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El Mundo 28 Feb 2013 - 10:00 pm

La sede vaticana está vacante

Así funciona el precónclave

El consultor pontificio y exembajador de Colombia ante la Santa Sede explica lo que ocurre desde hoy en el Vaticano para evitar el vacío de poder tras la salida de Benedicto XVI.

Por: Guillermo León Escobar
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El papa Benedicto XVI dejó el Vaticano a las 11:07 de la mañana. Llegó a Castel Gandolfo a las 11:26. / AFP

Desde anoche, 28 de febrero, la Iglesia Católica no tiene timonel. Jurídicamente Benedicto XVI ha muerto, pues anoche mismo el camarlengo, el decano del Colegio Cardenalicio y tres cardenales más asistieron a la destrucción del anillo del Pescador y a la ruptura del sello de plomo, lo que indica la “defunción”.

Con este acto de destrucción se declara la sede vacante. En la Santa Sede nadie manda. Desde la habitación del pontífice. Su oficina, así como todas las oficinas de carácter ministerial (dicasterios, consejos, comisiones, etc.), se sellan y sus antiguos titulares no pueden ingresar absolutamente a nada. En esta oportunidad, a diferencia del pasado, han tenido tiempo de organizar, de sacar sus cosas personales, porque se sabían “el momento y la hora” de la muerte jurídica y se sabe hasta cuándo es válido cualquier documento de Benedicto XVI. Aunque por lo común el inicio del pontificado ratifica por días, semanas o algunos meses los cargos que se venían desempeñando, es mejor estar prevenidos.

Es clara la orden: nadie manda en el interior de la Ciudad del Vaticano y la Santa Sede está desprovista de cualquier tipo de actuación interna y está claramente determinado que las funciones del papa mientras vivía no pueden ser asumidas por nadie, ni por un grupo. Las únicas prerrogativas de los cardenales se resumen en el derecho y el deber de elegir un papa que ha muerto físicamente, que ha renunciado libremente (muerte jurídica) o que padezca deficiencia psíquica, a la cual se asimilan la apostasía y la herejía.

Sin embargo, alguien tiene que organizar y prever lo necesario para la reunión del cónclave. Ese “alguien” es un plural que está previsto y será compuesto por el camarlengo, cardenal italiano Tarcisio Bertone, y tres cardenales electores: uno del orden de los diáconos, otro del orden de los presbíteros y el tercero del orden de los obispos, que son elegidos “por suerte” y deben ser reemplazados cada tercer día y actúan como “asistentes” del camarlengo (papa encargado). De la misma manera conservarán su gestión el cardenal vicario de Roma y el decano del Colegio de Cardenales.

Esta autoridad transitoria se conocerá con el nombre de “Congregación particular” y ha de resolver asuntos ordinarios de funcionamiento común, ya que si apareciera un asunto de máxima importancia y excepcional se requiere de la participación de todo el Colegio de Electores vigente, aunque en ella pueden participar los cardenales jubilados que no tienen derecho a voto ni en esa congregación llamada “general” ni en el cónclave, al cual no pueden asistir.

Hoy recobran importancia símbolos históricos de la Iglesia católica en el Vaticano. A la entrada de la Iglesia de San Juan en Laterano, a ambos lados aparecen los escudos de la Sede Vacante y escrito está que esa es la Iglesia Madre de Todas las Iglesias, porque es la del obispo de Roma, donde tradicionalmente se concluían los rituales de la instalación del Sumo Pontífice. Hasta el final del Siglo XIII fue la residencia pontificia y de allí salieron los papas al exilio francés.

También la torre que aparece en los cuadros del Giotto, la cual es sostenida por Francisco de Asís y que se encuentra en los frescos de la basílica superior franciscana de Asís. Ese escudo tallado en ambos lados de la entrada a la iglesia laterana tiene el “umbraculum” (la sombrilla, llamada también canopeo) y debajo de ella están las llaves de Pedro —la dorada y la plateada, indicando aquella el poder celestial y ésta el poder sobre la feligresía—.

Existe, sin embargo, otra interpretación surgida en tiempos de la modernidad, en la que una significaría el poder y la otra la ciencia. En fin, todo ello indica la expectación por un nuevo Pedro que coloque y sustituya el sombrío por su escudo propio como autoridad reinante. El escudo del papa anterior desaparecerá y todo lo que lo contenga hará camino hacia los museos. En la Basílica de San Pablo Extramuros deberá apagarse aquella luz que ilumina la figura de Benedicto y se harán a la tarea de elaborar el mosaico del nuevo pontífice.

