vez consecutiva.

Aún no es claro si Cristina Fernández desea ser candidata. Sí lo es que tanto Mauricio Macri, como Daniel Scioli -gobernador de la provincia de Buenos Aires- desean gobernar al país. Y es eso lo que en últimas, rompió el diálogo con el Gobierno Nacional. Cristina quiere recuperar Buenos Aires, y ahora comienza a dialogar.