Publicidad
El Mundo 24 Mayo 2008 - 12:39 am

Persecusión en Italia y endurecimiento de deportaciones en la Unión:

Europa contra los clandestinos

UE acordó cerrar filas para deportar a 8 millones de ilegales que actualmente viven en la confederación. El continente que sufrió tantas migraciones, hoy se blinda. Se prefiere la seguridad, a la integración social.

Por: Juan Camilo Maldonado Tovar
  • 14Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-europa-contra-los-clandestinos
    http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-europa-contra-los-clandestinos
  • 0
insertar
Foto: /AP

Dicen que es una psicosis colectiva. Y que bastó con que corriera la noticia de que en el suburbio de Ponticelli, al este de Nápoles, una gitana rumana había intentado raptar a un bebé, para que una turba de napolitanos encolerizados, arrasaran hasta las cenizas cinco asentamientos de la comunidad rom zíngara a las afueras de esta ciudad del sur de Italia. Les tomó sólo 48 horas, el 13 y el 14 de mayo.

Mientras los gitanos huían de sus perseguidores, sin rumbo, el gobierno italiano iniciaba una sistemática y organizada persecución, para capturar a supuestos criminales, en su mayoría extranjeros, que serían encerrados en cuestión de horas.

El 16 de mayo, 383 estaban en manos de la policía; 286 eran inmigrantes, y dos terceras partes serían deportadas durante las siguientes horas. Sin referirse a los incendios de la semana, el primer ministro Silvio Berlusconi se limitó a hacer el anuncio de las capturas y reafirmó su política de inmigración: penalización de la inmigración ilegal, cárcel a benefactores de clandestinos y aumento de penas para criminales indocumentados.

El jueves de la semana pasada, su anunció se convirtió en proyecto de ley. Mientras que, en Bruselas, los 27 embajadores de la Unión Europea aprobaban la “Directiva de retorno”, con las cuales buscaban unificar el trato de reclusión y deportación para los ocho millones de indocumentados actualmente en Europa. Leyes endurecidas, que entrarían a regir a mediados de este año, de ser aprobadas por el Parlamento Europeo, y que implicaría que dos terceras partes de los países europeos endurezcan considerablemente las normas de reclusión y deportación de esta población.

Blindar Europa

Mientras Berlusconi anunciaba sus normas y la Unión Europea aprobaba las “Directivas”, en Madrid, España, se anunciaba que Colombia y Paraguay abrirían el 8 de junio el ‘Mundialito de los inmigrantes’, un campeonato de fútbol que cumple cinco años. El campeonato, busca demostrar que Madrid es “un espacio de libertad donde la igualdad de oportunidades es para todos los madrileños, con independencia de dónde hayan nacido”, según declaró ese día la presidenta de la región de Madrid, Esperanza Aguirre.

Hasta hace muy poco, España era un ejemplo de asimilación “garantista” de inmigrantes ilegales. De hecho, a comienzos de 2005, un año después de subido al poder el Partido Socialista —José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza—, el gobierno regularizó cerca de 700 mil indocumentados con contratos de trabajo. La operación ya había sido realizada por el gobierno italiano que reemplazó en 2002 a Silvio Berlusconi, y que regularizó cerca de 680 mil indocumentados en el país durante ese año.


Las acciones de ambos gobiernos fueron en su momento criticadas con vehemencia por el entonces Ministro del Interior de Francia, Nicolas Sarkozy, quien afirmó que las regularizaciones de ilegales crearía un “efecto llamada”, que inundaría de inmigrantes Europa.

Meses después de estas declaraciones, el 27 de octubre de 2005, Bouna Traore, de 15 años, y Zyed Benna, de 17, dos adolescentes musulmanes de origen africano, murieron electrocutados en un transformador de energía cuando huían de la policía que los perseguía por un supuesto robo.

La muerte de los adolescentes encolerizó a las juventudes de barrios oprimidos parisienses, muchos de los cuales son literales guetos musulmanes. Sólo en el primer día, quinientos salieron a las calles en protesta. El Ministro Sarkozy negó la responsabilidad de la policía y llamó a las víctimas “escoria”.

La frase detonó a París. Fue Troya en los suburbios, y durante tres semanas, el caos se extendió por Francia: 8.700 vehículos quemados y 2.700 arrestos. Sólo un estado de sitio de tres meses logró sosegar a la fuerza la cólera de las minorías .

Desde entonces, el debate sobre la inmigración en Francia cobró nuevas dimensiones.