Una de las enormes confusiones de los comentaristas de oportunidad, en especial de aquellos que apenas ingresan tras los telones de una institución, en donde todo está previsto y reglamentado al detalle, está vinculada con la figura del cardenal decano del Colegio Cardenalicio —en la actualidad Angelo Sodano—, el gran contradictor de Bertone y figura de innegable poder entre algunos de los cardenales que no fueron nombrados por Benedicto XVI, quien por la edad no puede asistir al cónclave y no puede dirigir las reuniones previas, pues está legítimamente impedido.

El mundo de los comunicadores y de los nuevos especialistas ha querido colocar la interesante situación de un Bertone (camarlengo) enfrentado a un Sodano (decano) en la preparación del cónclave. Ellos dos se encontraban cada quien en su cargo en la despedida al papa, agitando las manos, mirando al cielo —como los apóstoles en la trasfiguración— pero ayer a las 8:00 de la noche (hora italiana), destruidos los símbolos papales y declarada la vacancia, hablando en términos humanos, Sodano perdió todo influjo y quien preside el Colegio en todos los actos es el bresciano cardenal Giovanni Battista Re, quien fuera sustituto de su santidad en la época de Juan Pablo II y prefecto (ministro) de los obispos del mundo, además reconocido como uno de los adversarios más poderosos del cardenal Sodano.

A Re le corresponderá estar al lado del camarlengo Bertone y tendrá la gran tribuna de presidir la celebración litúrgica “pro eligendo Summo Pontefici”, de orientar y pronunciar la homilía y además presidir la procesión de ingreso a la Capilla Sixtina y recibir el juramento de los electores. Re es “Primus inter pares” y como tal preparará el orden del día para las discusiones.

Intelectualmente lo más importante de la sede vacante es la llamada “Congregación General”, que ha de celebrarse todos los días y deja de reunirse tan solo cuando se reúne el cónclave. Es aquí cuando tiene lugar el primer juramento en donde se promete no contar al público nada que pueda violar el secreto de lo que sucederá en el cónclave, ya que a ella pueden asistir los cardenales jubilados.

Como no hay difunto pontífice, y por tanto tampoco el ritual de las exequias ni el novenario de misas, sobrará tiempo y la reunión quedará orientada a distribuir las habitaciones de la “Casa de Santa Marta” por sorteo, ya que tan solo hay 105 de la categoría suite y 26 habitaciones individuales que ocuparán tan solo el día en que comiencen las votaciones y ordenar los trabajos que garanticen la incomunicación de los electores en especial en la Capilla Sixtina.

Luego se dispondrá la lectura de documentos que el pontífice anterior haya dejado para reflexión de los cardenales y es aquí donde debe centrarse la expectativa, puesto que un papa como Benedicto no dejará de decir sus verdades de una manera más clara ante quienes harán de uno de ellos su sucesor.

Y ciertamente vendrá una reflexión profunda sobre el mundo globalizado y hacia dónde marcha, así como sobre los problemas de la Iglesia, perspectiva en una forma de evaluación que casi siempre se encarga a un hombre de Iglesia que conozca bien el mundo y la Iglesia misma. Por lo común se titula “Qué Iglesia para qué mundo”. Esta ponencia es secreta, pero termina por descubrirse con una buena tarea de indagación que por lo común no se hace porque la intención de los medios se centrará en quien haya sido elegido. Para el cónclave anterior esta reflexión, como la que se hará en la Sixtina antes de las votaciones, estuvo realizada por el fraile Rainero Cantalamesa y el cardenal jubilado Tomás Spidlík.

Es posible que esa “Congregación General” dure una semana, ya que tiene otra finalidad: que los cardenales establezcan un mínimo conocimiento de sí mismos. Por lo común se forman grupos de interés que almuerzan juntos o cenan juntos sin la participación de los no electores ni de personas externas al cometido electoral. Se conoce que es aquí donde puede darse una serie de “arreglos orientadores” muy próximos a lo que se llama en el mundo civil la campaña electoral.

Todo se acortará en términos de tiempo, ya que la inmensa mayoría de los electores ya han sido convocados y desearán estar en la despedida personal de Benedicto, y además está el reloj que impone la celebración de la Semana Mayor que cerrará el simbolismo querido por Ratzinger de hacer el camino penitencial de la Cuaresma con toda la Iglesia —pueblo de Dios— y que se entregue a sí misma un papa renovado para el siglo XXI.

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