Sarkozy sostuvo una postura implacable contra la inmigración durante su campaña, y al ascender al poder, en mayo de 2007, se reunió en su primer día de mandato con Ángela Merkel, su homóloga alemana, con quien comparte la misma endurecida postura frente a los ilegales.

Con esta alianza establecida, más el apoyo italiano, las conversaciones que se llevaban a cabo en Bruselas para redactar la “Directiva de retorno” tomaron un viraje a la derecha que se consumó esta semana, con la aprobación de las nuevas medidas. Esto incluye a países “suaves”, como España, que accedieron finalmente al edurecimiento de las políticas.

Así, por ejemplo, si hasta este mes un inmigrante ilegal en España podía ser retenido hasta un máximo de 40 días, hoy podría ser recluido hasta 6 meses. Y, de no cooperar con las autoridades, podría pasar hasta 18 meses en un centro de detención. Sus hijos menores de edad también serían encerrados y de ser deportado, no podría regresar en cinco años a España y al resto de países de la UE. Adicionalmente, la legislación no garantiza la defensa de un abogado, sino que lo deja al libre albedrío de cada nación.


Entre polo y polo

En Europa, un sector, por lo general de intelectuales y partidos de izquierda, se opone a las “Directivas de retorno”. La semana pasada, en un foro en Madrid, el renombrado intelectual francés Alain Touraine afirmó que “si se mueven por el mundo la literatura, las imágenes, la gastronomía, también lo seguirán haciendo las masas de población”. Mientras que el juez español, Baltasar Garzón, refiriéndose a los sucesos italianos, afirmó que “los movimientos de xenofobia y racismo son muy peligrosos. La vía no es la de la confrontación o el cierre, sino la de la integración y la de políticas abiertas que deben desarrollarse tanto en Europa como en los países de origen”.

Critican, además, la manera transigente en que la UE, pese a rechazar la vilencia italiana contra los gitanos, no se manifestó contra las medidas criminalizates de Italia. “Lo que propone Berlusconi no le permitiría ni siquiera pedir el ingreso en la UE si fuera un país candidato”, afirmó en su blog de El País, en España, Lluís Bassets.

Sin embargo, menos contundentes son las posturas de la población; sobre todo en Italia. Una encuesta publicada en el diario La Repubblica reveló que el 70% de los italianos considera que el problema de los gitanos es prioritario y el 68% los rechaza. Con este elevado índice de hostilidad, no es sorprendente que mientras Silvio Berlusconi anunciaba una redada masiva contra los indocumentados, una masa de juiciosos ciudadanos destruyeran cinco de sus campamentos.

“Berlusconi está generando xenofobia en Italia gracias a una postura populista, en la que busca respuestas sencillas a preguntas complejas”, le dijo a El Espectador el analista Fredrik Söderbaum, de la Escuela de Estudios Globales, en Gotemburgo, Suecia, al referirse a la crisis contra los gitanos.

La xenofobia ha sido una preocupación histórica en el continente. De hecho, la UE cuenta con un instituto oficia: la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales (FRA), que se encarga de monitorear anualmente los crímenes racistas y xenófobos ocurridos en los países miembros.

Según su último reporte, la FRA afirma que el crimen racial ha sufrido un incremento sostenido en 9 de los 11 países monitoreados, incluidos Alemania y Francia. Del año 2000, hasta hoy, el incremento ha sido del 5% en Alemania y del 27% en Francia, países adalides de la no regulación.

En Italia, aunque se desconocen cifras, algunos observadores señalan que la retórica y políticas de Berlusconi, sumadas al miedo generado por los medios de comunicación frente a los inmigrantes gitanos, están incentivando una profunda violencia social contra esta y otras minorías, como la ocurrida en Nápoles la semana pasada.

Sin embargo, según el profesor Söderbaum, no en Europa no ocurriría el mismo fenómeno, ya que “en el resto del continente se conoce muy bien el equilibrio entre la estabilización de la migración y el neofacismo”.

Sin embargo, lo que sí seguirá ocurriendo es la masiva llegada de inmigrantes al viejo continente. Y ante eso, fue Alan Touraine en Madrid, esta semana, quien señaló un problema irresuelto al decir que “los países receptores de inmigrantes no tienen capacidad integradora ni capacidad de crecer en la creación de nuevos empleos”.

Al parecer, no hay por esto tanta preocupación. Tal vez porque, como concluyó el sociólogo, la emigración en Europa “sólo es vista como una catástrofe”.

Relacionados

inserte esta nota en su página
  • 0
  • 11
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

11
Opiniones

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio